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EfectividadLa oportunidad, su tiempo oportuno, y su efecto en nuestras vidas, en busca de la eficiencia.
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Publicado el 24 de Febrero, 2007, 15:02.
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Si desea agregar más éxito, más sal y pimienta a su trabajo (sus escritos, reuniones, etc...), la Creatividad es la respuesta! Ella potenciará su proyecto, sus días y, si le deja, cada aspecto de su vida...
"La creatividad es inventar experimentando, creciendo, tomando riesgos, rompiendo reglas, cometiendo errores, y divirtiéndose" - Mary Lou Cook - Desgraciadamente, la creatividad tiene sus rivales y -entre los más grandes- se encuentran la comodidad y la duda. Estos rivales nos impiden (consciente e inconscientemente) usar la creatividad para cualquier tarea o solución.
Usted sabrá cuando la comodidad (o esa familiaridad con la rutina) se instale en su oficina. Escuchará frases como: "de esta manera se hizo siempre". La duda -en cambio- no siempre habla en voz alta, sino que prefiere "susurrarnos" frases como: "no soy una persona creativa", o "nunca hice esto antes".
Si desea tener éxito y ser innovador en su trabajo, usted tiene que abandonar la comodidad y la duda; y reemplazarlas por estas diez maneras de incrementar la creatividad...
1) Comprométase con la creatividad: Elija conscientemente incrementar su energía y atención para encontrar diferentes maneras de ser creativo. Busque la manera de agregar interés a sus eventos de todos los días. Permita que cada uno en su trabajo, sepa que la creatividad es la norma y no la excepción: que es esperada y recompensada.
2) Confíe en que existen muchas soluciones: Busque siempre nuevas maneras de hacer las cosas que ya hace. Todo (desde organizar su lugar de trabajo, hasta responder los pedidos) puede mejorar, al buscar distintas soluciones a desafíos corrientes.
3) Haga lugar para la creatividad en cada proceso: Si usted continúa haciendo algo de la misma manera, continuará obteniendo el mismo resultado. Realice un ejercicio de pensamiento creativo cada vez que le sea posible. Tenga en cuenta estas siete ideas para movilizar su mente:
Asociación: Es lo que sucede cuando usted asocia un cuchillo con un tenedor, un chaleco salvavidas con un bote, o un cassette con un grabador.
Combinación: Unir ideas para formar una nueva idea. Cómo cuando dos o más compañías se juntan para lanzar una oferta especial a sus clientes.
Adaptación: Modificar una idea existente. Por ejemplo si usted anuncia novedades de su negocio vía e.mail a sus actuales clientes, puede adaptar esta idea y aplicarla a sus anteriores clientes y también a los probables.
Sustitución: Reemplazar una cosa por otra. Sustituya un frío presupuesto por fax, por otro enviado en una fina carpeta... o un ceño fruncido por una sonrisa!
Magnificación: Hacer algo más grande. Si su cartel atrae clientes, pruebe hacerlo el doble de grande y vea qué sucede...
Minimización: Hacer algo más chico. Si usted está contento con su nuevo catálogo de ventas que acaba de lanzar, vea que sucede cuando lo hace del tamaño de bolsillo.
Reordenamiento: Poner las cosas en un orden diferente. Eche una mirada al trabajo que acaba de redactar y analice si no sería mejor comenzar con alguno de los otros párrafos.
Ya vimos cómo movilizar su mente. Retomemos entonces las demás maneras de incrementar la creatividad...
4) Hágase preguntas: Su cerebro crece con el ejercicio, y la mejor manera de ejercitarlo es haciendo preguntas. Utilice preguntas con sus clientes. Puede ser una simple pregunta o un cuestionario, pero hágalo periódicamente. Algunas buenas preguntas son: ¿Cómo podría hacer esto de manera diferente? ¿Cómo sería más fácil? ¿Qué cosa haría una gran diferencia? ¿Cómo soy percibido?
5) Tome notas: Anotar incrementa su atención y retención de ideas, y le permite trabajar con ellas más tarde. Tome notas de todas las ideas (las que puede usar inmediatamente y las que no). Pero tan importante como anotar sus ideas, es releerlas periódicamente!
6) Sea curioso: Es necesario para seguir creciendo. Encuentre oportunidades para expandir sus habilidades. Concurra a seminarios, escuche cassettes, o suscríbase a diferentes tipos de publicaciones. Nunca dude en invertir tiempo con expertos, siempre cosechará su recompensa.
7) Reconozca el riesgo como una opción viable: Es una opción que siempre está presente para solucionar desafíos. A través del riesgo, usted puede expandir su experiencia y construir su autoconfianza.
8) Tenga un tiempo libre creativo: Planifique y agende su recreación. Tómese 20 minutos de "mini-vacaciones" cada día, para rejuvenecerse. Camine, siéntese a descansar, o relájese a su manera. Descubrirá que las ideas creativas se hacen mucho más presentes en esos momentos... y no cuando está en su escritorio.
9) Encuentre cada día la manera de ser creativo y divertirse: Diversión es sinónimo de creatividad y suelen ir juntas, como las frutillas con crema. Existe mucho lugar para la diversión en su lugar de trabajo: puede festejar cumpleaños, ascensos, logros del equipo, nuevos clientes, etc...
10) Espere el éxito: Cuando usted comenzó su compromiso con la creatividad, también anticipó resultados positivos. Su optimismo abrirá las puertas a la creatividad y le traerá muchas recompensas.
"El eje competitivo en las décadas a venir estará sostenido por aquellos individuos y compañías que entren en una nueva vida, dirigiendo fuentes de inspiración, creatividad y vitalidad" - Carol Osborne - Incrementar la creatividad es lo que hará la diferencia entre el éxito, o la mediocridad de su negocio. En definitiva, es la creatividad lo que separa a aquellos profesionales que sólo sobreviven... de aquellos que prosperan!
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Publicado el 31 de Octubre, 2006, 17:31.
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La habilidad de negociar exitosamente, es crucial para actuar en nuestra cambiante realidad. Además, puede ser divertida si usted sabe lo que está haciendo. Por eso, es importante que usted conozca las 10 cosas... no negociables!
1) Desarrolle la "conciencia de la negociación": Los negociadores exitosos aceptan cualquier desafío, y saben que todo es negociable. El desafío consiste en pensar por sí mismo. Usted debe ser capaz de elaborar su propia opinión, en lugar de creer en todo lo que le dijeron. En un nivel más práctico significa que tiene el derecho de cuestionar el precio de un automóvil, lo que lee en el periódico, o escucha por TV. Usted no puede negociar hasta que no sea capaz de desafiar la validez de la posición contraria.
También significa preguntar lo que desee y rechazar un "No" por respuesta; expresar sus sentimientos (sin ansiedad o ira); dejar saber lo que usted quiere de manera no amenazante; utilizar oraciones con el "Yo" (por ejemplo, en vez de decir "Usted no debería hacer esto", pruebe a sustituirla por "Yo no me siento cómodo cuando usted hace esto").
Recuerde cuidar sus intereses, respetando los ajenos. Cuando usted sólo ve sus propios intereses y descuida los de los demás, es agresivo. No ser agresivo es parte de la "conciencia de la negociación".
2) Escuche bien: Los negociadores son detectives. Hacen preguntas y luego callan. La otra parte le dirá todo lo que usted desea saber, todo lo que tiene que hacer es escuchar. Muchos conflictos pueden resolverse fácilmente si aprendemos a escuchar. Escuchar es un arte olvidado: estamos tan ocupados haciéndonos oir, que olvidamos escuchar.
Para escuchar siga la regla del 70/30 (escuche el 70% del tiempo, hable el 30%). Aliente a la otra parte a hablar, haciéndole muchas preguntas abiertas, de modo que no puedan ser respondidas con un simple "Si" o un "No".
3) Esté preparado: Los Boy-Scouts tienen razón: hay que estar "siempre listos". Recoja toda la información pertinente antes de la negociación. ¿Que es lo que la otra parte necesita? ¿Qué presiones siente? ¿Qué opciones tiene? Hacer los deberes, es vital para el éxito de la negociación.
4) Apunte alto: Las personas que apuntan alto lo hacen mejor. Si usted espera más, obtiene más. Los negociadores exitosos son optimistas. Los vendedores pueden pedir más de lo que esperan recibir, y los compradores pueden ofrecer menos de lo que están preparados a ofrecer.
5) Sea paciente: Esto es muy difícil. Su paciencia puede ser una gran ventaja, si el otro negociador no lo es.
6) Concéntrese en la satisfacción: Esto significa llenar los intereses básicos de la otra parte. No confunda intereses básicos con posición. La posición es lo que ellos dicen que quieren, sus intereses básicos son lo que realmente necesitan obtener.
7) No haga el primer movimiento: El mejor camino para saber si las aspiraciones de la otra parte son menores, es inducirla a que muestre su juego primero. Si usted lo muestra antes, puede estar dando más de lo necesario.
