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"Tantos siglos de civilización y no aprendimos a abrazarnos". Amado Nervo.

Buscando escuela

Publicado el 13 de Marzo, 2006, 15:30. en La Banda del Perjuicio.
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La educación de nuestros hijos comienza mucho antes del primer día de clases: la elección de la escuela a la que asistirán es una de las primeras decisiones clave. Instintivamente, deseamos que reciban la mejor educación y queremos protegerlos de las presiones y tensiones que experimentamos a esa edad.

Esta decisión requiere tiempo y dedicación porque se trata -ni más, ni menos- que del futuro de nuestros hijos. Ser conscientes de esto, nos prevendrá de elegir un colegio porque queda camino al trabajo, o porque a él asisten los hijos de nuestros amigos. Un niño puede pasar allí hasta catorce años de su vida... demasiado tiempo para invertir en el lugar incorrecto!

Elegir una escuela es una decisión compleja que involucra al niño, a la familia y a la escuela. Antes de hacerlo, conviene considerar los siguientes factores:

El niño: es preciso analizar la personalidad de nuestro hijo, su estilo de aprendizaje y su grado de sociabilidad. Este niño, ¿necesita una estructura que lo contenga? ¿O elegiría un ambiente menos rígido? ¿Se siente más cómodo en grupos grandes, o pequeños? ¿Tiene un interés especial, por ejemplo en deportes, arte, o ciencia? Si bien nuestro hijo es muy pequeño (la escolaridad comienza a los 4 o 5 años) podemos intuir estas inclinaciones, a partir de sus juegos y temas de conversación.

Lo primero que debemos hacer es involucrar al niño en el proceso comentándole por qué estamos eligiendo una escuela, lo importante que será para él, las cosas que aprenderá allí, etc... El entusiasmo y la expectativa que le generemos es una parte importante de su preparación para el comienzo de clases. Aunque seamos nosotros quienes -en definitiva- tomemos la decisión, ésta no será efectiva a menos que nuestro hijo se sienta cómodo y entusiasmado con la elección.


La familia:
además de los valores y creencias de la familia, también hay que tomar en cuenta cuestiones más prácticas como por ejemplo: ¿Podremos afrontar la matrícula de una escuela privada, o le enviaremos a una escuela estatal? En caso de que trabajemos muchas horas, tal vez debamos considerar una escuela con régimen de doble turno. Además, si el colegio no queda cerca de casa, ¿podremos llevarlo hasta allí, o necesitaremos contratar un transporte especial? ¿Precisamos que alguien cuide del niño, antes o después de clases? Nuestro hijo, ¿tiene necesidades físicas, emocionales o intelectuales que requieran atención especial?

La escuela: este es el factor con más variables a considerar. No alcanza con mirar un folleto, llamar por teléfono, o escuchar referencias... hay que visitar la escuela para conocerla! Incluso, será preciso ir dos veces: una solos y otra con nuestro hijo. Es fundamental reunir información sobre cada uno de los siguientes aspectos:

Filosofía: podemos pedir a las autoridades un enunciado de misión (o de valores) para averiguar cuáles son las creencias de la institución y sus paradigmas pedagógicos.

Enfoque instruccional: hay padres que prefieren una escuela con estructura y estándares establecidos, mientras otros se inclinan por un entorno de más libertad y orientado al auto-aprendizaje. En este punto también entran en consideración las políticas de disciplina, de calificación, de trabajos de campo y de tareas en el hogar.

Instalaciones:
si bien un edificio moderno no garantiza la calidad de la educación, es importante que la escuela esté equipada -mínimamente- con una biblioteca, un patio, servicio de comedor, auditorio para actos, enfermería, una sala de computación y un gimnasio, además de aulas y sanitarios en condiciones.

Personal: conviene que la institución cuente con bibliotecarios, una trabajadora social, enfermera o médico y un psicopedagogo, aparte del personal docente y administrativo. También es recomendable conocer las calificaciones y antecedentes de los maestros y sus índices de rotación y ausentismo, así como el porcentaje de transferencia de alumnos a otros establecimientos. Por último, se recomienda preguntar por el tamaño promedio de una clase, para saber cuántos niños tiene asignados cada maestro.

Reputación: preguntemos a nuestros amigos, vecinos y a otros padres y docentes acerca de la reputación de la escuela. Hay colegios con "fama" de exigentes que tal vez no se adapten a nuestro hijo, u otros conocidos por su elitismo o rigidez. Si buscamos un colegio secundario, averigüemos el porcentaje de alumnos que continúa sus estudios en la universidad.

Seguridad: en caso de producirse una emergencia, ¿cómo notifica la escuela a los padres? ¿Cómo se evita que los niños salgan de la escuela? ¿Qué garantías ofrece la escuela en este sentido? Las instalaciones, ¿son seguras? Hay escuelas cuyos patios dan a la calle, donde los niños pueden tener contacto con extraños.

Plan de estudios:
la escuela, ¿coloca más énfasis en literatura y humanidades, o en ciencias y matemáticas? ¿Ofrece un segundo idioma? ¿Incluye formación religiosa? ¿Cada cuánto tiempo se actualizan los programas y materiales de estudio?

Participación de la familia y la comunidad:
las escuelas más preocupadas por la excelencia, generan diversas instancias de involucramiento de los padres. ¿Cómo y con qué frecuencia se comunica la escuela con los padres? ¿Tiene un boletín interno? ¿Qué información se incluye en la libreta de calificaciones? Preguntemos si se estrechan vínculos frecuentes con empresas locales, dependencias del gobierno o instituciones de la ciudad.

Interacciones interpersonales: observemos cuidadosamente la conducta y la actitud de los docentes y de los alumnos en sus interacciones. En una clase, ¿el docente permanece siempre en el frente, o se acerca e interactúa con los niños? ¿Controla la disciplina y la atención sin necesidad de gritos o amenazas? ¿Se dirige a los niños en forma amistosa, respetuosa y tolerante? Los alumnos, ¿participan de la clase? ¿Cooperan entre ellos? El personal directivo, ¿cómo trata a los maestros y al personal administrativo o de maestranza?

Cuando los padres estamos activamente involucrados en la educación de nuestros hijos, ellos se sienten más cómodos en la escuela y la ven como una extensión de los valores de su hogar. Debemos recordar que la educación no es responsabilidad exclusiva de los maestros. Si estamos buscando escuela, tomémonos nuestro tiempo y elijámosla con criterio y mucha inteligencia!