Harmadillo: El Abrazo.

"Tantos siglos de civilización y no aprendimos a abrazarnos". Amado Nervo.

25 de Abril, 2006


El ratón abogado

Publicado el 25 de Abril, 2006, 18:15. en Humor.
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Salieron dos ratoncitos a la madrugada a buscar algo qué comer en la cocina de una casa, al abrir la alacena ambos al tiempo vieron un enorme queso el cual al unísono los hizo exclamar:

-¡Yo lo vi primero!

-¡No, yo lo vi primero!

-¡Que no, que es mío porque yo lo vi primero!

Discutieron tanto que se olvidaron de darse una comilona y no hubo más acuerdo que llevar entre los dos el queso a la oficina del ratón abogado en la certeza que él con su gran sabiduría les solucionaría el problema.

Ya en presencia del ratón abogado expusieron sus argumentos a lo que el abogado dijo:

-No se preocupen, yo tengo una balanza, partiré el queso en dos pedazos y los repartiré equitativemente...

Efectivamante el abogado con maña cortó el queso en dos porciones desiguales y para tratar de equilibrar la balanza iba quitando y engullendo pedazos de lado y lado sin lograr el equilibrio esperado por los dos ratoncitos.

Como el queso iba desapareciendo ante sus ojos los ratoncitos se miraban y se miraban hasta que ya quedando muy poco queso uno de ellos gritó:

-¡Basta ya doctor, hemos llegado a un acuerdo mi amigo y yo, hemos decidido arreglar este asunto entre nosotros, deténgase por favor que nos vamos a llevar lo que queda del queso!

A lo que el ratón abogado repuso:

-No señores, esto que queda es mío ¡son mis honorarios!


Desde otro lugar

Publicado el 25 de Abril, 2006, 17:44. en La Banda del Perjuicio.
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La globalización de la economía ha contribuido a que exista una alta movilidad laboral. Cada vez más personas se radican en otro lugar para ampliar su horizonte profesional, o para obtener nuevas oportunidades.

Pero vivir en otro país, es una de las transiciones más complejas y difíciles para una persona: además de instalarse en un nuevo lugar, debe enfrentar una nueva carrera, acomodar a la familia, aprender un lenguaje, construir una vida social, incorporar nuevas costumbres, etc... Toda persona que se va a vivir a otro país, experimenta una situación que suele denominarse "choque cultural". Cada quien vive esta experiencia a su manera, pero todos la "sufren" desde que descienden del avión.

Para adaptarnos a un nuevo ambiente cultural, necesitamos atravesar un "proceso de ajuste cultural". Podemos dividir este proceso en cuatro grandes etapas:

Entusiasmo: es frecuente llegar a un nuevo país con grandes expectativas y una mentalidad positiva. Al comienzo, todo resulta emocionante e intrigante. Nos sentimos impresionados por las cosas nuevas que vemos y estamos convencidos de que ésta es una oportunidad personal y profesional extraordinaria. Como en una luna de miel, la promesa de iniciar una nueva vida aparece colmada de esperanza y felicidad.

Incomodidad: gradualmente, pasamos a advertir más las diferencias que las similitudes entre nuestra cultura y la nueva. Una de las primeras sensaciones es la pérdida de independencia: nos sentimos como un niño porque debemos pedir ayuda para todo. Estas limitaciones se manifiestan todo el tiempo y resultan irritantes. Hasta las pequeñas dificultades cotidianas se convierten en catástrofes. Además, extrañamos la familia, los amigos, la comida, las costumbres, etc... Todo ello hace que ésta sea una etapa de gran confusión y soledad.

Recuperación: una vez que comenzamos a orientarnos y somos capaces de interpretar algunas de las "sutilezas" de la cultura local, todo nos resulta más familiar. Nos sentimos más cómodos y menos aislados. Poco a poco, recuperamos el sentido del humor, la motivación, la confianza y la esperanza. Como resultado, empezamos a concentrarnos más en aquello que ganamos con la nueva experiencia, que en aquello que perdemos.