8) No acepte la primera oferta: Si lo hace, el otro negociador pensará que podría haberlo hecho mejor (fue demasiado fácil). Estará más satisfecho si usted rechaza la primera oferta, ya que cuando diga "Si", concluirá que lo presionó hasta el límite.
9) No haga concesiones unilaterales: Cada vez que de algo, obtenga algo. "Si hago esto, tu haces aquello", de otra manera, estará invitando a la otra parte a pedirle aún más.
10) ¡Esté siempre dispuesto a irse! Nunca negocie sin opciones. Si depende demasiado del resultado positivo de la negociación, usted pierde su habilidad de decir "No".
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Publicado el 9 de Septiembre, 2006, 12:49.
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La planificación debería ser "La" preocupación principal para las organizaciones de cualquier tamaño y edad. Una buena preparación, brinda a las personas un mapa con caminos hacia el éxito. También indica en qué concentrar los esfuerzos, para así trabajar en unas pocas decisiones... que generen el máximo rendimiento de la inversión. Sin embargo, en muchos emprendimientos encontramos personas que prefieren más aprovechar las oportunidades... que planificarlas! Dicho de otra manera, personas que tienden a disparar antes de apuntar.
La planificación del negocio no necesita ser "una pérdida de tiempo", como a menudo suelen verla muchos emprendedores. Los mejores planes están basados en la experiencia previa y en pensamientos claros. Son concisos, practicables y medibles. Y poseen los siguientes elementos:
1) Revisión del negocio: El primer paso en la planificación del negocio, es revisar el desempeño de la organización en el pasado año (o aún antes), identificando las ventas y los beneficios, las tareas cumplidas que fueron clave y las oportunidades de mejora que se presentaron. Si el emprendimiento es totalmente nuevo, es aconsejable conocer a la competencia para aprender de sus éxitos y fracasos.
2) Objetivos para el presente año: Los objetivos deberían apuntar a las ventas y a los beneficios esperados. Si el negocio está establecido, los objetivos tomarán en cuenta el desempeño histórico. Si no, los objetivos deberían ser conservadores: es raro encontrar un nuevo negocio que comience a hacer dinero desde el momento en que abre sus puertas. Todos los objetivos deben ser escritos, de manera tal que sea sencillo medir el progreso más tarde.
3) Estrategia principal: Una vez que la revisión y los objetivos han sido realizados, es mucho más fácil determinar las estrategias centrales que guiarán el negocio durante el corriente año. Piense en la estrategia como en "lo que hay que hacer" y en tácticas para el "cómo hacerlo". La estrategia podría incluir el desarrollo de una red más amplia de relaciones, con vendedores o proveedores, y el acomodamiento de los recursos humanos para optimizar el uso del tiempo y del talento.
4) Tácticas de marketing y ventas: En los emprendimientos, el marketing y las ventas están tan estrechamente unidos, que resulta lógico combinarlos en un único plan. Las tácticas de marketing deben ser actividades que ayuden a generar conciencia, conocimiento y convicción de los productos o servicios. Actividades que ayuden a generar relaciones y posibiliten acuerdos.
5) Tácticas financieras: En los negocios, un "flujo de dinero constante" es a menudo tan importante como el conjunto de las ventas y los beneficios. Las tácticas financieras pueden ser actividades tan diversas como reducir gastos fijos (por ejemplo, estableciendo una oficina en casa en lugar de alquilar una), compartir los beneficios para alentar a cada empleado a dar lo mejor de sí, o pagar antes a proveedores a cambio de importantes descuentos.
6) Tácticas operacionales: Las operaciones productivas son a menudo los "sellos distintivos" de aquellos pequeños negocios que se vuelven grandes. Las tácticas operacionales deben ser actividades que hagan más efectiva la producción de la compañía. Puede ser cualquier cosa, desde comprar una computadora para comunicarse vía e.mail con sus clientes, hasta la racionalización de la producción para minimizar la cantidad de horas laborables, pasando por la inversión en un sistema de contestadores electrónicos.
Una última reflexión: En la formación de planes de negocios, los mejores resultados provienen habitualmente de los equipos de trabajo. Donde una interrelación entre distintos sectores de una compañía, y no sólo el CEO, contribuyan al esfuerzo. Comparta sus planes con cuantas personas pueda y nunca subestime el tiempo y el esfuerzo requerido para el análisis de los mismos. Lamentablemente, la falta de una correcta planificación es aún la mayor causa de los fracasos empresariales. Por eso recuerde: "errar al planear es planear el error".
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Publicado el 17 de Agosto, 2006, 13:12.
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En el ámbito organizacional actual, se utiliza mucho la palabra "coaching". Esta proviene del término inglés "coach", que significa entrenador y -cuyo uso más conocido- está ligado al mundo del deporte. Así como en un deporte, el coach es quien entrena al atleta para que gane sus competencias; en las organizaciones, el coach es quien entrena a las personas para que logren los resultados que anhelan y aporten lo mejor de sí mismas en sus lugares de trabajo.
A pesar del uso cada vez más extendido de la expresión "coaching", el rol del coach en las organizaciones aún se presta a confusiones. Como el coaching es ejercido -en la mayoría de los casos- por consultores, psicólogos y capacitadores, muchas personas piensan que se trata de un tipo de consultoría, otras lo consideran una clase de terapia y otras, lo asocian a un método de capacitación.
Ciertamente, los límites entre el coaching, la terapia, la consultoría, la capacitación y otras disciplinas son muy difusos. Muchas de estas prácticas comparten raíces, influencias, incumbencias y técnicas de trabajo. Todas ellas apuntan a ayudar a las personas y a apoyarlas en su crecimiento. Sin embargo, a pesar de estas características comunes, podemos establecer algunas claras diferencias:
- otras disciplinas parten de una necesidad específica y resuelven puntualmente esa necesidad. En cambio, el coaching va más allá del problema planteado y busca ayudar a las personas y organizaciones a alcanzar una mejora general, desde un enfoque sistémico. El coach apunta a un cambio en la forma de ver de las personas, que produzca una transformación cultural en las organizaciones.
- otras prácticas se basan en la figura del experto: si una empresa quiere resolver un problema vinculado al clima de trabajo, contrata a un consultor especialista en clima laboral; si desea capacitar a su personal en informática, contrata a un instructor especializado en informática... y así sucesivamente. Asimismo, si una persona necesita superar una fobia, o una depresión, consulta con un terapeuta especializado. En cambio, el coach no es -necesariamente- un experto, no posee un conocimiento específico. Lo que sí posee, son destrezas de creatividad, liderazgo y comunicación, que le permiten ayudar a las personas a descubrir un conocimiento que ellas mismas encierran.
- si bien, al igual que otros profesionales, el coach suele ser contratado por una empresa para un trabajo específico (por ejemplo, mejorar la eficiencia del personal), su forma de realizar ese trabajo es muy diferente. Mientras la mayoría de los especialistas toman distancia de una situación, diagnostican un problema y ofrecen una solución, el coach se acerca a las personas y a sus situaciones: les ayuda a identificar los desafíos y luego trabaja con cada una de ellas, para orientarlas en el descubrimiento de sus propias soluciones. Es decir, otros especialistas dan una solución y la entregan a la persona, u organización. El coach, en cambio, crea en conjunto con la persona -o la organización- la posible solución.
- otras disciplinas ofrecen conocimientos externos que existen previos a la situación, mientras que el coaching construye un conocimiento que surge de la situación que vive junto a la persona que está ayudando. Así, en lugar de transferir conocimientos, el coach busca construir capacidades: ofrece a las personas procesos de autoconocimiento, para que ellas puedan reconocer sus emociones, clarificar sus modos de pensar y explorar respuestas a sus problemas y desafíos.
- a diferencia de otros profesionales, un coach no diagnostica, no recomienda, no decide, ni "piensa" por la persona. Lo que hace es ayudarle a verse a sí misma de otro modo, a visualizar más opciones y a distinguir la brecha entre aquello que hace y aquello que desea. Luego, la orienta en el logro de sus metas y sueños, le enseña a descubrir sus "puntos ciegos" y a quitar del camino los obstáculos que le impidan mejorar.
- otros métodos de resolución de problemas parten de un paradigma de necesidad (la persona -o la organización- necesita procesos, información, habilidades, conocimientos, capacidades, etc... para resolver su problema). En cambio, el coaching parte de un paradigma de posibilidad: la persona y la organización poseen fortalezas y capacidades internas, que les permiten mejorar su desempeño y obtener los resultados que persiguen.
- las personas tienden a entablar con muchos profesionales, una relación asimétrica: ellos, por ser los especialistas, son percibidos en un "nivel superior" de conocimientos y habilidades. En cambio, el coach y la persona construyen una relación de igualdad. Esta diferencia en el tipo de relación se traduce en una diferencia en el tipo de comunicación: mientras -en muchos casos- se establece una comunicación unidireccional, en el coaching se construye un verdadero diálogo.
