Harmadillo: El Abrazo.

"Tantos siglos de civilización y no aprendimos a abrazarnos". Amado Nervo.

Junio del 2006


Tic-tac, tic-tac

Publicado el 28 de Junio, 2006, 19:08. en El Custodio por la Paz.
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La perspectiva del tiempo no es la misma en todo el mundo: cuestiones históricas y culturales, modifican la forma en que las personas definen, perciben y miden el tiempo. Diferentes culturas "viven" el tiempo de diferentes maneras. Mientras que en las culturas occidentales el tiempo se mide con relojes y calendarios, en otros lugares estas herramientas de medición son irrelevantes.

La influencia del reloj ha llevado a las sociedades occidentales a considerar el tiempo como algo regular y predecible. Para un occidental, existen "marcas fijas" que segmentan intervalos de tiempo exactamente regulares: horas, minutos, meses, años, etc... Con el paso de los siglos, esta regularidad se trasladó cada vez a más actividades cotidianas: las personas no comen cuando tienen hambre, sino a la "hora de comer", no se acuestan al sentirse cansadas, sino a la "hora de acostarse"... y así sucesivamente. La dependencia del reloj ha contribuido a que las sociedades modernas tengan una percepción mecánica del tiempo.

Pero existen culturas que tienen economías diferentes (por lo tanto diferentes prioridades), que las llevan a relacionarse de otro modo con el tiempo. La vida planificada de nuestras sociedades, no es "intrínsecamente natural", sino que ha sido aprendida, aunque nosotros la veamos como algo natural. Innumerables civilizaciones han florecido sin medir el tiempo con exactitud y existen comunidades que ni siquiera tienen una cronología de los años.

En algunas tribus africanas, por ejemplo, el tiempo no es una sucesión regular. Allí, su paso no se mide por el movimiento del reloj, sino por los acontecimientos que lo llenan. En lugar de horas y fechas, estas personas confían en sus marcas emocionales de tiempo: cuando nacieron, cuando se casaron, cuando tuvieron su primer hijo, cuando hubo una guerra, etc... Estas sociedades tienen una percepción emocional del tiempo.

La distinción entre la percepción mecánica del tiempo de nuestra cultura occidental y la percepción emocional de esas culturas africanas, es muy importante: permite entender muchas diferencias sociales y culturales entre ambos pueblos. Una manifestación clara de estas diferencias, es que mientras nosotros preguntamos: "¿Cuándo nació tu hijo?" y recibimos como respuesta: "Hace 15 años", un miembro de aquella comunidad preguntará: "¿Cuándo fue hace 15 años?" y recibirá por respuesta: "Cuando nació tu hijo."

Para nosotros, también existen eventos relevantes en la vida (como conseguir un nuevo trabajo, graduarse, mudarse, casarse, tener un hijo, etc...), pero estas "marcas" no influyen tanto en nuestra medición del tiempo, como el movimiento del reloj. En cambio, en aquellas sociedades los eventos importantes de la vida de una persona, son sus "unidades de tiempo". Un occidental podría argumentar que esas unidades no son precisas porque no tienen la misma duración, pero a esas personas la regularidad no les interesa en absoluto. El ritmo que marque un dispositivo mecánico -como el reloj- es irrelevante para su vida.

¿Cuál es la necesidad de dividir el tiempo en horas, minutos y segundos? ¿Acaso la lluvia siempre cae en el mismo momento? ¿Llueve los mismos días al este, que al oeste? ¿Por qué imponer otro ritmo que el de la naturaleza? Estos pueblos no encuentran necesidad de tener medidas de tiempo más precisas que las de la propia naturaleza. En esa cultura, el tiempo está conectado a los procesos naturales emocionalmente relevantes para las personas. Por ejemplo, el pastor lo mide según el tiempo en que la oveja pare un cordero; el agricultor a partir del día de la siembra, o pensando en el de la cosecha; etc...

Para estas comunidades, la vida tiene su propia duración y regularidad, diferente a la del reloj. Los seres humanos tienen sus propios "pulsos": el latir del corazón, el respirar de los pulmones, etc... y estos cambian según las circunstancias emocionales. Además, el tiempo no es visto como algo "exacto", porque -a lo largo del año- los días son de duración desigual y la relación entre el día y la noche cambia continuamente.

Estas culturas no consideran el tiempo como una cuadrícula sobre la cual la vida se desarrolla en forma regular. El tiempo es la vida que se manifiesta en sucesos como las migraciones de las aves, el crecimiento de las cosechas, el nacimiento de un ser humano, entre otros.

