Harmadillo: El Abrazo.

"Tantos siglos de civilización y no aprendimos a abrazarnos". Amado Nervo.

El Custodio por la Paz

Creando una comunidad por la paz, su protagonista, el custodio, va afirmando los caminos que nos unan más.

Los disfraces del poder

Publicado el 31 de Octubre, 2006, 17:25. en El Custodio por la Paz.
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El conocimiento es fuente de poder. En las organizaciones este poder se vuelve evidente, cuando las personas utilizan aquello que saben para defender sus intereses, para legitimizar su posición, o para dominar a los demás.

Pero estas formas de usar el poder que da el conocimiento no son fáciles de identificar y mucho menos de combatir. Las personas ocultan su poder, poniéndole el disfraz de roles funcionales, como los que presentamos a continuación:

Líder: los líderes utilizan su conocimiento para dirigir a otras personas hacia un objetivo. Como -normalmente- este conocimiento no lo poseen sus seguidores, el líder puede analizar posibilidades que aquellos no consideran. Esto le permite aparecer -a los ojos del resto de la organización- como alguien visionario. Los líderes también influyen en la trasmisión de ese conocimiento: en el lenguaje, los símbolos, los temas de importancia, la atención de las personas, las opiniones, etc...

En ocasiones, esta influencia se convierte en una "dictadura del conocimiento": la persona poseedora del conocimiento concentra en ella todas las decisiones, e impide que se manifieste alguna visión diferente a la suya. Como un dictador político, desestima la voluntad general e impone la suya argumentando que -como sabe lo que otros no saben- "ve lo que otros no ven". Capitalizando la admiración de sus seguidores y la confianza en su "sapiencia", en lugar de dirigir, manipula. Esta conducta es muy común en aquellas organizaciones cuya estructura se divide en "pensadores" y "ejecutores": quienes poseen el conocimiento deciden y quienes no, ejecutan esas decisiones.

Experto: el experto posee una habilidad -o conocimiento- especial sobre un campo determinado. Por lo general, es una persona intuitiva que sabe muchas cosas a partir de su experiencia.

Dado que la experiencia es algo intangible, el experto muchas veces se ampara en el argumento "sé hacerlo... pero no puedo explicarlo", evitando así transferir sus conocimientos. Con el tiempo, crea en torno suyo un "aura" de misterio y secreto: como todos ven aquello que hace pero nadie sabe cómo lo logra, parece que obrara "milagros".

Además, su especialización le coloca en una posición de privilegio: cada vez que necesitan ayuda, las personas deben acudir al "único" capaz de resolver el problema. Así, el experto concentra la satisfacción de las necesidades de los demás y crea dependencia. Este suele ser el caso de personas con muchos años en una organización, que tienen una respuesta para todo y un consejo disponible para los más novatos. Estas personas prefieren ser "molestadas" ante un problema, que revelar la solución, formando a las nuevas generaciones.

Intermediario: es aquella persona que sabe quién necesita la información y para qué. Tiene una gran cantidad de contactos, es buena para cultivar relaciones y conoce las fuentes de información. Generalmente, su función es asegurarse de que aquellos que necesitan conocimiento, lo reciban en tiempo y forma. Un intermediario es muy útil en una organización, ya que vincula los recursos a las necesidades.

Pero es muy común que los intermediarios funcionen como "guardianes de la información", evitando el acceso a personas y a otros recursos. Así, orientan sus influencias políticamente para decidir quién ve qué, cuándo y cómo. Cuando esto ocurre, el intermediario se convierte en un obstructor: utiliza el poder que tiene sobre los canales, para bloquear el acceso a ellos. Este es el caso de los secretarios que actúan de "filtro" con sus jefes.

Pero no sólo tener conocimiento da poder. No tenerlo -y hacer evidente esta carencia- también es fuente de poder. Esto nos conduce a un último "disfraz":
Aprendiz: todo proceso de aprendizaje parte de un acuerdo entre un maestro y un alumno. El maestro se compromete a transmitir un conocimiento al alumno y éste a incorporarlo, durante un período de tiempo. Pero hay veces en que este tiempo se extiende inexorablemente, detrás de la consigna "aprendizaje continuo". Hay personas que están siempre más interesadas en la incorporación de conocimiento, que en su utilización. Están tan centradas en el aprendizaje, que nunca llegan a explotar el conocimiento adquirido y -como consecuencia- nunca crean un valor para la organización.

Amparadas en el rol de aprendices, muchas personas evitan comprometerse, tomar decisiones, o hacerse responsables de un proyecto. Su falta de preparación y de conocimientos les permite ganar un espacio de poder en la organización: obtienen protección y privilegios a la hora de evaluar el desempeño. Son las personas que siempre piden ayuda, adulan a las demás por lo que saben, o delegan las decisiones en otras. Detrás de su "humildad", hay una clara búsqueda de beneficio.
Toda organización necesita líderes, expertos, intermediarios y aprendices. Cada una de estas personas deberá utilizar su conocimiento para desempeñarse en su respectivo rol. Sin embargo, vimos que las personas suelen utilizar el poder que les confiere el conocimiento motivadas por otros intereses, que no responden al cumplimiento de su trabajo. Si bien estos intereses son particulares, perjudican al conjunto de la empresa.

Una organización tiene formas de desalentar esta utilización del poder del conocimiento, apoyando la colaboración en lugar de la competencia. Esto es posible porque el conocimiento es el menos "escaso" de los recursos: mientras más se da, más se reproduce. Por lo tanto, no deberíamos temer compartilo.

Esta visión "no-egoísta" puede hacernos cambiar el uso que hacemos del conocimiento. No se trata de quitarle poder (cosa imposible de hacer), sino de compartir su poder para proteger el interés colectivo y no el individual.

El significado del cambio

Publicado el 9 de Septiembre, 2006, 12:33. en El Custodio por la Paz.
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Hay quienes piensan que es necesario cambiar continuamente. Otros, creen que es mejor no hacerlo y otros más... sienten que es imposible cambiar! Sin duda, el cambio es un tema que preocupa a la mayoría de las personas y que no resulta fácil de resolver. Estamos frente a un problema filosófico, con el que la humanidad ha lidiado por más de dos milenios.

Hoy, muchos aseguran que estamos en una era de "cambio constante", en la que aquello que funcionó en el pasado ya no funciona. Esta visión del cambio continuo tiene sus orígenes en el pensamiento de Heráclito, quien vivió cinco siglos antes de la era cristiana. Con su famosa frase "No podemos bañarnos dos veces en el mismo río" quiso expresar que todo cambia, que todo fluye y que nada permanece estático. Las cosas están siempre en proceso y que el cambio, es la esencia de la realidad.

Cuando consideramos los avances tecnológicos, el permanente ascenso y caída de empresas, la redefinición de los mercados, el proceso natural de la vida misma, etc… no podemos menos que coincidir con este filósofo. Sin embargo, la visión de Heráclito fue desafiada por otros tres pensadores griegos: Parménides, Platón y Aristóteles. Revisar estos contra-argumentos nos permitirá considerar otros aspectos del cambio.

La visión más opuesta a la de Heráclito, fue la de Parménides. Para él, el cambio era simplemente una ilusión. Si fuera una realidad, entonces hasta hablar sinceramente sería imposible: apenas comentáramos algo, eso ya sería otra cosa y estaríamos mintiendo, argumentaba. Según Parménides, el cambio es una contradicción lógica, porque requiere que aquello que es se convierta en algo que no es. Para él, todo lo que "es" está en reposo: la realidad es duradera, única e inmóvil.

En opinión de Parménides, aceptar el cambio constante como una realidad impide liderar hacia un objetivo. Si el cambio fuera constante, sería imposible tener una misión. Para el momento en que las metas, prioridades y medidas de desempeño fueran definidas, el objetivo cambiaría y éstas perderían sentido. En este escenario, la experiencia y el aprendizaje (herramientas esenciales para el desarrollo personal) serían irelevantes.

Para Platón y Aristóteles, el cambio existía pero -a diferencia de Heráclito- no lo consideraban sinónimo de la realidad. Al igual que Parménides, creían que un cambio constante vaciaría de sentido a la vida, angustiaría al hombre, e imposibilitaría todo conocimiento del mundo. Ellos se negaban a creer que las culturas fueran transitorias, o el esfuerzo humano fútil.

Platón propuso la existencia de dos mundos diferentes: uno de cambio y otro -superior- de ideas invariables. En el mundo de cambio, sólo existían opiniones y representaciones efímeras de la verdad. El conocimiento (la aprehensión de aquello que no cambia) era sólo posible en un mundo superior, al que las personas únicamente podían llegar a través de la disciplina moral e intelectual. Para Platón, la búsqueda de esas formas trascendentales e inmutables, dan control sobre el caos y brindan un sentido de misión en la vida. Como esta búsqueda es muy exigente, sólo unos pocos selectos pueden realizarla. Según Platón, estos elegidos deberían decidir por el resto.