Reconocer estas diferencias es importante para todos: tanto para quien desea un coach, como para quien desea transformarse en uno. Muchas veces, ante el desafío de ayudar a alguien a equilibrar su vida laboral y familiar, un coach se encuentra -sin quererlo- haciendo terapia de pareja. O, consultado por un problema de desempeño en un gerente, se encuentra realizando un análisis estructural de la compañía... Para evitar estos problemas de competencias, las personas y las organizaciones necesitan clarificar sus necesidades y -cada especialista- debe delimitar su campo de trabajo.
Afortunadamente, se puede ayudar a las personas y a las organizaciones de diversas formas. Al comparar el coaching con otras profesiones orientadas a la resolución de problemas -personales y organizacionales- vemos que, si bien todas ayudan a aumentar el desempeño, la efectividad y el bienestar, el coaching va más allá: expande la capacidad de acción de las personas y organizaciones... porque les permite ayudarse a sí mismas.
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Publicado el 11 de Agosto, 2006, 21:44.
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Cuando intentamos resolver un problema entre muchas personas, es frecuente que nadie se escuche, que se presenten ideas en forma desordenada y que las reuniones terminen siendo un verdadero caos. Una opción para ordenar el trabajo grupal, es hacer que la disposición de los participantes cambie -durante la reunión- formando varias figuras. Así, irán formando sucesivamente: un círculo, un cuadrado, un semicírculo, un triángulo y un rectángulo.
La formación de figuras es una efectiva técnica de preparación para resolver problemas en equipo, porque considera la relación entre la posición física de los miembros del grupo y su "posición" frente al problema.
Para la aplicación de esta técnica es recomendable que alguno de los participantes desempeñe el rol de coordinador, o facilitador. Su tarea será indicar y coordinar el cambio de una figura a la otra y registrar las conclusiones de cada paso. A continuación, presentamos los detalles de esta técnica:
Círculo: esta figura favorece la escucha. El círculo es una forma que se utiliza desde tiempos remotos para unir a las personas en torno a algún asunto. Por ejemplo, alrededor de una fogata. Como no contiene extremos, un círculo coloca a las personas en una situación de armonía, igualdad e integración. Esta es una figura importante en las reuniones, porque acerca a las personas. Al verse unos a otros, los participantes comienzan a escucharse y a acercarse: se reclinan sobre sus lugares como señal de atención y así el círculo se hace cada vez más pequeño.
Cuando muchas personas intentan resolver un problema, es muy común que se "eleve la temperatura" de la reunión: cada uno defiende su posición sin escuchar a los demás, sube el tono de voz, etc... Para avanzar en el análisis del problema, es fundamental que se enfríe esta situación. Gracias a su predisposición a la escucha, la formación de un círculo contribuye con este "enfriamiento". Cuando los participantes se escuchan, es más fácil que aprecien el problema en toda su complejidad y tomen conciencia de cómo afecta a otras personas.
Cuadrado: esta figura iguala las posiciones. Como contiene cuatro caras, las personas deberán unirse a quienes se sientan más cercanas en la visión del problema, hasta que queden sólo cuatro posturas. Cada "cara" expone su visión a las demás, luego de consensuar un mensaje entre las personas ubicadas sobre ella. Una característica de esta figura es que todos sus lados tienen el mismo "valor" (es decir, longitud), pero diferente orientación. Su formación permite a los miembros del equipo ordenar las visiones del problema, reconocer sus diferencias, pero teniendo presente la igualdad de valor de cada visión.
Cuando las personas opinan, les cuesta reconocer el valor de las posturas de los demás. Formar un cuadrado les permite "ver" que piensan diferente, pero -a la vez- entender que ninguna perspectiva es superior a otra.
Semicírculo: esta figura permite identificar los recursos faltantes para resolver el problema. Cuando los participantes se sientan formando un semicírculo, queda un espacio vacío frente a ellos. Esta mitad vacía indica que, más allá de cuán lejos hayan llegado en el entendimiento del problema, sólo están "a mitad de camino".
Muchas veces, las personas piensan que al compartir todas sus visiones, ya tienen un cuadro completo del problema. Sin embargo, el conjunto de posturas también es una parcialidad. Para avanzar necesitan más información, considerar otros elementos y -posiblemente- convocar a otras personas. La formación de un semicírculo les da una imagen clara de estas "carencias" que las vuelve más receptivas a recibir ayuda.
Triángulo: esta figura permite simplificar el problema. El triángulo es una figura cuya imagen sugiere foco: consiste en una base amplia, que sostiene dos caras que confluyen en un vértice. Esta forma representa muy bien un proceso de consenso y unificación de criterios. Los participantes forman un triángulo imaginario, ubicándose en la "base" y colocando una pizarra en el vértice opuesto. Cada persona va presentando el material procesado en las etapas anteriores, éste se evalúa y se selecciona aquello que sirve para continuar. A medida que se descartan consideraciones, argumentos e información, el triángulo se achica.
Frente a un problema, las personas tienden a simplificarlo lo antes posible para facilitar el hallazgo de una solución. Es correcto hacer esto, pero como último recurso, no como primer medida. La simplificación es una función necesaria, pero no debe hacerse antes de haber comprendido un problema en toda su complejidad. Gracias a los procesos anteriores, las personas tienen un cuadro claro del problema y esta claridad les permite ejercer elecciones más conscientes y responsables.
Rectángulo: para resolver un problema, normalmente las personas se sientan alrededor de una mesa formando un rectángulo. Pero en lugar de ser la posición inicial y definitiva, debe ser la última, ya que necesita estar precedida por las cuatro anteriores.
En este punto de la reunión, el equipo ha desarrollado una perspectiva genuina y profunda del problema (en su formación en círculo), ha respetado y valorado todas las posturas (cuando formaron un cuadrado), ha considerado toda la información necesaria para resolverlo (a través del semicírculo) y ha simplificado el problema (formación triangular). Recién ahora es el momento de decidir cómo resolver el problema. Haber realizado las etapas anteriores, le permite al equipo determinar qué acciones, estrategias y mediciones tienen más sentido aplicar (determinar estos procedimientos antes hubiese sido inefectivo).
Hay un hecho al que no prestamos la debida atención, pero que resulta crucial en el trabajo grupal: las acciones físicas influyen en las emocionales e intelectuales. Una determinada relación de distancia, posición y contacto visual con otra persona, puede predisponernos a algunas actitudes y alejarnos de otras. Si queremos resolver problemas en equipo en forma efectiva, necesitamos elegir métodos y procesos que propicien determinadas actitudes y no otras.
A lo largo de las etapas del proceso presentado, vimos cómo las sucesivas figuras predisponían a diferentes conductas y facilitaban el logro de determinados resultados. Si pensábamos que un triángulo o un círculo no tenían nada que ver con la resolución de problemas... ahora sabemos que pueden facilitarnos enormemente esta tarea!
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Publicado el 22 de Julio, 2006, 13:57.
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Si pedimos algo y no se cumple, nuestra primera reacción es quejarnos. Nos sentimos "víctimas" y culpamos a la persona que recibió el pedido. Pero, ¿estamos seguros de que no es nuestra culpa? ¿Alguna vez aprendimos a pedir? Si no obtuvimos el resultado deseado... ¿no será que no supimos pedirlo?
Cuando trabajamos junto a otras personas, muchas veces pensamos que llegamos a un acuerdo cuando -en realidad- establecimos las bases para un "futuro desacuerdo". En ocasiones, la ausencia de resultados es producto de una falta de claridad cuando formulamos un pedido. Si no están claras las condiciones de satisfacción de un pedido, es imposible que exista un compromiso... y sin compromiso no hay acción. Analicemos el siguiente diálogo:
- Necesito que todos los pronósticos estén para el viernes al mediodía, comunica un jefe - De acuerdo, dice uno de sus colaboradores - Me parece un tiempo razonable, agrega otro - No hay problema, cierra un tercero
En esta conversación está claro para cuándo (viernes al mediodía) el jefe necesita aquello que pide (los pronósticos)... pero falta especificar quién, de sus tres interlocutores, se encargará de hacerlo. Tal como se planteó el pedido, cualquiera puede ser responsable -o no- de cumplirlo. Así, es probable que todos se retiren de la reunión sin sentirse comprometidos y los pronósticos no aparezcan. El viernes al mediodía... ¿a quién culpamos?
Para ser efectivos en nuestros pedidos (y que nuestra comunicación produzca un resultado) necesitamos generar compromiso. La única manera de lograr esto, es expresarnos con precisión. Para ser respondido, un pedido debe contener claras condiciones de satisfacción: qué pedimos, para cuándo y a quién. Si falta alguno de estos elementos, no obtendremos la respuesta deseada y -muy posiblemente- nos quejemos.
En nuestras comunicaciones, insinuamos, sugerimos, referimos, hacemos alusiones... todo menos comunicar un pedido directo! ¿Por qué tendemos a ser evasivos en nuestras solicitudes? ¿Por qué tememos pedir las cosas "con todas las letras"?