Integración: la recuperación definitiva se produce cuando descubrimos que podemos vivir en diferentes culturas con seguridad. Adquirimos muchas costumbres, expresiones y actitudes de la nueva cultura, que incluso llegaremos a extrañar si regresamos a nuestro país.

Estas fases son muy comunes y conocerlas contribuye a reducir el estrés, a proteger la autoestima y a ser más productivos en el nuevo entorno. No asumir -ni enfrentar- el impacto cultural puede ocasionarnos muchos problemas: puede afectar nuestra vida familiar, nuestro estado anímico, nuestro rendimiento laboral y nuestras metas.

Las siguientes, son algunas recomendaciones para atenuar el estrés que causa el impacto cultural:

Investigar el destino: ¿cuáles son las costumbres y el lenguaje de este país? ¿Dónde están las escuelas, las tiendas, los lugares de esparcimiento? ¿Se necesita documentación legal -o impositiva- especial? ¿Cómo se adaptará nuestra familia? Para obtener esta información, podemos investigar en Internet, visitar la embajada local del país, consultar con un agente de viajes, o hablar con otras personas que hayan vivido allí. Saber todo lo posible sobre la nueva cultura, ayuda a entender aquello que resulta difícil, confuso, o amenazante y contribuye a desarrollar una actitud positiva.

Establecer metas: antes de viajar, es conveniente fijar metas que sean importantes para nosotros. Escribirlas en un diario es un buen recurso para repasarlas cada vez que nos sintamos desanimados, o desesperados. Además, crear pequeñas metas en el nuevo entorno -cosas para hacer día a día- nos ayudará a integrarnos a la nueva cultura.

Comunicarse prudentemente: es muy común dar por hecho que nuestra forma de ser amables, gentiles, groseros, distantes, o amigables, debe ser entendida por todos. Pero esta regla pierde validez cuando cruzamos la frontera. Muchos de los significados compartidos en nuestra cultura, no serán entendidos en el nuevo ambiente. De manera similar, tampoco nosotros captaremos las sutilezas de la comunicación de otro lugar. Por lo tanto, es necesario aprender a escuchar profundamente a todos y ser claros en aquello que pedimos, u ofrecemos. También, es preciso interpretar los gestos, las expresiones y el lenguaje corporal de las personas oriundas del lugar.

Abrirse a los demás: confiar en los demás y preguntarles acerca de su forma de vida, ayuda a comprenderles y evita hacer observaciones críticas apresuradas. Es preciso conectarse con otras personas, porque el sentimiento de aislamiento es la peor amenaza para un extranjero. Una posibilidad es identificar a un "anfitrión" de nuestro país -un vecino, un compañero de trabajo, etc.- que sea amable y esté dispuesto a hablar acerca de sus vivencias y de la manera en que se adaptó al lugar. Tan pronto como podamos, procuremos crear una fuerte comunidad y fortalecer las relaciones con las personas que vayamos conociendo.

Mantenerse saludable:
realizar ejercicios, alimentarse bien y dormir suficiente cantidad de horas, ayuda a combatir los síntomas físicos de la adaptación cultural. También es importante mantener el humor, porque en situaciones difíciles -o poco familiares- es mejor pensar positivamente, que quejarse todo el tiempo.

Mirar hacia adelante: cuando alguien se radica en otro país, es muy frecuente que recuerde en todo momento "aquellos buenos tiempos" y se encierre en el pasado. Pero es más saludable concentrarse en el presente y en las metas futuras. Ello ayuda a suavizar el impacto cultural.

Tener paciencia: experimentar un "choque" cultural es normal y -como toda transición- resulta difícil.

Finalmente, una condición fundamental para adaptarse a una nueva cultura es mirar más allá de la "fachada" de las personas (su aspecto físico, su vestimenta, su forma de hablar, etc...) y aprender a entender sus actitudes. Si logramos esto, descubriremos que todo el mundo comparte las mismas emociones y necesidades humanas, sólo que las expresa de manera diferente. Cuando se vive en otro país, los estereotipos son más peligrosos que nunca.