En Occidente, lo primero que hacemos con el tiempo es planificarlo, ordenarlo, calcularlo... mecanizarlo! Cuando vemos el tiempo como una colección de horas, minutos y segundos (y no como una sucesión de experiencias), lo convertimos en una entidad abstracta, igual que los números. Al hacerlo, lo separamos de los acontecimientos humanos y generamos la creencia en un mundo matemáticamente mensurable... independiente de nuestras vidas. Así, afirmamos cosas como: "no tengo tiempo", "el tiempo nunca alcanza", "el tiempo es tirano", ó "¿De dónde saco tiempo?"

Desde luego, no podemos quitarnos los relojes y olvidarnos de las horas, los minutos y los segundos. Pero podemos aprender de otras culturas a vivir el tiempo de manera diferente. Si incorporamos herramientas de medición más personales, podremos considerar otros "ritmos" además del tic-tac, tic-tac...

Aristoteles

Publicado el 28 de Junio, 2006, 19:05. en Frases Célebres.
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"No es la forma de gobierno lo que constituye la felicidad de una nación, sino las virtudes de los jefes y de los magistrados."


Preguntas que movilizan

Publicado el 28 de Junio, 2006, 19:03. en Debate.
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La educación tradicional nos enseña a hacernos preguntas que ya tienen respuestas: ¿Quién fue Napoleón Bonaparte? ¿Cómo funcionan los motores? ¿Cuánto es cuatro por cinco?

Si estas preguntas son útiles ante los problemas que ya tienen solución... ¿qué hacemos con aquellos que aún no la tienen? Cuando más lo necesitemos... ¿sabremos hacernos las preguntas correctas?

Dos mesetas

Publicado el 28 de Junio, 2006, 19:01. en Efectividad.
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En geografía, una meseta es una "región poco accidentada, formada por terrenos llanos y algo elevados de gran extensión." En nuestras carreras, muchas veces nos encontramos en una "meseta profesional": sentimos que nos hemos estancado y no vemos posibilidades de ascender.

Evidentemente, esta no es una imagen feliz. Estabilizarse -o nivelarse- profesionalmente es una situación que suele estar cargada de connotaciones negativas: para muchas personas, no "ganar altura" es sinónimo de fracaso.

Es muy frecuente encontrarse en una "meseta". Cada vez más profesionales descubren que su nivel de carrera está por debajo de su nivel de competencias. En muchas compañías, existen personas muy calificadas para ocupar posiciones superiores, que no encuentran posibilidades de ascenso en la estructura organizacional. La mayoría de las empresas está reduciendo jerarquías, eliminando niveles gerenciales, formando equipos y trasladando las decisiones a los niveles inferiores. Bajo este modelo organizacional, muchas personas listas para "ascender", descubren que el puesto soñado ya no existe y que deben compartir el liderazgo al cual aspiraban.

Esta ausencia -temporal o prolongada- de movilidad ascendente en una organización, recibe el nombre de "meseta de posición" y se parece mucho al concepto utilizado por la geografía: las personas se encuentran en un terreno "poco accidentado", donde las posibilidades de "elevación" (mejorar su salario, posicionamiento, o estatus) son escasas.

La psicología utiliza el concepto "meseta" de manera diferente a la geografía: lo define como "aquel período en el cual el aprendizaje de una persona se detiene." De este concepto se desprende un segundo tipo de meseta profesional que se denomina "meseta de contribución".

Cuando una persona se encuentra en una meseta de contribución, no está desarrollando nuevas competencias. Como consecuencia, su capacidad para agregar valor disminuye y -con ella- sus posibilidades de lograr un ascenso, o una mejora en su situación laboral. En este caso, la "elevación" no está limitada por el "terreno" (la estructura organizacional), sino por la propia persona.

Ambos tipos de meseta son prácticamente opuestos. Tarde o temprano, todos nos encontramos en una meseta de posición, aunque no necesariamente en una de contribución. A su vez, tenemos escaso control sobre las fuerzas que generan una meseta de posición, pero podemos tener todo el control sobre aquellas que provocan una meseta de contribución. Finalmente, la primera no impide a alguien ser un profesional valioso, pero quien llega a la segunda pierde rápidamente su valor profesional.