Nos cuesta comunicar un pedido claro y directo, porque tendemos a convertirlo en un acto emocional. Si pedimos algo directamente, tememos que nos perciban como "autoritarios" o insistentes. Cuando pedimos algo directamente, nos exponemos al riesgo de recibir un "no" por respuesta y también tememos ese rechazo. Además, muchas veces pensamos que hicimos un pedido cuando no lo hicimos: creemos que los demás nos entienden, pero carecen de los detalles necesarios para llevar adelante la tarea. Es muy frecuente que tengamos la imagen del resultado deseado en nuestra mente, pero que no la describamos claramente a los demás.
Un pedido bien comunicado -particularmente si se trata de algo complejo- no es un monólogo, es un diálogo. Primero debemos describir aquello que queremos, explicar los requerimientos específicos (fecha, lugar, condiciones, etc...), preguntar si la persona está dispuesta y en condiciones de cumplir el pedido, precisar los recursos que serán necesarios y garantizar que los responsables tengan acceso a ellos. Formular con precisión nuestros pedidos y necesidades es una forma de evitar reacciones ,como la queja y la culpa.
Sabiendo esto, podemos ayudar a otra persona a mejorar sus peticiones, transformando su queja en una oportunidad de acción. Consideremos el siguiente diálogo entre dos colegas:
- Los proveedores nunca devuelven mis llamadas, se lamenta Fernando - ¿En serio? -pregunta su colega- Recuérdame nunca confiar en ellos!
Ahora comparémoslo con el que sigue:
- Los proveedores nunca devuelven mis llamadas - ¿A qué te refieres con "nunca"? ¿Jamás lo han hecho? - Bueno, nunca antes de dos o tres días - ¿Y cuán rápido desearías que lo hicieran? - En menos de 24 horas - ¿Alguna vez les pediste que devuelvan tus llamadas en menos de 24 horas? - No directamente, pensé que era lógico y que no hacía falta... - Bueno, la próxima vez que hables con ellos, explica tu necesidad y pide que te llamen en menos de 24 horas. Si cumplen, perfecto y si no, habla nuevamente con ellos.
Al convertir una queja en un pedido, abrimos las puertas hacia la acción. Es responsabilidad de quien efectúa un pedido hacerlo claramente para no quejarse luego y es responsabilidad de quien escucha una queja, desentrañar un pedido claro y puntual.
Para hacer más productivas nuestras comunicaciones, tenemos que orientar nuestras conversaciones a la acción y al compromiso. Suele pensarse que una cosa es Hablar y otra Hacer... pero estas acciones no son opuestas. Cuando existe un diálogo preciso, se logran excelentes resultados. Aprenda a pedir... y lo comprobará!
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Publicado el 28 de Junio, 2006, 19:01.
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En geografía, una meseta es una "región poco accidentada, formada por terrenos llanos y algo elevados de gran extensión." En nuestras carreras, muchas veces nos encontramos en una "meseta profesional": sentimos que nos hemos estancado y no vemos posibilidades de ascender.
Evidentemente, esta no es una imagen feliz. Estabilizarse -o nivelarse- profesionalmente es una situación que suele estar cargada de connotaciones negativas: para muchas personas, no "ganar altura" es sinónimo de fracaso.
Es muy frecuente encontrarse en una "meseta". Cada vez más profesionales descubren que su nivel de carrera está por debajo de su nivel de competencias. En muchas compañías, existen personas muy calificadas para ocupar posiciones superiores, que no encuentran posibilidades de ascenso en la estructura organizacional. La mayoría de las empresas está reduciendo jerarquías, eliminando niveles gerenciales, formando equipos y trasladando las decisiones a los niveles inferiores. Bajo este modelo organizacional, muchas personas listas para "ascender", descubren que el puesto soñado ya no existe y que deben compartir el liderazgo al cual aspiraban.
Esta ausencia -temporal o prolongada- de movilidad ascendente en una organización, recibe el nombre de "meseta de posición" y se parece mucho al concepto utilizado por la geografía: las personas se encuentran en un terreno "poco accidentado", donde las posibilidades de "elevación" (mejorar su salario, posicionamiento, o estatus) son escasas.
La psicología utiliza el concepto "meseta" de manera diferente a la geografía: lo define como "aquel período en el cual el aprendizaje de una persona se detiene." De este concepto se desprende un segundo tipo de meseta profesional que se denomina "meseta de contribución".
Cuando una persona se encuentra en una meseta de contribución, no está desarrollando nuevas competencias. Como consecuencia, su capacidad para agregar valor disminuye y -con ella- sus posibilidades de lograr un ascenso, o una mejora en su situación laboral. En este caso, la "elevación" no está limitada por el "terreno" (la estructura organizacional), sino por la propia persona.
Ambos tipos de meseta son prácticamente opuestos. Tarde o temprano, todos nos encontramos en una meseta de posición, aunque no necesariamente en una de contribución. A su vez, tenemos escaso control sobre las fuerzas que generan una meseta de posición, pero podemos tener todo el control sobre aquellas que provocan una meseta de contribución. Finalmente, la primera no impide a alguien ser un profesional valioso, pero quien llega a la segunda pierde rápidamente su valor profesional.
Hallarse en una meseta de posición no es responsabilidad de la persona, ni tiene directa relación con sus talentos, energía, o compromiso. Como vimos, no está dentro de sus posibilidades de control. En cambio, la meseta de contribución sí es responsabilidad de cada uno de nosotros. Y, si bien es menos visible que la de posición, resulta mucho más determinante. Podemos dejar de "subir" sin perder la habilidad para contribuir. Pero no podemos hacer lo contrario: si dejamos de contribuir... difícilmente podremos llegar más alto.
Una meseta de posición puede originar una de contribución. Para algunas personas, llegar al final de sus oportunidades de ascenso afecta su motivación para continuar incorporando habilidades. Cuando descubren que no tienen posibilidades de ascender, muchos se sienten justificados para escatimar esfuerzos y compromiso. Pero también una meseta de contribución puede ser causa de una de posición. Una aparente meseta de posición, puede ser -en realidad- una meseta de contribución.
Por todo esto, continuar contribuyendo es la manera más efectiva de salir de una meseta profesional. Cuando se encuentran maneras de crecer y aportar valor, más allá del puesto que se ocupe, se abren puertas para futuras mejoras.
Todos podemos sentir en algún momento de nuestras vidas que estamos en una meseta, pero es importante identificar el tipo de meseta en el que nos encontramos. Clarificarla nos ayudará a salir de ella. Usted... ¿en qué meseta se encuentra?
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Publicado el 27 de Mayo, 2006, 16:16.
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Dar y recibir retroalimentación (o feedback) es considerado un recurso de comunicación fundamental en las organizaciones. Así como permite a los empleados evaluar su desempeño y obtener sugerencias para mejorarlo, también ofrece a los líderes la posibilidad de conocer la percepción que tienen los trabajadores de su estilo gerencial.
Sin dejar de considerar estos -y otros- beneficios del feedback, es preciso marcar una limitación fundamental de esta herramienta: se enfoca en el pasado, en aquello que ya ocurrió, en lugar de hacerlo en las cosas que podrían suceder. Esto hace que la retroalimentación no resulte del todo efectiva como herramienta de cambio, ni sea percibida como una instancia constructiva. Cuando alguien nos señala algo que hicimos mal, ¿cómo nos sentimos? Ahora bien, si esa persona, en lugar de observar un error, se acerca y nos dice: "tengo algunas recomendaciones que podrían ayudarte en el futuro"... ¿No nos sentimos mejor con esta comunicación?
Esta diferencia llevó a Jon Katzenbach y Marshall Goldsmith, especialistas en comunicación y en management, a acuñar un concepto traducido como proalimentación (feedforward, en el inglés original.) Esta noción se basa en que resulta más productivo dar sugerencias de cambio para el futuro, que formular observaciones acerca del pasado. En una proalimentación, el mensaje es constructivo, no correctivo.
A continuación, presentamos algunas razones por las cuales conviene tener en cuenta la proalimentación en las comunicaciones en nuestro trabajo... y en las demás también!
Apunta al futuro: el pasado no puede modificarse; toda posibilidad de cambio es futura. La proalimentación ayuda a las personas a visualizar y concentrarse en un futuro positivo, en lugar de hacerlo en un pasado equivocado. Cuando damos ideas a alguien sobre la manera en que puede obtener mejores resultados, aumentamos sus posibilidades de mejorar su desempeño y alcanzar sus metas.
Se enfoca en soluciones: es más productivo ayudar a hacer algo bien, que probar que se hizo mal. Hay personas que describen meticulosamente los errores de los demás, creyendo que así les ayudarán a mejorar. Pero en lugar de brindarles ayuda, les mortifican y les colocan a la defensiva. Cuando esto sucede, la comunicación termina convirtiéndose en una discusión sobre errores, problemas y culpas. La proalimentación -en cambio- es positiva, porque se enfoca en las soluciones y en las posibilidades de mejora.