Conocer otra cultura es una experiencia enriquecedora, que no sólo contribuye a entender a los demás. A un nivel más profundo, vivir en otro país, aumenta nuestra habilidad para vernos a nosotros mismos -y a nuestras vidas-... desde otro lugar.

Las caras del cambio

Publicado el 25 de Abril, 2006, 17:37. en El Custodio por la Paz.
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Hablar de cirugías estéticas se considera un tema frívolo y trivial. Inmediatamente, se asocia a las celebridades del espectáculo, al mundo de la moda y a millonarios extravagantes. Sin embargo, tratar este tema puede ayudarnos a reflexionar sobre cuestiones muy profundas y polémicas.

La cirugía plástica es un tratamiento muy extendido en todo el mundo, utilizado para borrar las huellas de quemaduras, heridas y operaciones y para eliminar anomalías físicas. Pero su aplicación más popular no es la médica, sino la estética. En nuestro continente, más de medio millón de personas se someten anualmente a una cirugía estética de forma voluntaria.

Contrariamente a lo que uno pudiera pensar, quienes más se practican estas cirugías son hombres y mujeres considerados muy atractivos, según la opinión y los estándares de la mayoría. Pero para estas personas, la autoestima -y la felicidad- dependen tanto del atractivo físico, que necesitan "mejorar" continuamente su imagen.

Para muchos, el concepto de mejora se asocia casi exclusivamente al exterior, a aquello que se puede mostrar. Esta es una de las razones que lleva a tantas personas a realizarse cirugías estéticas: la promesa de verse mejor. Esta promesa puede calar tan hondo en alguien, que llega a convertirse en una obsesión. Hay personas que se han practicado más de una decena de intervenciones en sus cuerpos. Para ellas, una cirugía puede ser exitosa... pero nunca será suficiente!

Estas situaciones extremas -aunque frecuentes- hacen que el tema despierte polémica y plantee profundos interrogantes, como por ejemplo:

La cirugía estética, ¿mejora la vida? ¿hace más felices a las personas?

La obsesión con la apariencia física, ¿es nueva, o es una preocupación existencial del hombre que hoy toma esta forma?

¿Existe una diferencia profunda entre comprarse un traje de mil dólares y hacerse una nueva nariz por mil dólares?

Cambiar la apariencia (el exterior), ¿es una manera de esconder la esencia (el interior)?

La compulsiva alteración del cuerpo, ¿es un modo más de r la naturaleza y vencer al tiempo?

Estas intervenciones, ¿son una manifestación de hasta qué punto se separa el cuerpo de la mente y de las emociones?

Al buscar la perfección, ¿se está sublimando la distorsión?

¿Cuál es el ideal que se persigue?

¿Cuál es el ideal que se persigue?

Si todos buscan tener una determinada imagen, ¿terminarán pareciéndose unos a otros?

La cirugía plástica, ¿es un acto de autoayuda, o un reflejo de complejos conflictos internos?

En definitiva, cuando se cambia la cara... ¿qué se cambia realmente?

Las cirugías estéticas modifican la percepción de las personas sobre sí mismas. Desde luego, la mayoría busca mejorar esa percepción, pero muchas veces consiguen lo contrario. Hay personas que -tras alterar su imagen- viven conflictos internos muy serios. Algunas han confesado tener que cargar un espejo todo el tiempo, porque no se acostumbraban a esa nueva imagen... ni se reconocían en ella!

Cuando alguien vive esta disonancia entre aquello que siente y la forma en que se ve, puede llegar a pensar que lleva puesta una máscara. En el peor de los casos, esto plantea una duda perturbadora: ¿quién soy?


Definitivamente, el tema es complejo. Lo que sí podemos afirmar es que las cirugías estéticas son parte de una humanidad para la cual la naturaleza ya no define la imagen. Estas intervenciones permiten alterar la naturaleza, modificando el cuerpo (removiendo grasas, agrandando músculos, quitando -o agregando- partes, etc..) según un "ideal". La cirugía estética ofrece un maquillaje permanente que suaviza lo que algunos consideran sus "fallas naturales".