Hallarse en una meseta de posición no es responsabilidad de la persona, ni tiene directa relación con sus talentos, energía, o compromiso. Como vimos, no está dentro de sus posibilidades de control. En cambio, la meseta de contribución sí es responsabilidad de cada uno de nosotros. Y, si bien es menos visible que la de posición, resulta mucho más determinante. Podemos dejar de "subir" sin perder la habilidad para contribuir. Pero no podemos hacer lo contrario: si dejamos de contribuir... difícilmente podremos llegar más alto.

Una meseta de posición puede originar una de contribución. Para algunas personas, llegar al final de sus oportunidades de ascenso afecta su motivación para continuar incorporando habilidades. Cuando descubren que no tienen posibilidades de ascender, muchos se sienten justificados para escatimar esfuerzos y compromiso. Pero también una meseta de contribución puede ser causa de una de posición. Una aparente meseta de posición, puede ser -en realidad- una meseta de contribución.

Por todo esto, continuar contribuyendo es la manera más efectiva de salir de una meseta profesional. Cuando se encuentran maneras de crecer y aportar valor, más allá del puesto que se ocupe, se abren puertas para futuras mejoras.

Todos podemos sentir en algún momento de nuestras vidas que estamos en una meseta, pero es importante identificar el tipo de meseta en el que nos encontramos. Clarificarla nos ayudará a salir de ella. Usted... ¿en qué meseta se encuentra?


Sábanas

Publicado el 28 de Junio, 2006, 17:37. en General.
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Una pareja de recién casados, se mudó para un barrio muy tranquilo.

En la primera mañana en la casa, mientras tomaba café, la mujer reparó a través de la ventana que una vecina colgaba sábanas en el tendedero.

-Qué sábanas sucias está colgando en el tendedero! Está precisando de un jabón nuevo... ¡si yo tuviese intimidad le preguntaría si ella quiere que yo le enseñe a lavar la ropa!

El marido miró y se quedó callado.

Algunos días después, nuevamente, durante el desayuno, la vecina colgaba sábanas en el tendedero y la mujer comentó con el marido:

-¡Nuestra vecina continúa colgando las sábanas sucias! ¡Si yo tuviese intimidad le preguntaría si ella quiere que yo le enseñe a lavar la ropa!

Y así, cada dos o tres días, la mujer repetía su discurso, mientras la vecina colgaba su ropa en el tendedero.

Había pasado un mes, la mujer se sorprendió al ver las sábanas siendo tendidas, y entusiasmada fue a decir al marido:

-¡Mira, ella aprendió a lavar la ropa¡ ¿Será que la otra vecina le enseñó? Porque yo no hice nada.

El marido calmosamente respondió:

-No, hoy yo me levanté más temprano y lavé los vidrios de nuestra ventana.


Giuseppe Mazzini

Publicado el 28 de Junio, 2006, 17:27. en Frases Célebres.
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"Las promesas son olvidadas por los príncipes, nunca por el pueblo."

Datos del autor: Revolucionario y patriota italiano.
Nació el 22 de junio de 1805 en Génova.
Cursa la carrera de Derecho en Génova. Su talante revolucionario rápidamente se manifiesta cuando en 1815 ve como su ciudad natal se incorpora a Piamonte-Cerdeña. Sus ansias por contribuir de forma activa le animan a unirse en 1827 a los carbonarios, pero abandona esta sociedad de carácter revolucionario al considerarla poco eficaz. Tras permanecer preso durante un año en Savonna se traslada a Marsella. Allí crea la agrupación Joven Italia, para luchar contra el dominio austriaco y promover la unificación italiana. Sin embargo, no disfrutó del éxito y tuvo que huir a Suiza. Sin desfallecer en su causa, Mazzini en 1834 vuelve a promover otra revuelta, pero de nuevo fracasa. Después de un breve retiro en Gran Bretaña, regresa a Italia en 1848, coincidiendo con el periodo de Revoluciones. Aunque fue escogido dirigente para liderar los movimientos nacionalistas con la República Romana, el fin de este sistema en 1849 supuso otra derrota más para Mazzini. Defensor de la república promovió en Mantua y Milán algunos actos que nunca llegaron a cuajar. Frente a la ideología que defendía este revolucionario, Cavour experimentó con éxito su proyecto de unificación bajo una monarquía liberal. Una vez conseguida la unificación de Italia, Mazzini es encerrado en Gaeta por promover levantamientos para ocupar Venecia y Roma. Retirado ya de la vida política marcha a la ciudad de Pisa, donde muere el 10 de Marzo de 1872.