Aristóteles también aceptaba que el cambio existe. En su opinión, éste es la manifestación de una imperfección: el hombre necesita cambiar debido a sus carencias. Para cambiar, es necesario que una persona "actualice su potencial", decía Aristóteles. El, creía en el rol de los ideales para guiar ese cambio: el potencial se actualiza a través de la conducta moral, la razón, la filosofía y la contemplación. Pero, al contrario de Platón, pensaba que todas las persona podían actualizar su potencial, siempre que estuvieran dispuestas a pensar y observar. Para él, la capacidad no existía en un mundo trascendental, sino en el hombre mismo.

¿Cómo pueden ayudarnos estas contrastantes visiones? Pensar que somos impotentes y transformarnos en "rehenes" del cambio sería absurdo. Pensar que el cambio sólo es una ilusión y que la realidad es estática, es igual de inconducente. Las visiones de Platón y Aristóteles nos sugieren que el cambio existe y que, para vivir en armonía con él, debemos enfocarnos en cosas relativamente estables, como nuestros ideales.

La realidad fluye, tal como afirmaba Heráclito, pero este fluir no tiene un significado intrínseco. Nosotros le damos un significado cuando guiamos el cambio -con nuestros valores e ideales- hacia nuestras metas. Y, como afirmaba Aristóteles, esta facultad no está destinada a unos pocos... sino que todos podemos hacerlo.

Vacaciones: ¿Desconexión?

Publicado el 17 de Agosto, 2006, 13:23. en El Custodio por la Paz.
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Cuando salimos de vacaciones, ansiamos descansar del estrés y la rutina de todo el año. Buscamos poder "desconectarnos". Pero esta búsqueda de desconexión puede llevarnos a sentarnos en la misma silla, en la misma playa... año tras año.

Si deseamos unas vacaciones que nos hagan volver más energizados, relajados y motivados, necesitamos mucho más que una desconexión: necesitamos una conexión con aspectos de nuestra vida que usualmente no tenemos en cuenta. De esta manera, además de regresar descansados... regresaremos renovados.

En los últimos años, surgieron nuevas formas de concebir el tiempo libre y las vacaciones, que nos permiten una verdadera renovación. Estas nuevas maneras de hacer turismo presentan algunas particularidades: dependen más del entorno natural; los lugares que se visitan están menos influenciados por los modos de vida urbanos; las instalaciones son mucho menos lujosas; la participación de la población local es mayor; y se enfatizan otras actividades, además de las recreativas. Estos viajes son muy renovadores, porque apuntan a nuestro bienestar, crecimiento y equilibrio. Veamos algunos ejemplos:
- Ecoturismo: se practica en áreas naturales poco alteradas por el hombre. Además de ofrecer descanso y recreación, esta alternativa permite desarrollar conciencia y sensibilidad ambiental. Es un turismo muy sinérgico, porque ofrece una experiencia positiva para el visitante y para el anfitrión (por ejemplo, muchas comunidades obtienen beneficios financieros para la conservación de sus lugares). Puede realizarse ecoturismo pasivo (observar y reconocer especies, o fotografiar la naturaleza) o ecoturismo activo, en el que se cumple una labor que responde a una necesidad ambiental (hacer caminos, plantar árboles, etc...) Estos viajes cambian la percepción que tenemos acerca de la naturaleza: es diferente ver una montaña desde el autobús de una excursión, que sentarse sobre su ladera y aprender sobre su formación geológica. Esta forma de viajar contribuye a renovar nuestra relación con el entorno.

- Turismo para la salud:
propone otro aprovechamiento de las actividades al aire libre y de la naturaleza. Muchas personas recurren a esta opción como terapia antiestrés. Este es el caso del turismo termal, la talasoterapia, los spa o "clubes de salud" y el turismo deportivo. Estos viajes nos permiten recuperar el quilibrio físico.

- Turismo rural: introducirse en las actividades del campo, además de ser otro punto de encuentro con la naturaleza, permite descubrir una forma de vida muy diferente a la propia, degustar otra gastronomía y asistir a espectáculos que no se ven en la ciudad como -por ejemplo- la doma de animales. También brinda la oportunidad de realizar trabajos que rompen con el sedentarismo y permiten desarrollar nuevas habilidades: el ordeñe, la siembra, la cosecha, la yerra, etc... El turismo rural es una forma de renovar hábitos, conocimientos y habilidades.

- Turismo espiritual:
a través de actividades de meditación, capacitación, visita a templos y retiros en contacto con la naturaleza, ofrece una opción para reenergizarse y re-conectarse con uno mismo. Estos viajes nos permiten renovar la fe, o iniciar una práctica espiritual.

- Turismo histórico: el objetivo de estos viajes es conocer la tradición, el folklore y el patrimonio de un lugar. En ellos, se aprende a reconocer la conexión entre el pasado y el presente, a apreciar la arquitectura y el arte. El turismo histórico contribuye con nuestro crecimiento intelectual.

-
Turismo cultural: a través de estos viajes, nos acercamos a las culturas autóctonas y conocemos a los habitantes de los lugares que visitamos. Una de las gratificaciones de viajar es conocer personas diferentes, pero ¿cuán diferentes son a nosotros quienes conocemos en una playa, o en un hotel? En realidad, nuestros compañeros de viaje habituales son personas bastante parecidas a nosotros. Mucho más enriquecedor es conocer a quienes llevan una vida completamente diferente a la nuestra. El turismo cultural contribuye a promover la comprensión, la cooperación y la fraternidad entre personas de diferentes lugares y nos brinda la oportunidad de renovar nuestras relaciones.
El espíritu de los viajes es enfrentarse a circunstancias diferentes que disparen otras conductas, perspectivas y modos de pensar. Viajar es buscar la diferencia. La cuestión es cuán diferentes estamos dispuestos a que sean nuestras próximas vacaciones.

Normalmente, ¿qué nos traemos de las vacaciones? ¿Las fotos? ¿El bronceado? ¿Un sombrero? Estas cosas muestran que estuvimos allí, pero no tienen un impacto significativo en nuestras vidas. Nada cambia si -al volver- seguimos pensando, sintiendo y actuando como antes. Afortunadamente, en lugar de regresar de las vacaciones con piedras o caracoles, nuevas formas de turismo nos permiten regresar con cosas más valiosas: nuevos conocimientos, nuevos hábitos, nuevas relaciones, una mejor salud, una plena armonía con el entorno, un equilibrio espiritual, etc...

Las vacaciones pueden ser una verdadera transformación en nuestras vidas... una renovación duradera que no desaparezca el día que desarmamos las maletas.

"La poesía del viaje no reside en descansar
de la monotonía de la vida doméstica,
del trabajo y las preocupaciones.
Tampoco reside en la posibilidad de satisfacer una curiosidad.
La poesía del viaje reside en la experiencia vital,
es decir en el enriquecimiento,
en la incorporación orgánica de lo recién adquirido,
en el incremento de nuestra comprensión por la unidad en la diversidad,
en el reencuentro de unas verdades y unas leyes antiguas
bajo unas condiciones totalmente nuevas."

- Hermann Hesse -


Carisma o estigma

Publicado el 11 de Agosto, 2006, 22:03. en El Custodio por la Paz.
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Los líderes poseen una "diferencia" que les permite destacarse del resto de las personas e influir sobre ellas. Pero -a los ojos de los demás- esta diferencia puede ser vista como carisma... o como estigma.

El término "carisma" se refiere al don que tienen algunas personas de atraer -o seducir- a otras. Esta cualidad les confiere superioridad sobre el resto de los integrantes de una comunidad y les facilita el ejercicio de la influencia.

La palabra "estigma" (que etimológicamente significa "tatuar") tiene sus orígenes en las marcas que se les imprimían en la antigüedad a los esclavos, traidores y malhechores. El estigma era una señal de infamia -o de deshonra- que provocaba el menosprecio de los portadores.

En nuestra sociedad, también existen estigmas y se "marca" a las personas diferentes: por ejemplo, a quien tiene deformaciones físicas, defectos de carácter, o pertenece a determinada raza, nacionalidad, o religión. También se señaliza a aquella persona excéntrica, rara, o rebelde frente a las reglas. Todo aquel que, por decirlo de alguna manera, es demasiado "diferente" al resto, resulta estigmatizado.

El estigma es considerado un desvalor porque significa el rechazo del grupo: quien lo lleva, es visto como "marginal". Podríamos pensar en el estigma como la contraparte del carisma: la persona es considerada "diferente", pero de un modo negativo.

Sin embargo, el carisma y el estigma no son tan opuestos: los rasgos carismáticos son muy cercanos a los estigmáticos. Cuando alguien se distingue de los demás, lo "notable" puede ser fuente de atracción... o de rechazo.

Sabemos que el carisma influye mucho en el liderazgo pero, ¿cómo se relaciona el estigma con el liderazgo? Una conducta y una personalidad extraordinarias pueden servir para que un grupo se cuestione la validez de los comportamientos que asume como "ordinarios". Es así que la diferencia (sea carismática o estigmatizante) puede ser fuente de cambios en una comunidad y permitir a una persona ocupar en ella una posición de referencia. Es decir, convertirse en líder.

