Harmadillo: El Abrazo.

"Tantos siglos de civilización y no aprendimos a abrazarnos". Amado Nervo.

13 de Marzo, 2006


De "yidische mame"

Publicado el 13 de Marzo, 2006, 16:36. en Humor.
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Los chistes sobre las "madres judías", también conocidas como "yidische mame" son infinitos. Nadie como ellas para controlar todo lo que ocurre en la familia.

Un muchacho llega a la casa de su "yidische mame" y le dice, excitadísimo:

- ¡Mamá, mamá! ¡Estoy enamorado! ¡Conocí a la mujer de mi vida! ¡Y me voy a casar con ella!

Pero, conociendo a su madre, le avisa:

- Mame, el único tema es que, para que no se forme un preconcepto de la chica, la voy a invitar junto a dos amigas... después que las conozca le voy a decir con cuál de ellas voy a casarme.

- Claro!!, no confías en tu madre... (y sigue la letanía habitual de quejas).

Lo cierto es que el muchacho al día siguiente llega con las tres damas a la casa de su madre para tomar el té.

Las tres igualmente bellas y simpáticas y todas conversan animadamente en el living de la madre.

Cuando se retiran el muchacho dice:

- Y mamá?, adivina con cuál de ellas voy a casarme?

- Si! -contesta la madre- vas a casarte con la que estaba sentada a la izquierda, la del vestido verde!!

- No puede ser!!, en efecto!!, voy a casarme con ella!!... cómo lo adivinó mamá?

- Es la única que NO ME GUSTO!!


Si Dios fuera una mujer

Publicado el 13 de Marzo, 2006, 16:12. en Alexa.
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¿Y si Dios fuera mujer? pregunta Juan sin inmutarse, vaya, vaya si Dios fuera mujer, es posible que agnósticos y ateos no dijéramos no con la cabeza, y dijéramos sí con las entrañas.

Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez, para besar sus pies no de bronce, su pubis no de piedra, sus pechos no de mármol, sus labios no de yeso.

Si Dios fuera mujer la abrazaríamos para arrancarla de su lontananza,

y no habría que jurar hasta que la muerte nos separe, ya que sería inmortal por antonomasia, y en vez de transmitirnos SIDA o pánico,

nos contagiaría su inmortalidad.

Si Dios fuera mujer no se instalaría lejana en el reino de los cielos,

sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno, con sus brazos no cerrados, su rosa no de plástico y su amor no de ángeles.

Ay Dios mío, Dios mío si hasta siempre y desde siempre fueras una mujer, qué lindo escándalo sería, qué venturosa, espléndida, imposible, prodigiosa blasfemia.

-Juan Gelman


El cuento de la liebre y el tigre

Publicado el 13 de Marzo, 2006, 16:02. en General.
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Que gran decepción tenía el joven de esta historia, su amargura era por la forma tan inhumana en que se comportaban todas las personas, al parecer, ya a nadie le importaba nada.

Un día, dando un paseo por el monte, vió sorprendido que una pequeña liebre le llevaba comida a un enorme tigre malherido, que no podía valerse por sí mismo.

Le impresionó tanto al ver este hecho, que regresó al siguiente día para ver si el comportamiento de la liebre era casual o habitual.

Con sorpresa pudo comprobar que la escena se repetía: la liebre dejaba un buen trozo de carne cerca del tigre.

Pasaron los días y la escena se repitió de un modo idéntico, hasta que el tigre recuperó las fuerzas y pudo buscar la comida por su propia cuenta.

Admirado por la solidaridad y cooperación entre los animales, se dijo:

- No todo está perdido. Si los animales, que son inferiores a nosotros, son capaces de ayudarse de este modo, mucho más lo haremos las personas.

Y decidió hacer la experiencia:

Se tiró al suelo, simulando que estaba herido, y se puso a esperar que pasara alguien y le ayudara.

Pasaron las horas, llegó la noche y nadie se acercó en su ayuda. Estuvo así durante todo el otro día, y ya se iba a levantar, decepcionado, con la convicción de que la humanidad no tenía el menor remedio.