Detrás de la compulsión a alterar el cuerpo, existe una norma social muy poderosa: las personas bellas atraen a los demás e influyen sobre ellos. La belleza da frutos, porque la apariencia física continúa siendo la principal forma en que las personas se juzgan unas a otras. Por ello, cuando alguien afirma que se hace una cirugía tras otra sólo por motivos personales, es difícil creer que no está pensando -aunque sea un poco- en los demás. La mayoría de las personas se somete a estos tratamientos por razones "prácticas": competir con personas más jóvenes en el mercado laboral, conseguir pareja, tener una vida social más activa, etc.

Es absolutamente legítimo querer verse bien, pero llevar a un extremo la búsqueda de perfección física puede hacer que nos transformemos en una sociedad donde todos nos parezcamos a Dorian Gray. Esta sociedad estaría habitada por personas torturadas frente al espejo -y nunca conformes con sus cambios- como aquel personaje de Oscar Wilde.

Cuando alguien se hace una cirugía estética, indudablemente busca un cambio. Pero la verdadera cara del cambio... es mucho más que cambiar de cara.

"Estoy convencido de que Dios hizo un mundo distinto para cada hombre,
y que es en ese mundo, que está dentro de nosotros mismos,
donde deberíamos intentar vivir."

- Oscar Wilde -


- Oscar Wilde -

Benjamin Franklin

Publicado el 25 de Abril, 2006, 17:09. en Frases Célebres.
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"No cambies la salud por la riqueza, ni la libertad por el poder."

Datos del autor: (1706, Boston -1790, Filadelfia). Filósofo, político y científico estadounidense, cuya contribución a la causa de la guerra de la Independencia estadounidense y gobierno federal instaurado tras la misma le situaron entre los más grandes estadistas del país.
En 1731 fundó la que probablemente fue la primera biblioteca pública de Norteamérica, inaugurada en 1742 con el nombre de Biblioteca de Filadelfia.
Fue el principal seguidor de los postulados de Isaac Newton en América. Su teoría sobre la electricidad se basaba en la noción newtoniana de la repulsión mutua de las partículas que el científico inglés había expuesto en su Óptica.
Murió en su casa de Filadelfia a los 84 años de edad.
Su fama literaria reside principalmente en su inacabada Autobiografía, considerada por muchos el compendio de su vida y su carácter.


Talento sobrestimado

Publicado el 25 de Abril, 2006, 16:59. en Efectividad.
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Hace algunos años comenzó a librarse la "Guerra por el Talento", basada en la teoría que sostiene que -las mejores compañías- son aquellas que seleccionan y retienen las personas más talentosas. Según esta teoría, "apostar a los mejores" es garantizar la ventaja competitiva, porque el potencial de éxito reside en las individualidades sobresalientes.

Este enfoque justificó el elevado énfasis que muchas empresas pusieron en "seducir" a los mejores promedios (de las más prestigiosas universidades) y en contratar los servicios de los más hábiles caza-talentos. Aunque no sea la primera vez que sucede, es triste que esta guerra haya sido desatada por una suposición... errónea!

Aún no ha sido demostrado que exista una relación directa entre el coeficiente intelectual y el desempeño laboral. Es muy común el caso de personas -con excelentes calificaciones académicas- que no alcanzan logros en sus trabajos o tienen recurrentes problemas laborales. Una de las posibles causas de esta paradoja, es que un sistema educativo evalúa a las personas individualmente, mientras que en un sistema laboral, las evalúa en función de su trabajo con otras personas.

Es indudable que la sociedad, la cultura y la ciencia siempre se han enriquecido por el genio individual. "Guernica" no fue pintado en grupo, ni la teoría de la relatividad surgió en una reunión de equipo. Sin embargo, las empresas trabajan bajo otras reglas: sus éxitos son producto de un desempeño superior del conjunto y no de una "mente brillante". De ahí la dificultad de trasladar -mecánicamente- lo transmitido en las escuelas y universidades, al mundo del trabajo.