Otra muestra de la cercanía entre el carisma y el estigma es que -llevado al extremo- el primero puede convertirse en el segundo. Si se llevan al límite algunas particularidades, un comportamiento positivo se vuelve negativo. Por ejemplo, la humildad es un atributo importante para un líder y puede ser una fuente de carisma, pero limita con la inseguridad que es un atributo de descrédito. Podríamos pensar en otros pares semejantes: verborragia-desparpajo, disciplina-rigidez, originalidad-ridiculez, persuasión-demagogia.

Esto es lo que ocurre con ciertos modelos de liderazgo carismático, como la figura del "padre" o del "héroe". Cualidades que tradicionalmente hacían aparecer al líder como el arquetipo, o la encarnación del "ideal de liderazgo", pueden resultar contraproducentes, como se muestra a continuación:

Padre: esta imagen se asocia mucho a la de líder, porque inspira dedicación, respeto y hasta un cierto temor reverente. Para cuidar de sus hijos, un padre combina algo despótico con algo benefactor. El líder paternalista aparece ante sus seguidores como alguien comprensivo, protector, preocupado y benevolente y -a la vez- exigente, amenazante, castrador y represor. La fuerza del modelo paternalista se basa en que concilia amor y poder. En muchas organizaciones, el líder cuida de su personal como un padre, pero las personas deben pagar un precio por ese cuidado: someterse a su orden. Es muy difícil aceptar este tipo de liderazgo en el largo plazo, porque no brinda libertad a los seguidores, ni les permite "madurar" (el líder trata a sus subordinados como niños). Esta figura carismática, que en una cultura dependiente puede funcionar, resulta desfavorable en la cultura interdependiente que tienen hoy la mayoría de las organizaciones y comunidades. Así, el paternalismo pasa de ser un atributo de carisma, a uno de estigma.

Héroe:
es un solitario que enfrenta a todos los enemigos y se gana la admiración, el aprecio y la inmortalidad entre los suyos. No se subordina a otros, es autosuficiente, fuerte y poderoso. Muchas veces, los fundadores y creadores de empresas cumplen la función de héroes en la simbología cultural de sus organizaciones. Pero este arquetipo tiende a chocar contra un modelo de liderazgo compartido, facultamiento y trabajo en equipo. Entonces, aquello que -originalmente- era un rasgo carismático, se vuelve una fuente de descrédito y rechazo.

En los modelos organizacionales actuales, los líderes deben encontrar el equilibrio justo para no convertir su carisma en estigma. Desde luego, moverse "al filo de la hoja" es muy difícil: si no son diferentes, no se distinguen del resto y -como consecuencia- no pueden ejercer una función de liderazgo; pero si son demasiado "diferentes", el carisma se transforma en estigma.

Para que su excepcionalidad sea positiva y ejemplificadora -y no negativa y discriminante- los líderes carismáticos no se apartan completamente de la norma o la generalidad, sino que se mantienen en la periferia de las expectativas de sus seguidores. Reconocen que necesitan una "marca", algo que los distinga, pero saben que llevar esa distinción al extremo, puede jugarles en contra.

La línea que separa el carisma del estigma es muy delgada. Para no cruzarla es necesario un fuerte carácter, una perspicaz "lectura" de aquello que esperan los seguidores y un conocimiento profundo del entorno y las circunstancias en los que se ejercerá el liderazgo.

Alfabetismo mediático

Publicado el 22 de Julio, 2006, 14:18. en El Custodio por la Paz.
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Los niños son muy influidos por los medios de comunicación. Para cuando comienzan la escuela, ya han experimentado varios años de televisión, video, etc... Nuestros hijos reciben enormes cantidades de información, antes de iniciar su educación formal. Un niño de cinco años está al tanto de los chismes del espectáculo y las noticias internacionales... pero le cuesta resolver una simple suma. Puede escribir los nombres de diez personajes de dibujos animados... pero no sabe deletrear su propio apellido.

Con justo desconcierto, la sociedad se pregunta: ¿quién educa a nuestros hijos? La escuela y la familia sienten que deben "competir" con los medios por la atención, la motivación y el tiempo de los niños. Creen que deben "protegerles" de los medios.

Pero no podemos vivir escondiendo el control remoto, los diarios y revistas, o las computadoras. Lo más probable es que estos controles (o prohibiciones) resulten insuficientes, inefectivos... y extenuantes!

Hoy, los niños necesitan aprender a relacionarse mejor con los medios masivos. Los adultos podemos enseñarles a comprender y discutir sobre aquello que ven, escuchan y leen, en lugar de aceptar todo apáticamente, o consumir contenidos sin entender su significado. En la sociedad en la que viven, es vital que nuestros niños aprendan a decodificar mensajes e imágenes y a interrogarse acerca de su propósito.

Por esta razón, el "alfabetismo mediático" debería ser un área fundamental de su educación. Esta formación ayudaría a nuestros hijos a convertirse en personas con capacidad para comunicarse activa y exitosamente con el resto del mundo.

Desde luego, la relación de los maestros con los medios masivos es crucial para el éxito de un programa de alfabetización mediática. Un docente debe saber de qué hablan sus estudiantes. Los maestros necesitan tener un mayor acercamiento a los medios porque, al contrario de las matemáticas, o la biología... aquí el alumno ya maneja una enorme cantidad de información! El trabajo de los docentes -y, en cierta medida, de los padres- es convertir esa información en conocimiento.

Tomar a los medios de comunicación como ejemplo y recurso pedagógico, permitiría profundizar la formación del juicio crítico. Los niños podrían tener otra decodificación de los contenidos y "ver" más allá de aquello que hoy ven.

Una manera de llevar adelante esta educación, es acercar los contenidos académicos (de las diferentes materias de estudio) a la experiencia mediática de los niños. Por ejemplo, los alumnos podrían completar un trabajo de literatura con el análisis de la adaptación cinematográfica de una obra clásica; discutir un evento histórico a partir de una noticia relacionada; aprender ciencias naturales utilizando revistas de divulgación; analizar aspectos de la cultura nacional analizando un programa humorístico en televisión; etc... Esta sería una forma de reducir la brecha -que hoy perciben los niños- entre aquello que ven en la escuela y aquello que ven fuera.

Un punto a tener en cuenta cuando hablamos de educar con los medios, es que los niños no deben ser "protegidos" de sus efectos, como se pensó en algún momento. En cambio, ellos necesitan ser "equipados" con elementos de análisis para sacar mayor utilidad de aquello que consumen. Quizás así, podrán abrir su mente y comprender la cultura de la cual son parte.

Los medios de comunicación tienen un rol cultural central: construyen y representan gran parte de la realidad dentro de la cual nos movemos y tomamos decisiones y generan mucha de la información que manejamos cotidianamente.

Por ello, padres y maestros necesitamos acompañar a nuestros hijos en su experiencia con los medios, orientándoles y apoyándoles para que extraigan valor de esa relación. Facultar a los niños a descubrir nuevos significados en los medios, es una manera más de educarles en valores.

Nuestra inquietud ante el "bombardeo" mediático es absolutamente legítima y merece ser atendida. Pero no está en nuestras manos cambiar los medios, ni eliminarlos de la vida de nuestros hijos. Por el contrario, el camino es aceptar que ellos tienen una considerable influencia en los niños (y en nosotros) y buscar la manera de capitalizar esa influencia, para transmitir enseñanzas.

En lugar de alejar a nuestros hijos de toda esa información y "apagar" los medios, tal vez sea más inteligente compartir esa experiencia con ellos y utilizarla como un recurso de reflexión y aprendizaje. Así, transformaríamos los medios de comunicación... en medios de educación.


Tic-tac, tic-tac

Publicado el 28 de Junio, 2006, 19:08. en El Custodio por la Paz.
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La perspectiva del tiempo no es la misma en todo el mundo: cuestiones históricas y culturales, modifican la forma en que las personas definen, perciben y miden el tiempo. Diferentes culturas "viven" el tiempo de diferentes maneras. Mientras que en las culturas occidentales el tiempo se mide con relojes y calendarios, en otros lugares estas herramientas de medición son irrelevantes.

La influencia del reloj ha llevado a las sociedades occidentales a considerar el tiempo como algo regular y predecible. Para un occidental, existen "marcas fijas" que segmentan intervalos de tiempo exactamente regulares: horas, minutos, meses, años, etc... Con el paso de los siglos, esta regularidad se trasladó cada vez a más actividades cotidianas: las personas no comen cuando tienen hambre, sino a la "hora de comer", no se acuestan al sentirse cansadas, sino a la "hora de acostarse"... y así sucesivamente. La dependencia del reloj ha contribuido a que las sociedades modernas tengan una percepción mecánica del tiempo.

Pero existen culturas que tienen economías diferentes (por lo tanto diferentes prioridades), que las llevan a relacionarse de otro modo con el tiempo. La vida planificada de nuestras sociedades, no es "intrínsecamente natural", sino que ha sido aprendida, aunque nosotros la veamos como algo natural. Innumerables civilizaciones han florecido sin medir el tiempo con exactitud y existen comunidades que ni siquiera tienen una cronología de los años.