Sentía dentro de sí el desespero del hambriento, la soledad del enfermo, la tristeza del abandono, su corazón estaba devastado, casi no sentía deseos de levantarse, y entonces oyó que una hermosa voz, muy dentro de él que le dijo lo siguiente:

Si quieres encontrar a tus semejantes,
si quieres sentir que todo ha valido la pena,
si quieres seguir creyendo en la humanidad, para encontrar a tus semejantes como hermanos, ¡deja de hacer de tigre y simplemente sé la liebre . . .!


Buscando escuela

Publicado el 13 de Marzo, 2006, 15:30. en La Banda del Perjuicio.
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La educación de nuestros hijos comienza mucho antes del primer día de clases: la elección de la escuela a la que asistirán es una de las primeras decisiones clave. Instintivamente, deseamos que reciban la mejor educación y queremos protegerlos de las presiones y tensiones que experimentamos a esa edad.

Esta decisión requiere tiempo y dedicación porque se trata -ni más, ni menos- que del futuro de nuestros hijos. Ser conscientes de esto, nos prevendrá de elegir un colegio porque queda camino al trabajo, o porque a él asisten los hijos de nuestros amigos. Un niño puede pasar allí hasta catorce años de su vida... demasiado tiempo para invertir en el lugar incorrecto!

Elegir una escuela es una decisión compleja que involucra al niño, a la familia y a la escuela. Antes de hacerlo, conviene considerar los siguientes factores:

El niño: es preciso analizar la personalidad de nuestro hijo, su estilo de aprendizaje y su grado de sociabilidad. Este niño, ¿necesita una estructura que lo contenga? ¿O elegiría un ambiente menos rígido? ¿Se siente más cómodo en grupos grandes, o pequeños? ¿Tiene un interés especial, por ejemplo en deportes, arte, o ciencia? Si bien nuestro hijo es muy pequeño (la escolaridad comienza a los 4 o 5 años) podemos intuir estas inclinaciones, a partir de sus juegos y temas de conversación.

Lo primero que debemos hacer es involucrar al niño en el proceso comentándole por qué estamos eligiendo una escuela, lo importante que será para él, las cosas que aprenderá allí, etc... El entusiasmo y la expectativa que le generemos es una parte importante de su preparación para el comienzo de clases. Aunque seamos nosotros quienes -en definitiva- tomemos la decisión, ésta no será efectiva a menos que nuestro hijo se sienta cómodo y entusiasmado con la elección.


La familia:
además de los valores y creencias de la familia, también hay que tomar en cuenta cuestiones más prácticas como por ejemplo: ¿Podremos afrontar la matrícula de una escuela privada, o le enviaremos a una escuela estatal? En caso de que trabajemos muchas horas, tal vez debamos considerar una escuela con régimen de doble turno. Además, si el colegio no queda cerca de casa, ¿podremos llevarlo hasta allí, o necesitaremos contratar un transporte especial? ¿Precisamos que alguien cuide del niño, antes o después de clases? Nuestro hijo, ¿tiene necesidades físicas, emocionales o intelectuales que requieran atención especial?

La escuela: este es el factor con más variables a considerar. No alcanza con mirar un folleto, llamar por teléfono, o escuchar referencias... hay que visitar la escuela para conocerla! Incluso, será preciso ir dos veces: una solos y otra con nuestro hijo. Es fundamental reunir información sobre cada uno de los siguientes aspectos:

Filosofía: podemos pedir a las autoridades un enunciado de misión (o de valores) para averiguar cuáles son las creencias de la institución y sus paradigmas pedagógicos.

Enfoque instruccional: hay padres que prefieren una escuela con estructura y estándares establecidos, mientras otros se inclinan por un entorno de más libertad y orientado al auto-aprendizaje. En este punto también entran en consideración las políticas de disciplina, de calificación, de trabajos de campo y de tareas en el hogar.