Es incorrecto asumir que la inteligencia organizacional es directamente proporcional al coeficiente intelectual de sus empleados. ¿Acaso McDonald's no es una compañía inteligente? ¿Podemos decir que una agencia publicitaria es -como empresa- más inteligente que una fábrica de pastas? Para dar otro ejemplo, podríamos citar dos compañías: Xerox y Enron, que eran muy reconocidas por el gran talento individual que poseían... y dónde están hoy? Más allá que las razones de sus colapsos sean complejas, lo cierto es que sus respectivos "talentos individuales" no les garantizaron el éxito.

Un empleador necesita evaluar el potencial de un empleado, pero más aún necesita evaluar su desempeño real. Si el talento se separa del desempeño real, ¿cuál es su utilidad? Existen compañías que transfieren constantemente a las personas talentosas, haciéndolas cambiar de tareas y desafíos. Esta alta rotación impide conocer su desempeño real y su entrega de valor en la organización.

Hay compañías donde los "talentos" hacen prácticamente lo que quieren: se les dan grandes oportunidades y -si fracasan- se les dan nuevas. Estas empresas confían -e invierten- tanto en estos empleados, que olvidan que pueden fallar. Además, estos empleados "premium" suelen recibir remuneraciones mucho más elevadas que los demás trabajadores. Esto es perjudicial para todos: ¿qué mensaje se transmite al resto del personal? ¿se desea alentar el crecimiento individual, o el colectivo?

Es indiscutible que las personas talentosas son muy importantes y que su retención -de parte de las empresas- es crucial. Pero, sobrestimar el talento puede ser perjudicial para el conjunto. Un sistema de "administración del talento" requiere un sistema de evaluación preciso, sistemático y justo. Debe ser capaz de reconocer a los mejores y remunerarles acorde a su desempeño. Las evaluaciones imprecisas son percibidas como arbitrarias y ponen en riesgo el buen clima organizacional.

Existe una alternativa a la "Guerra por el Talento": los sistemas de alto desempeño. En lugar de confiar ciegamente en las personas talentosas, podemos diseñar sistemas que produzcan grandes resultados, gracias al aporte de todos: las personas muy inteligentes... y las demás. Las empresas exitosas, son aquellas donde el talento... está en los sistemas.


Aprendemos a ganar... todos

Publicado el 25 de Abril, 2006, 16:57. en Debate.
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"Ganar-Ganar" es una expresión que se utiliza para definir un tipo de relación. Tanto en una comercial, como en una personal (donde existen intereses no económicos), significa que ambas partes ganan. Ganar-Ganar es una actitud, una forma de llevar adelante una relación. Es tener la intención de ganar, pero a la vez querer que la otra persona también gane. Esta actitud llena de buenos sentimientos la relación; es muy agradable "ganar-ganar", pero también es difícil. Tienes que preocuparte por los demás y hacer todo lo posible para que el otro tenga éxito, pero también debes preocuparte por tí mismo, porque tú también quieres tenerlo. ¿Cómo hacerlo?

No es fácil. Es necesario comenzar por uno mismo. Debes tomar la responsabilidad de tu propia vida, idear un plan y fortalecer la confianza y seguridad en tí mismo. Sólo así, uno puede dejar de sentirse amenazado por otras personas y comenzar a valorarlas, a disfrutar de ellas, a desear que ganen. La seguridad personal es el fundamento para pensar Ganar-Ganar.

¿Quién era el ciego?