En algunas tribus africanas, por ejemplo, el tiempo no es una sucesión regular. Allí, su paso no se mide por el movimiento del reloj, sino por los acontecimientos que lo llenan. En lugar de horas y fechas, estas personas confían en sus marcas emocionales de tiempo: cuando nacieron, cuando se casaron, cuando tuvieron su primer hijo, cuando hubo una guerra, etc... Estas sociedades tienen una percepción emocional del tiempo.

La distinción entre la percepción mecánica del tiempo de nuestra cultura occidental y la percepción emocional de esas culturas africanas, es muy importante: permite entender muchas diferencias sociales y culturales entre ambos pueblos. Una manifestación clara de estas diferencias, es que mientras nosotros preguntamos: "¿Cuándo nació tu hijo?" y recibimos como respuesta: "Hace 15 años", un miembro de aquella comunidad preguntará: "¿Cuándo fue hace 15 años?" y recibirá por respuesta: "Cuando nació tu hijo."

Para nosotros, también existen eventos relevantes en la vida (como conseguir un nuevo trabajo, graduarse, mudarse, casarse, tener un hijo, etc...), pero estas "marcas" no influyen tanto en nuestra medición del tiempo, como el movimiento del reloj. En cambio, en aquellas sociedades los eventos importantes de la vida de una persona, son sus "unidades de tiempo". Un occidental podría argumentar que esas unidades no son precisas porque no tienen la misma duración, pero a esas personas la regularidad no les interesa en absoluto. El ritmo que marque un dispositivo mecánico -como el reloj- es irrelevante para su vida.

¿Cuál es la necesidad de dividir el tiempo en horas, minutos y segundos? ¿Acaso la lluvia siempre cae en el mismo momento? ¿Llueve los mismos días al este, que al oeste? ¿Por qué imponer otro ritmo que el de la naturaleza? Estos pueblos no encuentran necesidad de tener medidas de tiempo más precisas que las de la propia naturaleza. En esa cultura, el tiempo está conectado a los procesos naturales emocionalmente relevantes para las personas. Por ejemplo, el pastor lo mide según el tiempo en que la oveja pare un cordero; el agricultor a partir del día de la siembra, o pensando en el de la cosecha; etc...

Para estas comunidades, la vida tiene su propia duración y regularidad, diferente a la del reloj. Los seres humanos tienen sus propios "pulsos": el latir del corazón, el respirar de los pulmones, etc... y estos cambian según las circunstancias emocionales. Además, el tiempo no es visto como algo "exacto", porque -a lo largo del año- los días son de duración desigual y la relación entre el día y la noche cambia continuamente.

Estas culturas no consideran el tiempo como una cuadrícula sobre la cual la vida se desarrolla en forma regular. El tiempo es la vida que se manifiesta en sucesos como las migraciones de las aves, el crecimiento de las cosechas, el nacimiento de un ser humano, entre otros.

En Occidente, lo primero que hacemos con el tiempo es planificarlo, ordenarlo, calcularlo... mecanizarlo! Cuando vemos el tiempo como una colección de horas, minutos y segundos (y no como una sucesión de experiencias), lo convertimos en una entidad abstracta, igual que los números. Al hacerlo, lo separamos de los acontecimientos humanos y generamos la creencia en un mundo matemáticamente mensurable... independiente de nuestras vidas. Así, afirmamos cosas como: "no tengo tiempo", "el tiempo nunca alcanza", "el tiempo es tirano", ó "¿De dónde saco tiempo?"

Desde luego, no podemos quitarnos los relojes y olvidarnos de las horas, los minutos y los segundos. Pero podemos aprender de otras culturas a vivir el tiempo de manera diferente. Si incorporamos herramientas de medición más personales, podremos considerar otros "ritmos" además del tic-tac, tic-tac...

Una nueva unidad de tiempo

Publicado el 27 de Mayo, 2006, 16:08. en El Custodio por la Paz.
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Las nuevas tecnologías y fuerzas económicas alteran radicalmente nuestra experiencia con el tiempo. Hoy, percibimos un tiempo contraído porque estamos atrapados en una sola dimensión del tiempo: el presente. Nos saturamos de compromisos, nos apuramos, miramos continuamente nuestros relojes: corremos para no perder tiempo.

Qué ironía! Tenemos más dispositivos para ahorrar tiempo que en cualquier otra época, pero vivimos excesivamente apurados y pendientes de los horarios. Por paradójico que parezca, perdemos el tiempo... en nuestro afán por no perder tiempo!

Esta paradoja responde a un problema de cantidad contra calidad: al apurarnos, tal vez estemos ganando una cantidad de tiempo, pero estamos perdiendo su calidad. La prisa en la que vivimos invade nuestro proceso de pensamiento, nuestras relaciones... y hasta nuestro cuerpo! Ya se habla de una "enfermedad de la prisa" que se manifiesta en trastornos cardiovasculares, hipertensión, estrés y depresión inmunológica. Es decir, la velocidad es inherentemente violenta. Nuestra propia aceleración afecta nuestra calidad de vida y nos "saca de sincronía" con el mundo natural.

Como consecuencia de esta aceleración, vivimos con el tiempo una relación de amor-odio: nos esforzamos por conquistarlo y -simultáneamente- queremos escapar de él. Esta peculiar relación con el tiempo no es natural en nosotros, sino que la desarrollamos culturalmente. De allí que tengamos la capacidad y el derecho de transformarla y experimentar el tiempo de un modo más saludable.

¿Cómo podemos mejorar esta relación? Necesitamos expandir nuestra conciencia y desarrollar una nueva perspectiva del tiempo que nos permita ubicarnos en un contexto temporal más amplio, continuo y profundo.

Para ello, será preciso pensar en unidades de tiempo mucho más grandes que aquellas que definen nuestra vida diaria. Nuestra medida del tiempo, que alguna vez se basó en el cambio de estaciones, en las estrellas y en la posición del sol, ahora se parcela en nanosegundos de la computadora. Al fragmentar cada vez más las unidades de medida, perdemos la percepción de continuidad del tiempo.

A lo largo de la historia, los hombres y mujeres han trabajado mucho para legar a generaciones futuras monumentos y conocimientos, para perdurar más allá de sus mortales vidas individuales. Y también han honrado -a través de rituales e historias- a aquellos que los precedieron. Hoy, al vivir enfocados en el presente, perdemos conciencia tanto del pasado como del futuro, lo que nos impide comprometernos con nuestros ancestros y con las generaciones que nos suceden.

Hasta tanto no nos liberemos de esta trampa temporal, no podremos resolver muchos de los problemas que hemos creado para las generaciones venideras, como es el caso de los conflictos armados o del daño ambiental. Si bien vivimos apurados, los daños que estamos infligiendo -producto de la aceleración de nuestras vidas y de la exigencia de productividad- se extenderán por mucho tiempo y serán lentos de revertir. Pensar en eso, nos permite tomar conciencia de las consecuencias de muchas de nuestras conductas.

Esta desconsideración hacia el futuro se opone a nuestra naturaleza, porque todos los organismos vivientes estamos construidos para propagarnos. Una especie que no piensa en el futuro, está condenada a la extinción.

La calidad de vida puede consistir -principalmente- de una actitud hacia el tiempo. Las personas a quienes consideramos felices están completas en el presente, el pasado y el futuro. Eligen y desarrollan pacientemente proyectos a largo plazo y disfrutan recordar experiencias pasadas. Ellas consideran el pasado y el futuro, no como contextos externos, sino como extensiones de su propio presente.

Nuestro sentido de conexión con el tiempo depende de sentirnos parte de una historia. Si deseamos construir una sociedad sustentable, debemos acostumbrarnos a ritmos más lentos y recuperar la continuidad entre pasado, presente y futuro. El desafío es duración, no velocidad. Para vivir el tiempo de una manera más saludable, aprendamos a medirlo con nuevas unidades...


Cur... arte

Publicado el 20 de Mayo, 2006, 14:17. en El Custodio por la Paz.
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Los seres humanos hemos utilizado el arte como medio de expresión a lo largo de toda nuestra historia. Máscaras, objetos rituales, pinturas en cavernas, son todos símbolos que registran expresiones artísticas antiquísimas.

Una de las principales razones por las cuales el arte ocupa un lugar privilegiado entre las formas de expresión de las personas, es su capacidad para trasmitir emociones. El proceso artístico conecta a una persona con sus sentimientos y le facilita su comprensión y exteriorización. Esto ha llevado a incorporar el arte en algunos tratamientos de salud mental, bajo el nombre de arteterapia, o terapia artística.

A finales del siglo XIX, los psiquiatras franceses Ambrose Tardieu y Paul-Max Simon, publicaron estudios sobre el simbolismo del trabajo artístico de algunos enfermos psiquiátricos. Ellos vieron -por primera vez- la terapia artística como una herramienta efectiva para identificar diferentes trastornos mentales.