Puede darla y recibirla cualquier persona: las críticas (para que sean escuchadas y asimiladas) requieren una relación de confianza previa entre las personas que interactúan. La proalimentación no exige esta confianza, porque se centra en la tarea, en lugar de hacerlo en la persona. Esto hace que se reciba como una recomendación general y no como una crítica personal. Además, en el ámbito organizacional, una crítica suele aceptarse sólo si se dirige de "arriba" hacia "abajo". En cambio, la proalimentación se puede aplicar en todos los sentidos, más allá de las jerarquías. No es necesaria una posición de autoridad para dar proalimentación.
Es más rápida: cuando decimos directamente "aquí tengo tres ideas para sugerirte", no perdemos tiempo en interpretaciones, porque el foco de la comunicación es claro. No hay que discutir nada, ya que no se ponen en juicio las ideas, o las conductas de la otra persona.
No incomoda: esta forma de comunicación no resulta vergonzosa para quien la recibe, ni embarazosa para quien la emite.
Muchas personas no desean recibir -ni dar- retroalimentación, porque sienten que se parece mucho a una evaluación... y a la mayoría no le agrada evaluar, o ser evaluada. Sin embargo, las evaluaciones y la retroalimentación son mecanismos formales, necesarios en todas las empresas. La proalimentación no es un sustituto de la retroalimentación, pero puede ser un complemento muy útil para las interacciones informales.
Esta herramienta mejora la calidad de nuestras comunicaciones, porque aumenta nuestras posibilidades de ser escuchados y de ayudar realmente a alguien a cambiar. Si bien la retroalimentación es una efectiva herramienta de evaluación, la proalimentación es un efectivo recurso de transformación.
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Publicado el 20 de Mayo, 2006, 14:12.
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Si le preguntáramos a un escultor cuánto tiempo le llevó crear su escultura, probablemente nos contestaría: "No sé". Igualmente, si le pidiéramos una idea aproximada de sus ganancias y gastos mensuales, tampoco los sabría. Y no sería extraño que agregara: "Por el dinero que se preocupen los vendedores. Yo, soy un artista"...
Pero el arte y el éxito económico no deben ser enemigos. Este es el mayor error que puede cometer un artista: no considerar su carrera como una profesión, un negocio... e invertir en él. Como todo profesional independiente, el artista necesita hacer un seguimiento de sus costos y tener conciencia de ellos. Además de pinturas, papeles; tinta; herramientas; instrumentos; libros (o todo aquello que necesite para desarrollar su arte), tiene que pagar la renta; alimentar a su familia; vestirse; pagar sus impuestos; etc; etc; etc...
Por eso es fundamental que -un artista- comprenda, que mientras más sepa sobre el negocio detrás de su disciplina, más efectivo será como artista. Sabrá a quién dirigirse, dónde vender su obra, cómo hacer más productivas sus horas y obtendrá más recursos... para producir más y mejor! Si pretende vivir del arte, tiene que saber que vender no es mala palabra.
Los artistas cuyas prácticas son "solitarias", tienen tendencia a descuidar las relaciones. Deben esforzarse por evitar esto y desarrollar relaciones continuamente: dando conferencias, enseñando, asistiendo a eventos, etc. Los artistas que pasan todo el día encerrados en sus talleres y no "salen al mercado", reducen considerablemente sus posibilidades de éxito.
Un artista necesita:
- ponerle un precio a su trabajo
- conocer el mercado y el público al que quiere llegar
- elegir con cuidado su principal fuente de ingreso
- mantener contacto con el medio artístico en el que se desenvuelve
- cuidar sus costos y administrar celosamente sus ganancias
- proteger el delicado equilibrio entre creatividad (autenticidad) y productividad (comercialización)
Muchas personas con vocación artística desean poder vivir de su arte. Sin embargo, pocas corren el riesgo de perder sus ingresos estables: la tranquilidad financiera de un trabajo "seguro" seduce hasta al más bohemio... En tal caso, un buen "truco" es encontrar un trabajo que utilice los mismos recursos -mentales y/o físicos- involucrados en el proceso artístico, lo cual es una buena forma de practicar el arte y hacer dinero. Por ejemplo, un escritor, puede trabajar de corrector en un periódico, de redactor publicitario, etc... De la misma manera, un escultor de metales puede trabajar en un taller metalúrgico y perfeccionar sus soldaduras, a la vez que experimenta con nuevos materiales y técnicas. También podría llegar a obtener materia prima gratuita para sus esculturas.
Es fundamental distinguir entre aquellos trabajos que sirven para desarrollar la carrera y aquellos que sólo son un medio para pagar las cuentas. Desde luego, es difícil encontrar el equilibrio entre ambas necesidades. Un artista necesita ser mucho más consciente de este equilibrio que cualquier otra persona. Para él, cada semana requerirá un acto de equilibrio entre el arte y la profesión, la necesidad de creatividad y de independencia financiera, el tiempo dedicado al arte y el compartido con la familia.
Aquellos artistas que logran reconocimiento profesional y recompensa financiera son quienes han hecho un compromiso a largo plazo con su vocación. La pasión por el trabajo es fundamental para el éxito en todas las profesiones, pero especialmente en las artísticas. Se necesita mucho amor y coraje para soportar las largas horas de trabajo y las frustraciones que demanda completar cualquier obra. Miguel Angel solía decir: "si las personas supieran cuán duro trabajo para lograr mi obra, no les parecería tan maravillosa después de todo."
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Publicado el 13 de Mayo, 2006, 14:07.
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La innovación, como todo proceso organizacional, ocurre en un lugar. Para innovar necesitamos un entorno físico que facilite la creatividad y el pensamiento estratégico. Esta es la razón por la cual los artistas tienen sus estudios o talleres. Ellos necesitan un espacio que les recuerde que están allí para crear.
La mayoría de las empresas diseñan sus espacios de trabajo pensando en las tareas rutinarias. Así, la arquitectura corporativa estándar contempla salas de reuniones, oficinas privadas, cubículos, pasillos, cocinas, un comedor, baños, etc... Sin embargo, la innovación no ocurre dentro de la rutina, sino cuando nos apartamos de ella.
A muchas organizaciones les cuesta innovar porque no tienen un lugar donde hacerlo, un lugar donde las personas puedan "apartarse". Poseen salas que un equipo utiliza durante una hora -o dos- para un proyecto determinado, pero que luego debe liberar para otro uso. Pensemos qué ocurriría si las empresas tuvieran un lugar exclusivo para la innovación, donde la creatividad pudiera fluir según su propio "tiempo" y no fuese interrumpida porque el espacio se necesita para otra actividad.
Hay espacios físicos que permiten "abrir" la mente (y posibilitan que la creatividad fluya) y otros que no. En realidad aún no se sabe con precisión cuáles son las condiciones arquitectónicas que alientan el pensamiento creativo, aunque lo fundamental es alcanzar un equilibrio entre estructura y libertad. Según muchos, lo mejor es tener una habitación que admita varios usos, que sea flexible dependiendo de cada necesidad. Por ejemplo, hay empresas que tienen una habitación para usos múltiples que contiene un equipo de música, algunos libros, marcadores, hojas en blanco y -ocasionalmente- algunos juegos. No tiene computadoras ni teléfonos. Este es el tipo de espacio que permite a las personas estar tranquilas y pensar con libertad.
Otras organizaciones, van mucho más lejos...
Una consultora italiana pensó en un espacio muy original para sus procesos creativos: un teatro. Sí, leyó bien: construyeron un pequeño teatro con butacas, escenario y telón. Allí se reúnen para "representar", como si se tratase de una obra de teatro, sus proyectos de innovación. ¿Cuál fue el fundamento de esta decisión tan particular?
Según los impulsores de esta idea, en un teatro, las personas olvidan rápidamente el espacio físico en el que se encuentran. Se olvidan que están sentadas en una butaca y rodeadas de otros espectadores, porque hay una suspensión de la realidad que modifica su "espacio mental". De la misma manera, cuando "representan" sus proyectos en ese teatro, los integrantes de un equipo se olvidan que están trabajando!
Desde luego, si en un teatro la obra es mala, si el público se aburre, un actor dice mal una línea, o se quema una lámpara en medio de un acto, ese espacio mental es destruído y las personas regresan a la realidad. Es como despertar de un sueño. Lo mismo ocurre cuando necesitamos ser creativos en nuestros trabajos. Si constantemente nos interrumpen, suena el teléfono o nos distraemos con otra tarea, ese "flujo mental" se interrumpe y la creatividad se suspende.
Por el contrario, en el teatro, los equipos trabajan fluídamente por horas: si la historia es buena, la dramatización es convincente y la ambientación es correcta, llegamos a un punto en el que nos involucramos tanto que el espacio y el tiempo adquieren un significado diferente. Cuando existe una verdadera inmersión, las personas son "absorbidas" por la acción del escenario y entran en un estado de flujo, que les sumerge por completo en la historia (el proyecto en el cual trabajan).
Los ideólogos de esta técnica afirman que las compañías necesitan descubrir las "tramas" de sus innovaciones y diseñar espacios propios para poder desplegarlas. Una arquitectura que sólo contemple las tareas de rutina, no contribuirá con este objetivo. Hay una gran diferencia entre aquello que las personas hacen físicamente -en una empresa- y el espacio mental en el que están inmersas cuando trabajan.