Instalaciones:
si bien un edificio moderno no garantiza la calidad de la educación, es importante que la escuela esté equipada -mínimamente- con una biblioteca, un patio, servicio de comedor, auditorio para actos, enfermería, una sala de computación y un gimnasio, además de aulas y sanitarios en condiciones.

Personal: conviene que la institución cuente con bibliotecarios, una trabajadora social, enfermera o médico y un psicopedagogo, aparte del personal docente y administrativo. También es recomendable conocer las calificaciones y antecedentes de los maestros y sus índices de rotación y ausentismo, así como el porcentaje de transferencia de alumnos a otros establecimientos. Por último, se recomienda preguntar por el tamaño promedio de una clase, para saber cuántos niños tiene asignados cada maestro.

Reputación: preguntemos a nuestros amigos, vecinos y a otros padres y docentes acerca de la reputación de la escuela. Hay colegios con "fama" de exigentes que tal vez no se adapten a nuestro hijo, u otros conocidos por su elitismo o rigidez. Si buscamos un colegio secundario, averigüemos el porcentaje de alumnos que continúa sus estudios en la universidad.

Seguridad: en caso de producirse una emergencia, ¿cómo notifica la escuela a los padres? ¿Cómo se evita que los niños salgan de la escuela? ¿Qué garantías ofrece la escuela en este sentido? Las instalaciones, ¿son seguras? Hay escuelas cuyos patios dan a la calle, donde los niños pueden tener contacto con extraños.

Plan de estudios:
la escuela, ¿coloca más énfasis en literatura y humanidades, o en ciencias y matemáticas? ¿Ofrece un segundo idioma? ¿Incluye formación religiosa? ¿Cada cuánto tiempo se actualizan los programas y materiales de estudio?

Participación de la familia y la comunidad:
las escuelas más preocupadas por la excelencia, generan diversas instancias de involucramiento de los padres. ¿Cómo y con qué frecuencia se comunica la escuela con los padres? ¿Tiene un boletín interno? ¿Qué información se incluye en la libreta de calificaciones? Preguntemos si se estrechan vínculos frecuentes con empresas locales, dependencias del gobierno o instituciones de la ciudad.

Interacciones interpersonales: observemos cuidadosamente la conducta y la actitud de los docentes y de los alumnos en sus interacciones. En una clase, ¿el docente permanece siempre en el frente, o se acerca e interactúa con los niños? ¿Controla la disciplina y la atención sin necesidad de gritos o amenazas? ¿Se dirige a los niños en forma amistosa, respetuosa y tolerante? Los alumnos, ¿participan de la clase? ¿Cooperan entre ellos? El personal directivo, ¿cómo trata a los maestros y al personal administrativo o de maestranza?

Cuando los padres estamos activamente involucrados en la educación de nuestros hijos, ellos se sienten más cómodos en la escuela y la ven como una extensión de los valores de su hogar. Debemos recordar que la educación no es responsabilidad exclusiva de los maestros. Si estamos buscando escuela, tomémonos nuestro tiempo y elijámosla con criterio y mucha inteligencia!

El subtexto emocional

Publicado el 13 de Marzo, 2006, 15:22. en El Custodio por la Paz.
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Sabemos que no existe comunicación efectiva sin una escucha efectiva. Recién cuando escuchamos convertimos las palabras en mensaje. Usted puede estar leyendo este artículo y -sin importar lo cuidadosamente elegidas que estén las palabras- si está pensando en otra cosa y no está "escuchando", el mensaje no penetrará en su mente.

Nuestro cerebro suele comportarse como una recepcionista: ve luces que se encienden y dice "de ninguna manera atenderé otra llamada." Y -al igual que una eficiente recepcionista- se muestra muy sensible a aquello que nos ocurre: ve cuán tensos, ocupados -o preocupados- estamos, _evalúa el tráfico de estímulos y regula nuestros niveles de atención.