Algunos años más tarde, basándose en las teorías de Freud y Jung, los psicólogos descubrieron que los símbolos visuales y las imágenes, eran la forma de comunicación más accesible y natural para arribar al subconsciente humano. La terapia artística ofrecía al paciente la posibilidad de visualizar y reconocer los pensamientos y sentimientos que habitaban en su inconsciente.

Este tratamiento -ya extendido ampliamente en psicología y psiquiatría- alienta a los pacientes a identificar las emociones sobre las que no pueden hablar y a plasmarlas en una pieza artística. Luego, orientado por el terapeuta, el paciente analiza la obra realizada y procura comprender su significado. Este análisis permite al psicólogo comprender los sentimientos del paciente y trabajar sobre ellos de manera constructiva. Esta terapia puede practicarse en psicología individual, familiar, o de grupo.

La terapia artística es un enfoque particularmente útil con niños, quienes poseen habilidades de lenguaje limitadas y suelen tener dificultades para hablar sobre aquello que les sucede. A través del dibujo y de otras técnicas artísticas, los niños comienzan a enfrentar sus problemas, aunque no puedan identificarlos, o darle un nombre a sus emociones. Este tratamiento también es valioso en adolescentes, a quienes -generalmente- les cuesta manifestar una crisis interior.

Además de su uso en tratamientos psicológicos y psiquiátricos, la terapia artística se utiliza en medicina para tratar enfermedades orgánicas. Esta ampliación se sostiene en la probada conexión entre la salud mental y la física. La arteterapia, si bien por sí sola no alcanza para curar una enfermedad, puede -al menos- aliviar los dolores experimentados, o recuperar funcionalidades corporales. Por ejemplo, a las personas con impedimentos físicos, la actividad artística les provee una estimulación sensorial muy significativa en su rehabilitación, ya que les permite ejercitar la vista, el movimiento de las manos, la coordinación y la memoria y estimula su sistema neurológico.

Desde luego, cuando esta terapia es utilizada frente a problemas de índole física, debe ser considerada un suplemento -y no un sustituto- de los tratamientos convencionales.

Para practicar arteterapia, un terapeuta debe contar con los materiales apropiados y el espacio necesario para desplegar las diferentes técnicas que requieren estos tratamientos. Además, debe estar dispuesto a invertir más tiempo que en una sesión tradicional. Si un paciente se involucra en estos tratamientos sin la orientación de un profesional capacitado, los materiales, el espacio y el tiempo necesarios, no tendrá una experiencia satisfactoria.

Los insumos utilizados durante esta terapia sólo son limitados por la imaginación del paciente y la del terapeuta. Mientras más materiales haya disponibles, más interés despertará la terapia en el paciente y esto enriquecerá el proceso. Evidentemente, los materiales y técnicas deben ser los apropiados para la edad y habilidad del paciente. Respecto del lugar, idealmente debe ser una habitación silenciosa, muy iluminada y amplia, con mesas y lugares cómodos para trabajar. Estos lugares suelen parecerse más al atelier de un pintor, o a una sala de jardín de infantes...
que al despacho de un psicólogo!

Las terapias artísticas se enfocan en el proceso de creación, no en el producto final. Muy posiblemente, la pieza resultante nunca se termine y nadie la vea: lo importante es el trabajo de crearla. De este proceso, extrae el profesional su análisis.

A través de la arteterapia, una persona puede obtener los siguientes beneficios:

- Auto-descubrimiento: como permite ver áreas de la personalidad que no se conocían, es una forma de acercarse al conocimiento interior.

- Satisfacción personal y autoestima: la creación de algo tangible (en este caso, una pieza artística) construye confianza y nutre los sentimientos de auto-valoración de una persona.

- Seguridad: canalizar visualmente emociones y miedos que no puede expresar a través de palabras, da a la persona un sentido de control sobre esas sensaciones.

- Alivio del estrés: sola -o combinada con otras técnicas de relajación- la terapia artística puede aliviar efectivamente tensiones físicas y emocionales.

Aunque -tradicionalmente- la arteterapia se centró en expresiones visuales, como la pintura, el dibujo y la escultura, su alcance se ha ampliado a otros medios como la música, el cine, la danza, la literatura y el teatro.

El arte contribuye con la salud física, mental y espiritual de las personas. Para quienes no se sienten capaces de expresarse, visitar un museo -o mirar un libro de pinturas- puede ser de ayuda. Lo fundamental es la estimulación y la riqueza de experiencias que todo acto artístico despierta.

¿Calidad o nivel?

Publicado el 13 de Mayo, 2006, 14:57. en El Custodio por la Paz.
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El concepto "calidad de vida" se utiliza en diversos contextos: político, económico, médico, educativo, sociológico, entre otros. Si bien desde cada óptica representa algo diferente, todos los enfoques asocian que tener una alta calidad de vida significa vivir una existencia digna, saludable, libre, segura, feliz, etc...

Sin embargo, la interpretación de este concepto no resulta tan clara para todos, porque suele confundirse "calidad" con "nivel" de vida. Cuando esto sucede, el análisis se centra -exclusivamente- en las condiciones económicas. Lamentablemente, muchas personas pierden su calidad de vida buscando un mayor nivel de vida.

En realidad, esta confusión forma parte de un gran debate: la calidad de vida, ¿depende del bienestar económico? ¿O tiene más que ver con otro tipo de bienestar? ¿Cómo se mide esta variable? Sabemos que para alcanzar una buena calidad de vida es preciso satisfacer determinadas necesidades, pero ¿cuáles son esas necesidades?

Podemos clasificar las necesidades de las personas en cuatro tipos:

Físicas: trabajo, educación, vivienda, ingresos, etc...

Intelectuales: aprendizaje, desarrollo y crecimiento personal, etc..

Emocionales - sociales: relaciones, salud emocional, uso del tiempo libre, etc...

Espirituales: auto-realización, renovación personal, sentido de trascendencia, práctica religiosa, etc...

La calidad de vida abarca todas y cada una de estas áreas. Incluye las decisiones diarias de una persona en cada una, sus emociones respecto a las situaciones que vive y su ideal de futuro en cada dimensión. Por lo tanto, la calidad de vida es una percepción subjetiva, más que un indicador objetivo. Se sabe que no basta con aumentar los niveles socioeconómicos para generar satisfacción y bienestar en una comunidad. De la misma manera, el sufrimiento -o la felicidad- de una persona, no está determinado por su estándar económico.

Es decir, en la evaluación de la calidad de vida, influye más la psicología que la economía o -lo que es lo mismo- un criterio interior que uno exterior. Sin temor a equivocarnos, podemos afirmar que una persona humilde y satisfecha con su existencia, tiene más calidad de vida que un millonario disconforme y depresivo.

Si bien es cierto que los bienes materiales proporcionan seguridad, satisfacción y abundancia, no deben asumirse como indicadores absolutos en cuanto a la calidad de vida. Tomemos, por ejemplo, el prototipo de "buena vida" que conlleva poseer un automóvil. En muchas sociedades, gozar de un vehículo es sinónimo de bienestar. Pero, ¿puede alguien afirmar que un automóvil mejora la calidad de vida? Si hablamos de "nivel" de vida, probablemente sí. Pero si nos referimos al concepto integral de "calidad de vida", no necesariamente.

Así como comer no significa alimentarse, tener pareja no significa estar enamorado, o poseer un título universitario no significa ser un profesional, tener "nivel de vida" no significa tener "calidad de vida". Quienes piensan que calidad de vida es contar con la última tecnología...
deberían pensarlo de nuevo!

Una de las grandes paradojas de nuestro tiempo es que el bienestar material no genera -necesariamente- otros bienestares. No todas las personas que viven en sociedades ricas, son felices. No hay una correlación directa entre ingresos económicos y felicidad.

Algunos psicólogos hablan del "lado oscuro de la riqueza", haciendo referencia a que el estilo de vida consumista plantea conflictos de metas y puede atentar contra la calidad de vida. Cuando confundimos "calidad" con "nivel", nos centramos en metas extrínsecas (como la fama, el atractivo físico, o el dinero) desatendiendo las metas "intrínsecas" (la superación, los sentimientos positivos, el tiempo personal, la salud, la paz interior, etc...)

Comprender la diferencia entre "calidad" y "nivel" de vida es hoy más importante que nunca. Todos buscamos un nuevo paradigma que nos ayude a definir quiénes somos y hacia dónde dirigimos nuestras vidas. Al hacerlo, descubrimos que no es suficiente una visión que se enfoque sólo en el progreso económico: es necesaria una más coherente y global, que exprese un mejor equilibrio entre el bienestar material y la felicidad interior.

La calidad de vida está muy relacionada con la búsqueda de sentido, el cual depende de los valores, la pertenencia a una comunidad, la dedicación a una causa y la claridad de metas. No se trata de tener más cosas materiales, más dinero, o más oportunidades, sino de saber para qué tenerlos. Cuando pensemos que estamos aumentando nuestra calidad de vida, detengámonos un instante y preguntémonos: ¿Calidad... o nivel?