Aristóteles creía que, el teatro, producía una transformación psicológica y espiritual en las personas. Cuando ingresamos al espacio físico llamado "teatro" -que tiene su espacio mental llamado "historia"- entramos en un proceso de transformación.
La arquitectura de una organización nos dice mucho acerca de ella: podemos saber si es innovadora o conservadora con sólo estudiar su relación "tareas-espacios". Hay empresas que piensan que, si hacen un retiro corporativo -o convocan a una jornada de golf en un club- sus empleados encontrarán mayor claridad mental y renovarán su motivación creativa. Lo que no saben, es que esa motivación desaparecerá rápidamente si, al volver al trabajo, no encuentran un lugar donde desplegar su creatividad.
Una arquitectura que aliente la creatividad tiene efectos muy profundos: transforma la perspectiva de las personas y su disposición emocional. Además, crea nuevas herramientas de comunicación y nuevos significados. La innovación no sólo necesita contenido, sino también un contexto donde desplegarse. Los procesos creativos -para ser efectivos- necesitan ser apoyados por sistemas organizacionales integrales. Aunque para ello, sea necesario hacer un poco de teatro.
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Publicado el 25 de Abril, 2006, 16:59.
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Hace algunos años comenzó a librarse la "Guerra por el Talento", basada en la teoría que sostiene que -las mejores compañías- son aquellas que seleccionan y retienen las personas más talentosas. Según esta teoría, "apostar a los mejores" es garantizar la ventaja competitiva, porque el potencial de éxito reside en las individualidades sobresalientes.
Este enfoque justificó el elevado énfasis que muchas empresas pusieron en "seducir" a los mejores promedios (de las más prestigiosas universidades) y en contratar los servicios de los más hábiles caza-talentos. Aunque no sea la primera vez que sucede, es triste que esta guerra haya sido desatada por una suposición... errónea!
Aún no ha sido demostrado que exista una relación directa entre el coeficiente intelectual y el desempeño laboral. Es muy común el caso de personas -con excelentes calificaciones académicas- que no alcanzan logros en sus trabajos o tienen recurrentes problemas laborales. Una de las posibles causas de esta paradoja, es que un sistema educativo evalúa a las personas individualmente, mientras que en un sistema laboral, las evalúa en función de su trabajo con otras personas.
Es indudable que la sociedad, la cultura y la ciencia siempre se han enriquecido por el genio individual. "Guernica" no fue pintado en grupo, ni la teoría de la relatividad surgió en una reunión de equipo. Sin embargo, las empresas trabajan bajo otras reglas: sus éxitos son producto de un desempeño superior del conjunto y no de una "mente brillante". De ahí la dificultad de trasladar -mecánicamente- lo transmitido en las escuelas y universidades, al mundo del trabajo.
Es incorrecto asumir que la inteligencia organizacional es directamente proporcional al coeficiente intelectual de sus empleados. ¿Acaso McDonald's no es una compañía inteligente? ¿Podemos decir que una agencia publicitaria es -como empresa- más inteligente que una fábrica de pastas? Para dar otro ejemplo, podríamos citar dos compañías: Xerox y Enron, que eran muy reconocidas por el gran talento individual que poseían... y dónde están hoy? Más allá que las razones de sus colapsos sean complejas, lo cierto es que sus respectivos "talentos individuales" no les garantizaron el éxito.
Un empleador necesita evaluar el potencial de un empleado, pero más aún necesita evaluar su desempeño real. Si el talento se separa del desempeño real, ¿cuál es su utilidad? Existen compañías que transfieren constantemente a las personas talentosas, haciéndolas cambiar de tareas y desafíos. Esta alta rotación impide conocer su desempeño real y su entrega de valor en la organización.
Hay compañías donde los "talentos" hacen prácticamente lo que quieren: se les dan grandes oportunidades y -si fracasan- se les dan nuevas. Estas empresas confían -e invierten- tanto en estos empleados, que olvidan que pueden fallar. Además, estos empleados "premium" suelen recibir remuneraciones mucho más elevadas que los demás trabajadores. Esto es perjudicial para todos: ¿qué mensaje se transmite al resto del personal? ¿se desea alentar el crecimiento individual, o el colectivo?
Es indiscutible que las personas talentosas son muy importantes y que su retención -de parte de las empresas- es crucial. Pero, sobrestimar el talento puede ser perjudicial para el conjunto. Un sistema de "administración del talento" requiere un sistema de evaluación preciso, sistemático y justo. Debe ser capaz de reconocer a los mejores y remunerarles acorde a su desempeño. Las evaluaciones imprecisas son percibidas como arbitrarias y ponen en riesgo el buen clima organizacional.
Existe una alternativa a la "Guerra por el Talento": los sistemas de alto desempeño. En lugar de confiar ciegamente en las personas talentosas, podemos diseñar sistemas que produzcan grandes resultados, gracias al aporte de todos: las personas muy inteligentes... y las demás. Las empresas exitosas, son aquellas donde el talento... está en los sistemas.
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Publicado el 17 de Abril, 2006, 18:02.
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Podemos admirar a nuestro jefe como persona y -por eso- tolerarle una conducta contraproducente. Pero al hacerlo, todos nos perjudicamos. Incluso ponemos en riesgo su liderazgo (y toda la organización) porque -tarde o temprano- las consecuencias de esta conducta se harán evidentes y resultarán mucho más graves. Callarnos, puede hacernos perder el respeto que teníamos por él... Y en una relación deteriorada, prestamos tanta atención a los defectos, que perdemos de vista las virtudes y necesidades.
La calidad de la relación entre jefes y subordinados es fundamental en toda organización. La visión tradicional del liderazgo, vuelca en el jefe toda la responsabilidad de esta calidad. Pero tal vez sea un error... Un buen empleado puede frustrarse si observa conductas -en su superior- que atentan contra el crecimiento, la productividad, o la motivación general. Siente que su jefe debe cambiar pero... ¿cómo decírselo?
Toda transformación comienza con uno mismo. En la relación con su superior, cualquier subordinado tiene el poder de generar un cambio. Este proceso, comienza con un profundo auto-examen: cuanto más claramente defina su comportamiento habitual, más efectivamente podrá -el empleado- dirigirse a su jefe. Por tal motivo, antes de realizar una observación negativa, es muy útil que reflexione sobre lo siguiente:
- ¿Apoyo firmemente el propósito de mi equipo y de la organización? ¿Alineo mis intereses personales con los de ellos... o escatimo mi contribución? ¿Tomo iniciativas para asegurarme que el grupo cumpla sus metas? ¿Tengo poder para tomar más iniciativas?
- Mi carácter... ¿me ayuda a ganarme la confianza de los demás? ¿Por qué no? ¿Soy rebelde? ¿Tiendo a adoptar una actitud sumisa y funcional para no correr riesgos? ¿Y mi desempeño? ¿Qué puedo hacer para mejorar ambos?
- ¿Cuento con habilidades suficientes como para dar feedback? ¿O siempre pongo a todos a la defensiva? Si no, ¿cómo las puedo desarrollar? ¿Qué puedo hacer para que todos sean más receptivos a mis observaciones ?
- ¿Qué habilidades y atributos tiene mi jefe? ¿Cómo podría utilizarlos, para lograr mejores resultados? ¿Cuenta con los recursos que necesita para mejorar? ¿Bajo qué presiones y desafíos se encuentra?
- ¿Son realistas mis expectativas de cambio? ¿Alguna vez clarifiqué mis expectativas con mi superior? ¿Conozco verdaderamente las razones de su conducta? Si él no estuviese, ¿se modificaría algo?
- Si pienso que a mi jefe le cuesta decidir, ¿qué estoy diciendo realmente? ¿Que es lento? ¿Tímido? ¿Que respeta demasiado las burocracias? ¿Que teme cometer errores? ¿Y si en lugar de valor le falta información? ¿Y si tiene una visión diferente de las cosas?
Usted será efectivo en su comunicación, sólo si respeta y comprende a su jefe verdaderamente. Su respeto y comprensión harán que, al hablar, no sea percibido -ni tratado- como una amenaza. Un primer paso en este sentido, es recuperar todo lo positivo de su jefe: principalmente, intente entender cómo ve las cosas. Conocer la "forma de ver" de su superior, es la única manera de comprender el porqué de sus hábitos y de ayudarle a cambiar aquellos inefectivos.
Decirle al jefe que no está actuando correctamente suena a "suicidio laboral", sin embargo, puede ser mucho más efectivo que sea el subordinado quien asuma la responsabilidad de construir una relación abierta, auténtica y valiente con su superior. Al estar más cerca del resto del personal, de los clientes y de los procesos diarios, un empleado puede ser una rica fuente de observaciones y sugerencias.
Ser un buen empleado no significa decir siempre "Sí señor". Un seguidor debe apoyar a su líder, pero también debe cuestionarle sus acciones y políticas cuando las cree perjudiciales. Estas conversaciones son difíciles pero necesarias. Además, son el único medio de deshacer los patrones de conducta inefectivos y aprender nuevas formas de comunicarse y trabajar juntos.