Se ha descubierto que un mecanismo central para lograr que nuestro cerebro preste atención es la emoción. Emoción y atención están muy relacionadas. Por ejemplo, cuando asistimos a una fiesta y conocemos varias personas, ¿a quiénes prestamos más atención? A quien nos hace reír, a quien nos avergüenza, a quien nos halaga, etc... Es decir, a quienes tienen un impacto emocional en nuestra experiencia.

Cuando algo realmente nos importa -o experimentamos sentimientos intensos hacia ello- prestamos más atención. Por tal motivo -si deseamos realmente escuchar- debemos ir más allá de la denominada "escucha activa" y comprometernos con una "escucha emotiva".

Toda comunicación tiene un sub-texto emocional. Es posible verlo observando a los demás y a nosotros mismos. El sub-texto emocional puede -incluso- modificar el significado de las palabras. Por ejemplo, cuando en una discusión acalorada alguien dice "Desacuerdo con mi estimadísimo colega", todos escuchamos qué significa "estimadísimo" en ese momento. Aunque el hablante pretenda ser cortés, el "estimadísimo" es provocado por una emoción que se opone a su significado original.

¿Por qué es tan importante entender el sub-texto emocional? Después de todo, en la mayoría de nuestras comunicaciones diarias trabajamos arduamente para conseguir claridad y ser conscientemente creíbles. El problema es que la claridad no depende exclusivamente de nuestra racionalidad, sino que puede ser obstaculizada por nuestras emociones.

Analicemos la siguiente conversación:

- ¿Estás enojada?, pregunta el esposo a su mujer
- No, responde ella. No estoy enojada
Como él escucha cierta tensión en su voz, le vuelve a preguntar: - ¿Ni siquiera un poco?
- Te dije que no, responde, esta vez en un tono más agresivo.
- Es que me parecía que estabas enojada, comenta el esposo
- Ahora sí estoy enojada. Me hiciste enojar, finaliza ella

¿Estamos frente a un malentendido? Cuando el hombre pregunta a su esposa si está enojada, ella probablemente lo esté, pero no quiere demostrarlo para evitar un conflicto. Por su lado, él provoca la irritación de la mujer con sus preguntas: si ella no estaba enojada... ahora lo está!

Como la mujer de la historia, hay veces en que -si bien no mentimos- estamos confundidos. Las emociones suelen confundirnos y provocar que nuestras comunicaciones pierdan claridad. Para evitar esto, lo más esencial es ser claros en nuestros sentimientos y asegurar que aquello que digamos no contradiga aquello que sentimos. Alinear los pensamientos con los sentimientos -y luego con las palabras- es síntoma de claridad... emocional.

Solemos ser muy imprecisos en nuestras comunicaciones. Pero esta imprecisión no se resuelve simplemente exigiendo claridad a nuestro razonamiento, o escogiendo con cuidado las palabras. Además, será necesario escuchar las emociones involucradas en la situación. Si ignoramos los sentimientos, perderemos valiosa información.

Sólo atendiendo al sub-texto emocional de nuestras conversaciones aprenderemos a comprender mejor a los demás y a ser más claros en nuestros mensajes. En las comunicaciones humanas... la claridad también es un asunto emocional.

Noel Clarasó

Publicado el 13 de Marzo, 2006, 15:16. en Frases Célebres.
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"El amor es el único deporte que no se interrumpe por falta de luz."

Líderes y responsables

Publicado el 13 de Marzo, 2006, 15:07. en Efectividad.
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Cuando lideramos una organización -o una comunidad- somos parte de los problemas que en ella ocurren. Tener la iniciativa de resolver esos problemas, no nos "libera" de nuestra parte de responsabilidad por su existencia. Si ocupamos un rol de liderazgo, siempre tenemos parte de la responsabilidad ante un problema. Ya sea por haberlo creado... o por no haberlo evitado.

Aunque no sea fácil, antes de repararlo... debemos preguntarnos por qué se rompió! Si reconocer la responsabilidad ante una situación negativa es algo bastante difícil de hacer para cualquier persona, para alguien con un rol tan "expuesto" como el líder lo es más. Debemos ser conscientes de que, si culpamos a los demás (empleados; clientes; gerentes; etc...), estamos a la vez negando que somos parte de la situación y que, como ella... debemos cambiar!