Las caras del cambio

Publicado el 25 de Abril, 2006, 17:37. en El Custodio por la Paz.
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Hablar de cirugías estéticas se considera un tema frívolo y trivial. Inmediatamente, se asocia a las celebridades del espectáculo, al mundo de la moda y a millonarios extravagantes. Sin embargo, tratar este tema puede ayudarnos a reflexionar sobre cuestiones muy profundas y polémicas.

La cirugía plástica es un tratamiento muy extendido en todo el mundo, utilizado para borrar las huellas de quemaduras, heridas y operaciones y para eliminar anomalías físicas. Pero su aplicación más popular no es la médica, sino la estética. En nuestro continente, más de medio millón de personas se someten anualmente a una cirugía estética de forma voluntaria.

Contrariamente a lo que uno pudiera pensar, quienes más se practican estas cirugías son hombres y mujeres considerados muy atractivos, según la opinión y los estándares de la mayoría. Pero para estas personas, la autoestima -y la felicidad- dependen tanto del atractivo físico, que necesitan "mejorar" continuamente su imagen.

Para muchos, el concepto de mejora se asocia casi exclusivamente al exterior, a aquello que se puede mostrar. Esta es una de las razones que lleva a tantas personas a realizarse cirugías estéticas: la promesa de verse mejor. Esta promesa puede calar tan hondo en alguien, que llega a convertirse en una obsesión. Hay personas que se han practicado más de una decena de intervenciones en sus cuerpos. Para ellas, una cirugía puede ser exitosa... pero nunca será suficiente!

Estas situaciones extremas -aunque frecuentes- hacen que el tema despierte polémica y plantee profundos interrogantes, como por ejemplo:

La cirugía estética, ¿mejora la vida? ¿hace más felices a las personas?

La obsesión con la apariencia física, ¿es nueva, o es una preocupación existencial del hombre que hoy toma esta forma?

¿Existe una diferencia profunda entre comprarse un traje de mil dólares y hacerse una nueva nariz por mil dólares?

Cambiar la apariencia (el exterior), ¿es una manera de esconder la esencia (el interior)?

La compulsiva alteración del cuerpo, ¿es un modo más de r la naturaleza y vencer al tiempo?

Estas intervenciones, ¿son una manifestación de hasta qué punto se separa el cuerpo de la mente y de las emociones?

Al buscar la perfección, ¿se está sublimando la distorsión?

¿Cuál es el ideal que se persigue?

¿Cuál es el ideal que se persigue?

Si todos buscan tener una determinada imagen, ¿terminarán pareciéndose unos a otros?

La cirugía plástica, ¿es un acto de autoayuda, o un reflejo de complejos conflictos internos?

En definitiva, cuando se cambia la cara... ¿qué se cambia realmente?

Las cirugías estéticas modifican la percepción de las personas sobre sí mismas. Desde luego, la mayoría busca mejorar esa percepción, pero muchas veces consiguen lo contrario. Hay personas que -tras alterar su imagen- viven conflictos internos muy serios. Algunas han confesado tener que cargar un espejo todo el tiempo, porque no se acostumbraban a esa nueva imagen... ni se reconocían en ella!

Cuando alguien vive esta disonancia entre aquello que siente y la forma en que se ve, puede llegar a pensar que lleva puesta una máscara. En el peor de los casos, esto plantea una duda perturbadora: ¿quién soy?


Definitivamente, el tema es complejo. Lo que sí podemos afirmar es que las cirugías estéticas son parte de una humanidad para la cual la naturaleza ya no define la imagen. Estas intervenciones permiten alterar la naturaleza, modificando el cuerpo (removiendo grasas, agrandando músculos, quitando -o agregando- partes, etc..) según un "ideal". La cirugía estética ofrece un maquillaje permanente que suaviza lo que algunos consideran sus "fallas naturales".

Detrás de la compulsión a alterar el cuerpo, existe una norma social muy poderosa: las personas bellas atraen a los demás e influyen sobre ellos. La belleza da frutos, porque la apariencia física continúa siendo la principal forma en que las personas se juzgan unas a otras. Por ello, cuando alguien afirma que se hace una cirugía tras otra sólo por motivos personales, es difícil creer que no está pensando -aunque sea un poco- en los demás. La mayoría de las personas se somete a estos tratamientos por razones "prácticas": competir con personas más jóvenes en el mercado laboral, conseguir pareja, tener una vida social más activa, etc.

Es absolutamente legítimo querer verse bien, pero llevar a un extremo la búsqueda de perfección física puede hacer que nos transformemos en una sociedad donde todos nos parezcamos a Dorian Gray. Esta sociedad estaría habitada por personas torturadas frente al espejo -y nunca conformes con sus cambios- como aquel personaje de Oscar Wilde.

Cuando alguien se hace una cirugía estética, indudablemente busca un cambio. Pero la verdadera cara del cambio... es mucho más que cambiar de cara.

"Estoy convencido de que Dios hizo un mundo distinto para cada hombre,
y que es en ese mundo, que está dentro de nosotros mismos,
donde deberíamos intentar vivir."

- Oscar Wilde -


- Oscar Wilde -

Tolerar no es soportar

Publicado el 17 de Abril, 2006, 18:19. en El Custodio por la Paz.
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Las opiniones pueden ser tan diferentes como las personas. En todas las cuestiones opinables hay posiciones distintas: a favor o en contra, si o no, aborto legal o no, pena de muerte o no, etc... Sin importar qué opinión tengamos respecto de algo, ésta no siempre será compartida por todos.

Sin embargo, nos sentimos más cómodos si los demás comparten nuestras opiniones, o piensan como nosotros. ¿Comprendemos que no tenemos derecho de exigir esto?

Consideremos la siguiente escena:
Una pareja discutía si castigar -o no- a su hijo. Para resolver la cuestión, decidieron consultar al abuelo. Luego de que el padre diera su parecer, el anciano respondió: Tienes razón.

Al cabo de unos minutos, la madre expresó su opinión y el abuelo le dijo: Tienes razón.

Pero -protestaron ambos- acabas de acordar con dos opiniones opuestas!

Nuevamente, el anciano contestó: Tienen razón.
La moraleja de esta historia podría expresarse de la siguiente manera: tenemos tanto derecho a tener razón, como los demás.

Obstinarse en tener la razón sobre algo, es una forma de pretender ser dueño de la verdad. Pero nadie posee "la verdad", sino que todos la buscamos continuamente a través de nuestras opiniones. Una de las características de la opinión es que nunca es definitiva y estática, sino que está en permanente cambio.... incluso, dentro de nosotros mismos! Por lo tanto, es iraccional pretender tener absoluta razón cuando discutimos sobre algo.

Quienes insisten en tener razón, confunden su opinión con "la verdad" y no respetan las posturas de los demás. En el mejor caso, las toleran. Pero para estas personas, la tolerancia tiene un carácter condescendiente: es un favor que les conceden a los demás, al "soportar" sus opiniones. Estas personas toleran sin respetar el derecho fundamental de alguien a dar su opinión.

Tener una postura es un derecho. Es una demanda justa que tiene toda persona y que se desprende de valores esenciales como la igualdad, la autonomía, la libertad y -por sobre todo- el respeto. El respeto nos hace reconocer la singularidad de la otra persona.

Por lo tanto, tolerar no es "soportar", sino aceptar el derecho de toda persona a ser, pensar y vivir a su manera. Cuando toleramos a alguien, aceptamos que será distinto a nosotros. Aunque disintamos con sus opiniones, debemos respetarle como persona que vive de acuerdo a esas creencias particulares.

Las creencias son parte de una persona. Es por ello que no podemos respetar a alguien como "persona", sin respetar sus creencias religiosas, su nacionalidad, o su preferencia sexual. El respeto exige considerar a la persona en su totalidad.

Imaginemos que un oponente político le dice a otro: "Te respeto como persona, pero no como liberal." En este caso, no está respetando la singularidad de esa persona, porque el liberalismo es la creencia de su rival. En cambio, si le dijera: "Si bien no creo en el liberalismo, te respeto como persona", estaría respetándolo como un rival, como alguien que tiene opiniones que no comparte, pero a las que reconoce un valor. Es decir, respetaría el derecho de su oponente a expresarse a través de su visión de la realidad.

Cuando respetamos completamente a alguien, no nos vemos en la necesidad de "soportar" sus opiniones, porque ellas tienen un valor para nosotros, por ser las creencias particulares de esa persona.

Entonces, ¿porqué nos obstinamos en tener la razón? ¿Será que defendemos tenazmente nuestras opiniones -y nos mostramos intolerantes hacia las de los demás- porque creemos que así afirmamos nuestra identidad? Si pretendemos fortalecer nuestra identidad, deberíamos hacer todo lo contrario: reconocer que no siempre tenemos razón. Tanto los aciertos, como las equivocaciones forman nuestra personalidad. Por lo tanto, aceptar que otra persona puede tener razón -y que nosotros no- es un síntoma de crecimiento.

El derecho a opinar, es el derecho a "tener razón"... y también a equivocarse! Este es uno de los principios fundamentales sobre los que se basa la tolerancia. Ser tolerante es respetar el derecho de los demás a hacer y re-hacer sus vidas de acuerdo a sus creencias. Acaso, ¿no merecemos ese derecho?