El desempeño inefectivo de su jefe, podría estar indicando que tiene un "punto ciego". Esperar que lo detecte es insensato: así como usted no puede rascarse la espalda con el codo, su superior no puede alcanzar sus puntos ciegos. Necesita ayuda. ¿Y quién mejor que usted; aquella persona que más cerca está y mejor lo conoce? No lo dude: para ayudar a su jefe... hable con él.
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Publicado el 27 de Marzo, 2006, 14:26.
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Solemos pensar que, si queremos ser creativos, debemos hacer algo "diferente" para llamar la atención. Esto ocurre porque confundimos originalidad con creatividad. Por ejemplo, si la publicidad de un producto nos sorprende, capta nuestra atención y logra que -como consumidores- diferenciemos ese producto de la competencia, decimos que "es creativa". Pero... ¿realmente lo es?
Sin duda es original. Sin duda es diferente. Aunque esto no es tan difícil de lograr: si todas las naranjas son de color anaranjado, una naranja violeta resultará diferente y llamará nuestra atención. Cuando todas las sillas tienen cuatro patas, una de cinco -definitivamente- es original. Por eso, hablamos de cosas "creativas"... que sólo son diferentes!
Entonces... ¿cuál es la diferencia entre originalidad y creatividad? La generación de valor: esto es lo que las separa. Cuando asumimos que ser creativos significa ser originales, desarrollamos una creatividad en la cual el único valor es la diferencia. Es decir, utilizamos la creatividad como un fin en sí misma, en lugar de usarla como un medio para agregar valor.
Como regla general, en una sesión de brainstorming (tormenta de ideas) todas las ideas están permitidas. Alguien puede sugerir, por ejemplo, fabricar cepillos dentales sin cerdas. Pero, ¿un cepillo sin cerdas limpia mejor los dientes que uno con ellas? El hecho que el cepillo no tenga cerdas, puede llamar mucho la atención aunque -en sí- no agrega un valor tangible a sus consumidores. Imaginemos ahora otra sesión, donde alguien propone fabricar fósforos con dos cabezas. Muy original, desde luego, pero aquí también cabe preguntarse... ¿cuál es el valor agregado?
Para responder esta pregunta, es necesario comprender que -tanto el ejemplo del cepillo, como el de las cerillas- se basan en la provocación. La provocación es un primer paso en un proceso de creatividad y no el objetivo final. Como estrategia no tiene valor, a menos que nos permita avanzar hacia una nueva idea que sí lo tenga: fabricar cepillos sin cerdas no tiene una aplicación comercial inmediata, pero puede funcionar como "idea disparadora" para cepillos dentales que limpien con aire, agua, o una mezcla de ambos. Fabricar cerillas con dos cabezas (una en cada extremo) podría ahorrar mucha madera y el VALOR estaría dado por el mejor aprovechamiento de los recursos naturales.
Del mismo modo, pensar en autos con ruedas cuadradas es una idea provocativa que no tiene aplicación. Si nos quedamos en ella, no estaremos generando valor. Pero, si nos sirve para pensar en un mejor sistema de suspensión, habremos dado un salto cualitativo. La diferencia (originalidad) es sólo la antecámara del valor.
Cuando buscamos generar ideas de valor, es útil distinguir entre diferencias superficiales y diferencias profundas. Las diferencias superficiales son generalmente modificaciones de una idea dentro del mismo concepto. Las diferencias profundas involucran conceptos diferentes. El peligro radica en conformarse con diferencias superficiales, en lugar de buscar diferencias más profundas. Supongamos que nos piden re-diseñar una taza de café. ¿Qué propondríamos?
- ¿una asa más ergonómica, para que sea más fácil levantarla?
- ¿una mejor aislación, para mantener caliente el café?
- ¿por qué no pintar un calendario en la taza, o colocar frases inspiradoras?
- ¿y si la personalizamos con nombres?
Todas estas sugerencias apuntan a cambios superficiales. En cambio, pueden imaginarse diferencias más profundas, como por ejemplo:
- la taza indicaría la temperatura del líquido contenido
- sería inflable para no ocupar lugar
- tendría asa extensible para distintos tamaños de manos (o para ser usada con guantes)
- tendría baterías recargables para calentar el líquido
- tendría radio, para desayunar escuchando las noticias, etc...
Para lograr una creatividad efectiva necesitamos generar valor. La diferencia sólo resulta útil, si nos ayuda a explorar valores tangibles que se desprendan de ella. En la creatividad siempre habrá un lugar para la originalidad, pero como un camino hacia significados mucho más profundos.
En definitiva, si bien es cierto que hacer algo diferente no es tan difícil... hacer algo efectivamente creativo si lo es! La originalidad sola no basta para generar valor. Comprender esto es muy importantes porque muchas veces, frente a la necesidad de ser creativos, sólo sabemos ser diferentes...
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Publicado el 21 de Marzo, 2006, 17:13.
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Hoy, existen diversas herramientas tecnológicas que nos ayudan con nuestras actividades. Además de nuestra computadora personal, tenemos los teléfonos celulares, los pequeños organizadores electrónicos (que hacen posible tomar notas durante una reunión, o que activan una alarma cuando es hora de asistir a una cita). También, cuando trabajamos en equipo, están las video-conferencias (que permiten reuniones virtuales) o el simple y económico "chat". Como podemos notar, muchas de estas herramientas tienen que ver con la comunicación.
Fuimos incorporando la tecnología poco a poco, al punto que hoy... es parte indispensable de nuestra vida! Pero, así como puede ayudarnos a ser más productivos, también puede sumar más presión a nuestra vida, distraernos de las cosas importantes y separarnos de los demás. Por ejemplo, muchas veces nos sentimos víctimas del correo electrónico; del contestador de llamadas; del fax; del teléfono celular; etc... Todas estas herramientas nos crean un "sentido de urgencia" que nos hace reaccionar compulsivamente: cuando nuestro teléfono suena en cualquier momento y lugar, o el correo electrónico dice “urgente”, nos sentimos forzados a dejar aquello que estábamos haciendo para responder de inmediato.
Por lo general, somos interrumpidos durante nuestras tareas más importantes (cuando estamos concentrados en nuestro trabajo, o cuando cenamos con nuestros hijos). Esto nos demuestra que, si bien es cierto que la tecnología hace más "eficiente" la comunicación, esto no implica que la haga más efectiva.
"¿Por qué esta magnífica tecnología, que ahorra trabajo y nos hace la vida más fácil, nos aporta tan poca felicidad? Simplemente, porque aún no hemos aprendido a usarla con tino." - Albert Einstein -
Por fortuna, podemos resistir "la tentación" de reaccionar ante la tecnología y tener una actitud más inteligente frente a ella. Estas son algunas acciones proactivas, que nos permiten concentrarnos en aquello que es más importante: - apagar el teléfono celular cuando compartimos un momento con nuestra familia - no consultar el correo electrónico cada cinco minutos - no utilizar el teléfono como sustituto de las visitas personales - no viajar con nuestra computadora portátil
No siempre podemos decidir no abrir el correo electrónico, o no contestar una llamada. Pero si podemos decidir hacer las tareas más importantes primero y responder luego los mensajes recibidos. También, podemos evitar recibir comunicaciones del trabajo en nuestra casa.
En definitiva, es nuestro poder de decisión -y no la tecnología- quien determina la efectividad de nuestra comunicación. Nuestra manera de utilizar la tecnología puede ayudarnos a fortalecer la relación con otra persona, o a deteriorarla. Si mientras hablamos por teléfono interrumpimos a nuestro interlocutor (cada vez que suena el aviso de llamadas entrantes) le estamos dando un mensaje: nos importa más la tecnología, que la persona al otro lado de la línea.
Para que no nos ocurra esto, necesitamos comprender que los principios de la comunicación son siempre los mismos, aunque hoy medie la más sofisticada tecnología entre las personas. Para construir relaciones de alta calidad, es fundamental el trato humano. Debemos escucharnos, respetarnos, comprender nuestras diferencias y buscar el mutuo beneficio. Por eso, antes que la tecnología "llame", preguntémonos:
- ¿Respondo según mis valores y prioridades reales, o por la presión de las circunstancias?
- ¿Estoy eligiendo proactivamente, o reaccionando compulsivamente?
- ¿Soy capaz de resistir lo urgente y responder sólo a lo importante?
- ¿Soy consciente que del otro lado hay una persona?
- ¿Comprendo que la tecnología es sólo un medio y no un fin?
- ¿Utilizo la tecnología sólo para hacerme escuchar, o también para escuchar a los demás?
- ¿La utilizo para ser más responsable, organizar y facilitar mi vida?
Hasta que no podamos comprender y clarificar nuestra verdadera relación con la tecnología, la seguiremos utilizando irreflexivamente. Esto puede significar "perder contacto": con las demás personas y con nosotros mismos. Para mejorar nuestra efectividad, debemos -ante todo- preguntarnos... ¿quién está al servicio de quién? ¿Somos amos, o sirvientes?