Como líderes, si adoptamos un estilo que "señala a los demás" y les presiona para que cambien, es muy probable que las personas deseen "deshacerse de nosotros"... de alguna manera. Pero si les acompañamos, enfrentamos junto a ellos la situación y aceptamos nuestra responsabilidad por el estado de cosas, fortaleceremos nuestra posición.

Guillermo, fundador y director de una cadena textil, enfrentó el reto del cambio cuando su empresa empezó a sufrir problemas financieros. En quince años, él había transformado una pequeña tienda familiar en una cadena con diez sucursales y más de cien empleados. Estaba acostumbrado al crecimiento de su negocio, pero su estrategia ya no daba los resultados esperados. Luego de un balance negativo, supo que la compañía enfrentaba un serio riesgo.

Entonces, decidió contratar a un consultor para que analizara con más profundidad los problemas y propusiera medidas para revertir la situación. El consultor le presentó tres conclusiones: debía fortalecer la marca, reducir los costos fijos y, antes de hacer las dos anteriores... debía involucrarse en el problema!

El consultor le explicó que la empresa podía realizar la transición necesaria... con o sin él. Si quería participar del futuro, debía asumir la responsabilidad por el presente. Debía hacer sustanciales cambios en sus creencias y en sus conductas. Sin ello, los empleados -seguramente- resistirían los cambios exigidos.

A Guillermo le costaba escuchar este mensaje: estaba acostumbrado a que sus creencias y conductas le trajeran beneficios! Además, se preguntaba si -a los 55 años- tendría la capacidad de admitir sus errores y corregir el curso de acción...

Sin embargo, creyó en el diagnóstico y se comprometió a cambiar, personal y profesionalmente. Comenzó a aceptar su participación en la crisis y a modificar aquellas conductas que la profundizaban. Todos en la empresa vieron esto de manera positiva y comprendieron que -su líder- estaba enfrentando las mismas responsabilidades y riesgos que el resto.
Cambiar es siempre un gran sacrificio. Para hacerlo, muchas veces debemos elegir entre dos valores igualmente importantes... y a nadie le agrada este tipo de elecciones. Confrontar la "brecha" entre nuestros valores y conductas, requiere atravesar un período de contradicciones internas para alcanzar -finalmente- una inevitable pérdida.

Hay líderes que no se dan cuenta, ni aprecian, el sacrificio que exigen en los demás. Quienes no experimentan el cambio en sus valores o conductas, no entienden lo difícil que es. De igual manera, muchas personas no ven la gravedad de la situación que atraviesan y prefieran no cambiar, a tener que enfrentar un futuro incierto.

Además de clarificar los valores y propósitos que justifican un cambio, el líder debe reconocer la pérdida y ser consciente de las renuncias exigidas. Las personas están dispuestas a hacer sacrificios, pero necesitan saber que estos valen la pena.

Ser líderes y responsables no es igual a ser líderes irresponsables... Ejercitar un liderazgo responsable implica ayudar a las personas a cambiar. Para hacerlo, no hay otro camino que involucrarse profundamente con el cambio... y vivirlo!

Información que realmente importa

Publicado el 13 de Marzo, 2006, 15:02. en Debate.
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Muchos expertos han tratado de idear nuevas maneras de medir la calidad, el trabajo en equipo, la productividad, la duración de ciclos, la creatividad del personal y la satisfacción de clientes y empleados. Sin embargo en las empresas, la mayoría de las personas cree que ya tiene más información de la que puede manejar y que -con las computadoras- se multiplica la inundación de datos "indigeribles"...

La verdad, es que siempre ha habido más información de la que podemos humanamente procesar. Nuestros cinco sentidos bombardean el cerebro con más noticias de las que éste puede asimilar. La solución, no consiste en agregar una docena de medidas nuevas sino en ayudar a los individuos a filtrar la información, para que descarten lo improcedente y se concentren en lo que realmente importa.