Mover el mundo

Publicado el 27 de Marzo, 2006, 14:43. en El Custodio por la Paz.
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La energía es esencial para la vida y para el futuro de las personas: es lo que nos permite vivir confortablemente, trabajar, cocinar los alimentos, trasladarnos de un lugar a otro, etc... Sin temor a exagerar, podemos afirmar que la energía... mueve el mundo!

Obtener suficiente energía para billones de personas, sin destruir la naturaleza, se ha convertido en unos de los principales desafíos de nuestra sociedad.

Aplicar un principio fundamental de la efectividad, nos permitirá encontrar la manera de "mover el mundo", sin consumir sus recursos. Este principio establece que no se puede sostener la productividad sin renovación. Aplicado al problema de la energía, este principio nos dice que no podemos consumirla, sin renovarla.

La energía es el principal recurso de nuestra economía. Si continuamos desarrollando nuestras actividades económicas sobre la base exclusiva de la producción y el consumo, y no cuidamos las fuentes de energía, pronto nos encontraremos incapacitados para seguir produciendo. Preguntarse por el futuro de la energía, es preguntarse por el futuro de cada uno de nosotros.

Hoy, las fuentes principales de energía se basan en recursos no renovables. Estos están contenidos en la Tierra en cantidades limitadas y los más utilizados son los denominados combustibles fósiles, como el petróleo, el carbón y el gas natural. Desafortunadamente, una vez que se acaben estos recursos, será imposible recuperarlos. Aunque aquí no termina el problema... El mayor peligro que presenta la explotación de estas fuentes de energía es su impacto ambiental, ya que producen emanaciones contaminantes y su transporte -y almacenamiento- suele ser peligroso para el hombre.

Nuestra estufa funciona a gas natural. Nuestro auto funciona a gasolina. La luz de nuestros hogares es generada en centrales eléctricas que funcionan por combustión de carbón. Es difícil imaginar nuestra vida cotidiana sin estas fuentes de energía. A pesar de que sabemos que -algún día- estas fuentes de energía se agotarán, cada día consumimos más.

El aumento en el consumo de energía nos lleva a pensar en nuevas tecnologías para obtenerla. Al hacerlo, nos preguntamos: ¿existen alternativas a las fuentes de energía no-renovables? Sí. Las llamadas energías renovables que se obtienen de fuentes naturales inagotables. Las más estudiadas y utilizadas son las siguientes
:

Agua: puede iluminar ciudades enteras. La fuerza de una masa de agua cayendo desde determinada altura, puede activar una turbina conectada a un generador y producir electricidad. Más del 97% de toda la electricidad generada a partir fuentes renovables, proviene del aprovechamiento del agua. En todo el mundo, se han construido miles de represas para maximizar esta fuente de energía. Las mareas -particularmente- son un recurso poderosísimo ya que utilizan la energía gravitacional del Sol, la Tierra y la Luna.

Sol: las células solares convierten los rayos de sol directamente en electricidad. Al no utilizar combustible, no contaminan. Además, la energía solar es abundante y limpia. El sol es un reactor de fusión colosal que ha estado en combustión durante billones de años. Se estima que la cantidad de radiación solar que golpea la Tierra cada 72 horas equivale a la energía total almacenada en las reservas de carbón, petróleo y gas natural juntas.

Viento: las turbinas de viento de alta tecnología producen electricidad suficiente para abastecer miles de hogares. El poder del viento ha sido aprovechado por el hombre desde sus primeros tiempos (quizás el caso más ilustrativo sea la navegación a vela, o los molinos de las comunidades agrarias de la antigüedad). Hoy, las personas y las empresas están reconociendo que el viento es una fuente de energía limpia y ampliamente disponible.

Hidrógeno: su suministro es virtualmente ilimitado. Puede ser producido a partir de agua por electrólisis (proceso que utiliza la electricidad para disociar la molécula de agua en sus componentes elementales: hidrógeno y oxígeno). Esta fuente de energía tiene sentido a nivel económico (no es costoso) y ambiental: no afecta la capa de ozono, ni contribuye con el efecto invernadero, ya que sus únicos productos derivados son agua limpia y energía calórica utilizable.

Biomasa: es la materia orgánica de las plantas que almacena energía solar en forma de carbono. La biomasa puede ser utilizada directamente como combustible. Una alternativa muy extendida es su uso para la obtención de biogas. Este gas (alternativo al natural) se obtiene acumulando restos orgánicos, residuos de cosechas y otros materiales que pueden descomponerse por la acción de los microorganismos. La mezcla de gases producidos es utilizada como combustible.

Magma: el calor contenido en el planeta es tan intenso, que en algunos lugares ha derretido el manto terrestre creando una roca fundida llamada magma. Cuando el agua desciende de la superficie terrestre y se encuentra con el magma derretido que asciende, se genera energía. Su explotación se realiza perforando el suelo y extrayendo el líquido que sale en forma de vapor. Este se aprovecha para accionar una turbina que mueve un generador de energía eléctrica.

Parece claro que la especie humana está enfrentando uno de los mayores desafíos de su historia: cómo moverse en el futuro. Hoy consumimos aproximadamente 77 millones de barriles de petróleo al día. Las fuentes no-renovables tienen una alta aceptación porque son más económicas que cualquiera de las energías renovables, pero sus "costos ocultos" -contemplados a largo plazo- son altísimos.

Si deseamos construir una sociedad y una economía sustentables, en lugar de guiarnos por aquella creencia que dice "el dinero mueve el mundo", tal vez debamos recordar que es la energía quien lo mueve.

Por su alta disponibilidad, su reducido impacto ambiental y por tratarse de tecnologías perfectamente asimilables en muchos lugares, las fuentes renovables merecen nuestra atención. Si continuamos dándoles la espalda -únicamente porque no existe motivación económica- algún día nos encontraremos sin recursos... para mover el mundo!

El humor en las reuniones

Publicado el 21 de Marzo, 2006, 17:19. en El Custodio por la Paz.
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Las reuniones ocupan una parte importante del trabajo de muchas personas. Sin embargo, a menudo se convierten en blanco de críticas de los participantes. La mayoría de ellos opina que sólo unas pocas resultan motivadoras. A lo sumo, las encuentran "tolerables".

En una empresa, circuló entre los empleados una "publicidad" que decía:
"¿Te encuentras solo? ¿Trabajas solo? ¿Odias tener que tomar decisiones? ¿Prefieres hablar de algo, en lugar de hacerlo? Entonces, ¿por qué no asistes a una reunión? Allí podrás dormir pacíficamente, descargar decisiones en los demás, aprender a escribir notas sin sentido y aburrir a tus colegas. Y todo esto en horario de trabajo!"
Este irónico aviso describe una situación común en las reuniones: la ausencia psicológica de los asistentes. Cuando se aburren, las personas pueden ser muy creativas para simular estar interesadas. Incluso, hay libros sobre "cómo matar el tiempo" en las reuniones. En ellos se presentan innumerables "planes de escape". Para evitar que los participantes recurran a estos trucos, quien organiza -o conduce- una reunión debe motivarlos.

Reunirse es parte del trabajo, pero esto no quiere decir que los participantes no puedan pasar un buen momento. No debe confundirse diversión con frivolidad. Después de todo, ¿quién dijo que la seriedad -o la solemnidad- nos hacen más efectivos? A menos que el propósito de una reunión sea transmitir malas noticias, ¿qué nos impide incorporar un poco de humor?

Desde luego, celebrar reuniones con humor requiere una dosis de coraje. Las siguientes dinámicas -si bien resultan algo atrevidas- le ayudarán a incorporar el humor en sus reuniones:

Preguntas y respuestas: esta dinámica resulta efectiva para involucrar a los participantes. Si el objetivo de una reunión es introducir nueva información, se pueden formular preguntas sobre el tema presentado. Quien primero responde, recibe un premio. Este contribuye a que las personas presten más atención a la presentación.

Postas: para las reuniones creativas, se puede realizar un juego de postas utilizando -por ejemplo- una pelota. Este juego funciona de la siguiente manera: se arroja la pelota a un participante y éste debe realizar un comentario sobre el tema y luego arrojarla a un compañero. Cada vez que la pelota llega a manos de alguien, surge una idea. Este juego ayuda a generar más ideas y enfatiza la importancia de participar activamente en una discusión. Es una dinámica espontánea en la que nadie queda sin participar.

Una intervención por una moneda: ideal para las reuniones que tienden a ser dominadas por unas pocas personas. El coordinador reparte igual cantidad de monedas a todos los participantes. Cada uno de ellos debe "gastar" una moneda cada vez que habla. Como no se puede pedir dinero a un compañero, una vez que alguien gasta todas sus monedas, no puede participar más. Además de equilibrar la participación, este juego asegura mayor calidad en las intervenciones, ya que todos se cuidan de no "derrochar" sus monedas.