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Publicado el 18 de Marzo, 2006, 12:14.
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La mayoría de las personas afirma que necesita más tiempo libre. Paradójicamente, en nuestra cultura de "máxima productividad", este reclamo resulta aterrador y culposo para muchos. Como consecuencia, censuramos nuestro tiempo libre y terminamos viviendo momentos de ocio vacíos y rutinarios. Esto ocurre porque asociamos el ocio con la frivolidad.
La tradición de la antigua Grecia -y particularmente la filosofía aristotélica- puede alertarnos sobre la extraordinaria importancia del tiempo libre para la vida moderna.
Los griegos enfatizaban continuamente la importancia del tiempo libre, u ocio. Según Aristóteles, el tiempo libre era la meta del tiempo ocupado, el resultado del tiempo dedicado al trabajo. En su visión, el ocio era un valor humano fundamental.
En la antigua Grecia el ocio era un fin, un ideal de vida. El trabajo -en cambio- sólo un medio. Hoy, contrariamente, descansamos o nos divertimos como forma de recuperación física y mental, para trabajar más y mejor. Para nosotros, el ocio se ha convertido en un medio y el trabajo en un fin.
Este sea tal vez el origen de un gran dilema que enfrentamos en la actualidad: ¿Más o menos tiempo libre? Un primer problema es que enfocamos el tiempo libre y el trabajo con el mismo celo. Tratando de hacer que cada momento de ocio cuente, aplicamos los principios de la productividad a nuestro tiempo libre, convirtiéndolo en un torbellino que nunca nos renueva ni satisface. Cuando regresamos exhaustos a casa un Domingo por la noche y nos desplomamos sobre el sofá, el Lunes ya no se ve tan mal...
En realidad, el tiempo libre involucra una libertad y una oportunidad: es tiempo disponible para hacer algo. Cuando separamos una hora, un día, o un año para un proyecto determinado, estamos dedicando una hora, un día, o un año de tiempo libre a ese proyecto. Se trate de una actividad profunda o frívola, requiere de tiempo libre para completarla. El tiempo libre es un recurso básico que necesitamos para hacer algo. Pero, ¿para hacer qué? La primer respuesta que viene a nuestra mente es: tiempo para jugar, divertirnos... o descansar. Pero para Aristóteles significaba lo opuesto...
El filósofo griego distinguía entre dos tipos de actividades: los negocios (la clase de trabajo que produce los bienes físicos que necesitamos para sobrevivir) y el ocio (la clase de trabajo que produce los bienes espirituales que necesitamos como civilización). El ocio también era considerado un trabajo.
En la antigua Grecia, el trabajo era visto como necesario, pero por sí sólo no ennoblecía o enriquecía la vida de los hombres. El tiempo libre, en contraste, consistía de todas aquellas actividades "virtuosas" con las que el hombre crecía emocional, intelectual y espiritualmente (las artes, las ciencias, la política, la religión, la educación, etc...). En cuanto a la recreación y el descanso, se afirmaba que proveían relajación y liberaban de las fatigas y tensiones. Eran, como el trabajo: un medio.
Desde luego, existen diferencias evidentes entre la sociedad de Aristóteles y la nuestra. En aquellos días, sólo un pequeño fragmento de la población gozaba de tiempo libre: aquellos hombres liberados de la pobreza y la esclavitud. Pero en nuestra sociedad, todos quienes trabajamos también tenemos la libertad de disfrutar de tiempo libre, en mayores o menores cantidades.
En Grecia era bueno tener mucho tiempo libre porque éste era considerado productivo. Pero hoy, ¿es bueno para nosotros tener mucho tiempo libre? Aristóteles nos diría: depende de cómo lo utilicemos. Si lo utilizamos -como muchas veces lo hacemos- en actividades carentes de sentido, formas pasivas de diversión y medidas desesperadas para "matar el tiempo", es obvio que no será bueno. Pero si lo utilizamos para desarrollar nuestras facultades, crecer intelectual y espiritualmente y participar de la sociedad y de la cultura, cuanto más tiempo libre tengamos... mejor! Los antiguos griegos tienen una importante lección que darnos: no matemos el tiempo.... vivámoslo, inteligentemente.
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Publicado el 13 de Marzo, 2006, 15:07.
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Cuando lideramos una organización -o una comunidad- somos parte de los problemas que en ella ocurren. Tener la iniciativa de resolver esos problemas, no nos "libera" de nuestra parte de responsabilidad por su existencia. Si ocupamos un rol de liderazgo, siempre tenemos parte de la responsabilidad ante un problema. Ya sea por haberlo creado... o por no haberlo evitado.
Aunque no sea fácil, antes de repararlo... debemos preguntarnos por qué se rompió! Si reconocer la responsabilidad ante una situación negativa es algo bastante difícil de hacer para cualquier persona, para alguien con un rol tan "expuesto" como el líder lo es más. Debemos ser conscientes de que, si culpamos a los demás (empleados; clientes; gerentes; etc...), estamos a la vez negando que somos parte de la situación y que, como ella... debemos cambiar!
Como líderes, si adoptamos un estilo que "señala a los demás" y les presiona para que cambien, es muy probable que las personas deseen "deshacerse de nosotros"... de alguna manera. Pero si les acompañamos, enfrentamos junto a ellos la situación y aceptamos nuestra responsabilidad por el estado de cosas, fortaleceremos nuestra posición.
Guillermo, fundador y director de una cadena textil, enfrentó el reto del cambio cuando su empresa empezó a sufrir problemas financieros. En quince años, él había transformado una pequeña tienda familiar en una cadena con diez sucursales y más de cien empleados. Estaba acostumbrado al crecimiento de su negocio, pero su estrategia ya no daba los resultados esperados. Luego de un balance negativo, supo que la compañía enfrentaba un serio riesgo.
Entonces, decidió contratar a un consultor para que analizara con más profundidad los problemas y propusiera medidas para revertir la situación. El consultor le presentó tres conclusiones: debía fortalecer la marca, reducir los costos fijos y, antes de hacer las dos anteriores... debía involucrarse en el problema!
El consultor le explicó que la empresa podía realizar la transición necesaria... con o sin él. Si quería participar del futuro, debía asumir la responsabilidad por el presente. Debía hacer sustanciales cambios en sus creencias y en sus conductas. Sin ello, los empleados -seguramente- resistirían los cambios exigidos.
A Guillermo le costaba escuchar este mensaje: estaba acostumbrado a que sus creencias y conductas le trajeran beneficios! Además, se preguntaba si -a los 55 años- tendría la capacidad de admitir sus errores y corregir el curso de acción...
Sin embargo, creyó en el diagnóstico y se comprometió a cambiar, personal y profesionalmente. Comenzó a aceptar su participación en la crisis y a modificar aquellas conductas que la profundizaban. Todos en la empresa vieron esto de manera positiva y comprendieron que -su líder- estaba enfrentando las mismas responsabilidades y riesgos que el resto.
Cambiar es siempre un gran sacrificio. Para hacerlo, muchas veces debemos elegir entre dos valores igualmente importantes... y a nadie le agrada este tipo de elecciones. Confrontar la "brecha" entre nuestros valores y conductas, requiere atravesar un período de contradicciones internas para alcanzar -finalmente- una inevitable pérdida.
Hay líderes que no se dan cuenta, ni aprecian, el sacrificio que exigen en los demás. Quienes no experimentan el cambio en sus valores o conductas, no entienden lo difícil que es. De igual manera, muchas personas no ven la gravedad de la situación que atraviesan y prefieran no cambiar, a tener que enfrentar un futuro incierto.
Además de clarificar los valores y propósitos que justifican un cambio, el líder debe reconocer la pérdida y ser consciente de las renuncias exigidas. Las personas están dispuestas a hacer sacrificios, pero necesitan saber que estos valen la pena.
Ser líderes y responsables no es igual a ser líderes irresponsables... Ejercitar un liderazgo responsable implica ayudar a las personas a cambiar. Para hacerlo, no hay otro camino que involucrarse profundamente con el cambio... y vivirlo!
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Publicado el 9 de Marzo, 2006, 9:39.
en Efectividad.
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Durante los "procesos de reestructuración" en las organizaciones, la mayor parte de la energía es dirigida hacia los empleados que perderán sus empleos. El esfuerzo se vuelca principalmente hacia la forma de comunicar los despidos y los gerentes descuidan al resto del personal.
Pero estas personas,¿cómo se sienten? Si no fueron despedidas,¿por qué no están felices y agradecidas? Porque -mayormente- cuestionan el proceso de despido y la decisión corporativa que perjudica a sus compañeros. Además, ellas también sufren las consecuencias de esta decisión: tensión en el ambiente de trabajo; temor a futuros despidos; sobrecarga de tareas; etc...
Es importante destacar que la percepción del personal ante los despidos, depende en gran parte de la comprensión de los motivos que generaron esta decisión. Y la comprensión, depende de la participación y de la información. Si su opinión no es considerada y carecen de datos precisos, las personas reaccionarán negativamente: se generarán rumores, |
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