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Cuando salimos de vacaciones, ansiamos descansar del estrés y la rutina de todo el año. Buscamos poder "desconectarnos". Pero esta búsqueda de desconexión puede llevarnos a sentarnos en la misma silla, en la misma playa... año tras año.
Si deseamos unas vacaciones que nos hagan volver más energizados, relajados y motivados, necesitamos mucho más que una desconexión: necesitamos una conexión con aspectos de nuestra vida que usualmente no tenemos en cuenta. De esta manera, además de regresar descansados... regresaremos renovados.
En los últimos años, surgieron nuevas formas de concebir el tiempo libre y las vacaciones, que nos permiten una verdadera renovación. Estas nuevas maneras de hacer turismo presentan algunas particularidades: dependen más del entorno natural; los lugares que se visitan están menos influenciados por los modos de vida urbanos; las instalaciones son mucho menos lujosas; la participación de la población local es mayor; y se enfatizan otras actividades, además de las recreativas. Estos viajes son muy renovadores, porque apuntan a nuestro bienestar, crecimiento y equilibrio. Veamos algunos ejemplos:
- Ecoturismo: se practica en áreas naturales poco alteradas por el hombre. Además de ofrecer descanso y recreación, esta alternativa permite desarrollar conciencia y sensibilidad ambiental. Es un turismo muy sinérgico, porque ofrece una experiencia positiva para el visitante y para el anfitrión (por ejemplo, muchas comunidades obtienen beneficios financieros para la conservación de sus lugares). Puede realizarse ecoturismo pasivo (observar y reconocer especies, o fotografiar la naturaleza) o ecoturismo activo, en el que se cumple una labor que responde a una necesidad ambiental (hacer caminos, plantar árboles, etc...) Estos viajes cambian la percepción que tenemos acerca de la naturaleza: es diferente ver una montaña desde el autobús de una excursión, que sentarse sobre su ladera y aprender sobre su formación geológica. Esta forma de viajar contribuye a renovar nuestra relación con el entorno.
- Turismo para la salud: propone otro aprovechamiento de las actividades al aire libre y de la naturaleza. Muchas personas recurren a esta opción como terapia antiestrés. Este es el caso del turismo termal, la talasoterapia, los spa o "clubes de salud" y el turismo deportivo. Estos viajes nos permiten recuperar el quilibrio físico.
- Turismo rural: introducirse en las actividades del campo, además de ser otro punto de encuentro con la naturaleza, permite descubrir una forma de vida muy diferente a la propia, degustar otra gastronomía y asistir a espectáculos que no se ven en la ciudad como -por ejemplo- la doma de animales. También brinda la oportunidad de realizar trabajos que rompen con el sedentarismo y permiten desarrollar nuevas habilidades: el ordeñe, la siembra, la cosecha, la yerra, etc... El turismo rural es una forma de renovar hábitos, conocimientos y habilidades.
- Turismo espiritual: a través de actividades de meditación, capacitación, visita a templos y retiros en contacto con la naturaleza, ofrece una opción para reenergizarse y re-conectarse con uno mismo. Estos viajes nos permiten renovar la fe, o iniciar una práctica espiritual.
- Turismo histórico: el objetivo de estos viajes es conocer la tradición, el folklore y el patrimonio de un lugar. En ellos, se aprende a reconocer la conexión entre el pasado y el presente, a apreciar la arquitectura y el arte. El turismo histórico contribuye con nuestro crecimiento intelectual.
- Turismo cultural: a través de estos viajes, nos acercamos a las culturas autóctonas y conocemos a los habitantes de los lugares que visitamos. Una de las gratificaciones de viajar es conocer personas diferentes, pero ¿cuán diferentes son a nosotros quienes conocemos en una playa, o en un hotel? En realidad, nuestros compañeros de viaje habituales son personas bastante parecidas a nosotros. Mucho más enriquecedor es conocer a quienes llevan una vida completamente diferente a la nuestra. El turismo cultural contribuye a promover la comprensión, la cooperación y la fraternidad entre personas de diferentes lugares y nos brinda la oportunidad de renovar nuestras relaciones.
El espíritu de los viajes es enfrentarse a circunstancias diferentes que disparen otras conductas, perspectivas y modos de pensar. Viajar es buscar la diferencia. La cuestión es cuán diferentes estamos dispuestos a que sean nuestras próximas vacaciones.
Normalmente, ¿qué nos traemos de las vacaciones? ¿Las fotos? ¿El bronceado? ¿Un sombrero? Estas cosas muestran que estuvimos allí, pero no tienen un impacto significativo en nuestras vidas. Nada cambia si -al volver- seguimos pensando, sintiendo y actuando como antes. Afortunadamente, en lugar de regresar de las vacaciones con piedras o caracoles, nuevas formas de turismo nos permiten regresar con cosas más valiosas: nuevos conocimientos, nuevos hábitos, nuevas relaciones, una mejor salud, una plena armonía con el entorno, un equilibrio espiritual, etc...
Las vacaciones pueden ser una verdadera transformación en nuestras vidas... una renovación duradera que no desaparezca el día que desarmamos las maletas.
"La poesía del viaje no reside en descansar de la monotonía de la vida doméstica, del trabajo y las preocupaciones. Tampoco reside en la posibilidad de satisfacer una curiosidad. La poesía del viaje reside en la experiencia vital, es decir en el enriquecimiento, en la incorporación orgánica de lo recién adquirido, en el incremento de nuestra comprensión por la unidad en la diversidad, en el reencuentro de unas verdades y unas leyes antiguas bajo unas condiciones totalmente nuevas." - Hermann Hesse -
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