Humor gráfico: existen historietas que describen diversos aspectos de la vida corporativa y que pueden adaptarse a diferentes tipos de reuniones. Se puede mostrar una historieta relacionada -en algún sentido- con el tema de la reunión, o compartir frases humorísticas. Estos recursos pueden encontrarse fácilmente en Internet.

Un chiste: los chistes son una buena técnica para distender al público y "romper el hielo". Puede comenzarse una reunión con algo sorprendente que produzca una risa general. Si bien la primera reacción de los asistentes será soltar una carcajada, el chiste ubicará a todos en un mismo "clima" y los volverá más receptivos para hablar del tema.

Recepción: otro elemento que contribuye con la distensión de los participantes, es la bienvenida. Los primeros minutos de una reunión tienen un alto impacto en el desarrollo del encuentro. Se puede recibir a los asistentes de manera especial, entregándoles simplemente una golosina, o un presente.

Imágenes:
las imágenes evocan una respuesta emocional en el público. Como vimos, se puede "dar vida" a un informe -o a una presentación- con ilustraciones humorísticas. Otra buena idea es abrir la reunión con un video que marque el tono para el resto del encuentro. Luego de mirar el video, todos los asistentes se encontrarán en un mismo "marco mental" y la reunión fluirá mejor gracias a ese momento compartido. De la misma manera, cerrar la reunión con un video puede motivar al público a aplicar lo visto en su trabajo. Las imágenes refuerzan los puntos clave y dejan a las personas con una o dos ideas resonando en la mente. Otra alternativa muy útil para construir camaradería y dar un sentido de comunidad, es filmar la reunión. Al cierre, se exhibe el video que muestra la experiencia compartida.

Lugar de realización: resulta efectivo variar el lugar donde se realiza la reunión. Salir de la empresa puede ser una buena medida. Muchos restaurantes permiten utilizar un salón privado por el precio de la consumición. Otra modalidad es elegir un lugar relacionado directa o indirectamente con el tema de la reunión, que genere un clima especial. También se puede "tematizar" la sala de reunión, decorándola con pósters, historietas, u otros elementos relacionados al tema. Recordemos que, cuando se cambia el espacio físico, se cambia la atmósfera.

Las personas no recuerdan las presentaciones o los informes de una reunión, sino las experiencias allí vividas. Lo mejor que podemos hacer para que nuestras reuniones sean más productivas, es construir entornos que ofrezcan una experiencia memorable.

Se sabe que el humor y la creatividad están íntimamente relacionados. A medida que exploramos los beneficios del humor, descubrimos que es una fuente de energía que "enciende" el trabajo en equipo. Cuando planifique su próxima reunión... no se olvide de invitar al humor!

El subtexto emocional

Publicado el 13 de Marzo, 2006, 15:22. en El Custodio por la Paz.
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Sabemos que no existe comunicación efectiva sin una escucha efectiva. Recién cuando escuchamos convertimos las palabras en mensaje. Usted puede estar leyendo este artículo y -sin importar lo cuidadosamente elegidas que estén las palabras- si está pensando en otra cosa y no está "escuchando", el mensaje no penetrará en su mente.

Nuestro cerebro suele comportarse como una recepcionista: ve luces que se encienden y dice "de ninguna manera atenderé otra llamada." Y -al igual que una eficiente recepcionista- se muestra muy sensible a aquello que nos ocurre: ve cuán tensos, ocupados -o preocupados- estamos, _evalúa el tráfico de estímulos y regula nuestros niveles de atención.

Se ha descubierto que un mecanismo central para lograr que nuestro cerebro preste atención es la emoción. Emoción y atención están muy relacionadas. Por ejemplo, cuando asistimos a una fiesta y conocemos varias personas, ¿a quiénes prestamos más atención? A quien nos hace reír, a quien nos avergüenza, a quien nos halaga, etc... Es decir, a quienes tienen un impacto emocional en nuestra experiencia.

Cuando algo realmente nos importa -o experimentamos sentimientos intensos hacia ello- prestamos más atención. Por tal motivo -si deseamos realmente escuchar- debemos ir más allá de la denominada "escucha activa" y comprometernos con una "escucha emotiva".

Toda comunicación tiene un sub-texto emocional. Es posible verlo observando a los demás y a nosotros mismos. El sub-texto emocional puede -incluso- modificar el significado de las palabras. Por ejemplo, cuando en una discusión acalorada alguien dice "Desacuerdo con mi estimadísimo colega", todos escuchamos qué significa "estimadísimo" en ese momento. Aunque el hablante pretenda ser cortés, el "estimadísimo" es provocado por una emoción que se opone a su significado original.

¿Por qué es tan importante entender el sub-texto emocional? Después de todo, en la mayoría de nuestras comunicaciones diarias trabajamos arduamente para conseguir claridad y ser conscientemente creíbles. El problema es que la claridad no depende exclusivamente de nuestra racionalidad, sino que puede ser obstaculizada por nuestras emociones.

Analicemos la siguiente conversación:

- ¿Estás enojada?, pregunta el esposo a su mujer
- No, responde ella. No estoy enojada
Como él escucha cierta tensión en su voz, le vuelve a preguntar: - ¿Ni siquiera un poco?
- Te dije que no, responde, esta vez en un tono más agresivo.
- Es que me parecía que estabas enojada, comenta el esposo
- Ahora sí estoy enojada. Me hiciste enojar, finaliza ella

¿Estamos frente a un malentendido? Cuando el hombre pregunta a su esposa si está enojada, ella probablemente lo esté, pero no quiere demostrarlo para evitar un conflicto. Por su lado, él provoca la irritación de la mujer con sus preguntas: si ella no estaba enojada... ahora lo está!

Como la mujer de la historia, hay veces en que -si bien no mentimos- estamos confundidos. Las emociones suelen confundirnos y provocar que nuestras comunicaciones pierdan claridad. Para evitar esto, lo más esencial es ser claros en nuestros sentimientos y asegurar que aquello que digamos no contradiga aquello que sentimos. Alinear los pensamientos con los sentimientos -y luego con las palabras- es síntoma de claridad... emocional.

Solemos ser muy imprecisos en nuestras comunicaciones. Pero esta imprecisión no se resuelve simplemente exigiendo claridad a nuestro razonamiento, o escogiendo con cuidado las palabras. Además, será necesario escuchar las emociones involucradas en la situación. Si ignoramos los sentimientos, perderemos valiosa información.

Sólo atendiendo al sub-texto emocional de nuestras conversaciones aprenderemos a comprender mejor a los demás y a ser más claros en nuestros mensajes. En las comunicaciones humanas... la claridad también es un asunto emocional.

La paz perfecta

Publicado el 9 de Marzo, 2006, 9:10. en El Custodio por la Paz.
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Había una vez un Rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas intentaron.

El rey observó y admiró todas las pinturas, pero solamente hubo dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.
La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre estas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos quienes miraron esta pintura pensaron que esta reflejaba la paz perfecta.
La segunda pintura también tenía montañas. Pero estas eran escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada pacífico.
Pero cuando el Rey observó cuidadosamente, el miró tras la cascada un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto se encontraba un nido. Allí, en medio del rugir de la violenta caída de agua, estaba sentado plácidamente un pajarito en el medio de su nido...
¿Cuál crees que fue la pintura ganadora?
El Rey escogió la segunda. ¿Sabes porqué?
"Porque," explicaba el Rey, "Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa que a pesar de estar en medio de todas estas cosas permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significado de la paz."

La trampa de los problemas

Publicado el 2 de Marzo, 2006, 3:19. en El Custodio por la Paz.
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Una mañana, me senté en la mesa de la cocina y escuché unos fuertes picoteos en el patio de atrás. Era un pájaro atrapado en su propio comedero. El comedero era cerrado, con una pequeña abertura en la parte inferior. El pájaro picoteaba como loco por todas partes intentando salir, pero no lo lograba. Incliné el comedero para que el alpiste cayera hacia la abertura, pensando que iría hacia allí y saldría. Pero no fue así, seguía picoteando cada vez más lejos y más asustado. Entonces pensé: "Si cubro el comedero, de modo que la luz sólo venga de abajo, el pajarito saldrá". Cubrí con cuidado todos los lados... y el pájaro salió en cuestión de segundos! La lucha había terminado.

Caemos en una trampa cuando intentamos resolver los problemas
utilizando el mismo nivel de razonamiento que los ha creado.

Para salir de una trampa, ante todo hay que ser consciente de que se ha caído en ella. Cuando reconozca que se ha cerrado un círculo (tratando de resolver sin éxito un problema, que ahora se ha multiplicado por dos), detenga la noria y bájese. Muchas personas se sienten especialmente frustradas, o se enfadan, cuando constatan que están atrapadas en un círculo vicioso, generado por un modo erróneo de resolver problemas. Deténgase: libere el estrés y sus emociones, como para percibir qué es lo que ocurre en realidad. La liberación y la percepción facilitarán un estado de plenitud de recursos -para el cuerpo y la mente- que le permitirán "distanciarse emocionalmente" del problema. Puede que siga aún en la trampa, pero al menos ya sabrá que est