Publicado el 25 de Abril, 2006, 16:46. en Suma Capacidades Diferentes.
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Aquel año el invierno neoyorquino se extendió lánguidamente hasta fines de abril. Como vivía sola y era ciega, tendía a permanecer en casa gran parte del tiempo.
Por fin, un día el frío desapareció y entró la primavera, llenando el aire con una fragancia penetrante y alborozadora . Por la ventana de atrás, un alegre pajarito gorjeaba con persistencia, invitándome a salir.
Consciente de lo caprichoso que es Abril, me aferré a mi abrigo de invierno pero, como una concesión al cambio de temperatura, dejé mi bufanda de lana, mi sombrero y mis guantes. Tomando mi bastón de tres picos salí alegremente al pórtico que lleva directamente a la calle. Levanté la cara hacia el sol, dándole una sonrisa de bienvenida en reconocimiento por su calidez y su promesa.
Mientras caminaba por la calle cerrada donde vivo, mi vecino me saludó con un "hola" musical y preguntó si deseaba que me condujera a alguna parte. "No, gracias" respondí. "Mis piernas han estado descansando todo el invierno y mis articulaciones necesitan desesperadamente de ejercicio, así que iré caminando".
Al llegar a la esquina aguardé, como era mi costumbre, a que alguna persona me permitiera atravesar con ella la calle cuando el semáforo estuviera en verde.
El sonido del tráfico me pareció un poco más largo que de costumbre, y sin embargo, nadie se ofreció a ayudarme.
Permanecí allí pacientemente y comencé a canturrear una melodía que recordaba. Era una canción de bienvenida a la primavera que había aprendido de niña en la escuela.
De repente, una voz masculina, fuerte y bien modulada, me habló : - "Parece un ser humano muy alegre", dijo. - "¿Me daría el placer de acompañarla al otro lado de la calle?".
Adulada por tanta caballerosidad, asentí sonriendo, musitando un "sí" apenas inteligible.
Con amabilidad me rodeó el brazo con su mano y bajamos de la acera. Mientras avanzábamos lentamente, habló del tema más obvio -el clima- y qué bueno era estar vivo en un día como aquel.
Caminábamos al mismo paso y era difícil saber quién conducía a quién.
Apenas habíamos llegado al otro lado cuando una y otra vez comenzaron a escucharse las impacientes bocinas; seguramente había cambiado el semáforo.
Dimos algunos pasos más para alejarnos de la esquina.
Me volví hacia él para agradecer su ayuda y su compañía. Antes de que hubiera pronunciado una palabra, me habló: - "No sé si sabe", dijo, "qué grato es encontrar a alguien tan alegre como usted que acompañe a un ciego como yo a atravesar la calle".
Aquel día de primavera ha permanecido en mi memoria por siempre.

¿Estas dejando huellas?

Publicado el 25 de Abril, 2006, 16:39. en General.
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Un hombre que acababa de encontrarse con Jesús Resucitado, iba a toda prisa por el camino de la vida, mirando por todas partes y buscando. Se acercó a un anciano que estaba sentado al borde del camino y le preguntó: - “Por favor, señor, ¿ha visto pasar por aquí a algún cristiano?”
El anciano, encogiéndose de hombros le contestó: - “Depende del tipo de cristiano que ande buscando”.
- “Perdone”, dijo contrariado el hombre, “pero soy nuevo en esto y no conozco los tipos que hay. Sólo conozco a Jesús”.
Y el anciano añadió: - “Pues sí, amigo; hay de muchos tipos y maneras. Los hay para todos los gustos: hay cristianos por cumplimiento, cristianos por tradición, cristianos por costumbres, cristianos por superstición, cristianos por obligación, cristianos por conveniencia, cristianos auténticos...”
- “¡Los auténticos! ¡Esos son los que yo busco! ¡Los de verdad!”, exclamó el hombre emocionado.
- “¡Vaya!”, dijo el anciano con voz grave. “Esos son los más difíciles de ver. Hace ya mucho tiempo que pasó uno de esos por aquí, y precisamente me preguntó lo mismo que usted”.
- “¿Cómo podré reconocerle?”
Y el anciano contestó tranquilamente: - “No se preocupe amigo. No tendrá dificultad en reconocerle. Un cristiano de verdad, no pasa desapercibido en este mundo de sabios y engreídos. Lo reconocerá por sus obras. Allí donde van, siempre dejan huellas.

Samuel Goldwyn

Publicado el 25 de Abril, 2006, 16:36. en Frases Célebres.
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"Nadie que esté entusiasmado con su trabajo puede temer nada de la vida."