El Blog
Calendario
Apúntate
Categorías
Alojado en
|
Enero del 2006
|
Publicado el 30 de Enero, 2006, 13:59.
en General.
Comentar |
Referencias (0)
|
Magia, un concepto cuyo significado ha sido difamado, despreciado, vilipendiado y casi prostituido con el transcurso de los siglos. Antiguamente, cuando el Hombre era más simple y aún no había nacido la creencia en la divina racionalidad, la Magia campaba por doquier, cómoda, en paz con el resto de las fuerzas naturales. Era querida, respetada e incluso temida, pero nunca nadie dudó de su existencia. ¿Tendría sentido acaso cuestionar la certeza de los árboles que pueblan nuestros maltratados bosques, de los pájaros que alegran la mañana con sus trinos, del viento que domina con su voz el firmamento? No, en absoluto; cualquier teoría que negara su presencia, que considerara tales elementos, u otros similares, como ficticios, sería rápidamente tachada de insensata e infundada. ¿Por qué, pues, el hombre contemporáneo se niega a aceptar algo tan cotidiano como la Magia? ¿Miedo quizás?
Tal vez. Seguramente miles de voces se alzarán, tras leer el anterior renglón, proclamando que la Magia, aún aceptando su existencia, no puede calificarse de cotidiana. Se equivocan, la Magia nos rodea, nadamos en ella, vivimos gracias a ella, pero vuestra racional ceguera os niega su visión, su disfrute. ¿Qué hay más mágico que el amor verdadero que hace que los seres humanos consigáis cosas más allá de vuestras posibilidades? ¿Qué hay más mágico que el cariño que puede unir a una pareja más allá de la muerte, que la llegada al mundo de un pequeño bebé, que la sonrisa de un niño, que un beso apasionado? ¿Puede acaso la razón explicar ese sentimiento que llena vuestra alma cuando finalmente conseguís la atención de la persona amada? ¿Es posible encontrar la ecuación por la que una mujer puede enamorarse de un hombre, o viceversa?
Pero, no nos equivoquemos, la Magia no es sólo amor o sentimientos positivos, es otras muchas cosas, mundanas muchas veces, espectaculares otras y crueles las más. La Magia, en definitiva, es causa y consecuencia, está tan intrínsecamente ligada a la Humanidad que, quien conoce a ambas, no sabe distinguir donde empieza una y donde acaba la otra. Pero, al igual que vosotros, aún sin saberlo, necesitáis de lo inexplicable, de lo irracional; la Magia necesita de vosotros. Como ya he dicho, la existencia de lo uno sin lo otro es imposible, inviable, y vuestro desprecio hacia esa fuerza que nos rodea nos está conduciendo hacia la perdición. El reino del pensamiento es el reino del olvido, de la desidia, el aburrimiento, la monotonía... Y de seguir por el camino que parecéis haberos marcado, os dirigís inminentemente hacia él: Estrés, neurosis, locura... Síntomas de vuestra grave enfermedad. Al negar a vuestra protectora os estáis negando a vosotros mismos. Pero ella, ella también está sufriendo mucho, muchísimo, su poder es cada vez más débil, más imperceptible.
Antes, cuándo el hombre vivía en paz con su entorno, la simbiosis era perfecta y la Magia rebosaba poder y energía. Era la época de los grandes Magos, de aquellos seres dotados especialmente que podían moldear la realidad a su antojo. En aquellos tiempos incluso las existencias más ínfimas, las más sencillas, eran capaces de realizar prodigios inexplicables bajo estados de presión o de sentimientos profundos. Siempre recordaré a Fernando, un sencillo campesino que habitaba en el centro de la Península Ibérica hace mucho, mucho tiempo. Era un hombre limitado, sin grandes pensamientos, sin grandes proyectos. Se conformaba con disfrutar del día a día de la vida, de las cosas sencillas: El campo, sus cultivos, sus hijas, su mujer. Ese poker de ases lo era todo para él y, diariamente, daba gracias por haber vivido una nueva jornada de su sencilla existencia. Cierto día encontrabame yo recogiendo muestras de una extraña clase de flor que había descubierto hacía poco, cuando lo vi volver, a la hora acostumbrada, del cuidado de sus cultivos. Era casi de noche, una noche que se presentaba clara y despejada. Miles de estrellas comenzaban a insinuarse en el firmamento y una suave brisa esparcía por doquier el olor a la recién llegada primavera. -"¡Hola Fernando!", saludé, -"¿Cómo se presenta la cosecha esta temporada?". -"Fabulosa, maestro, realmente fabulosa". Sin mediar más palabra, el fornido campesino continuó caminando, azadón en hombro, hacia su morada. Yo seguí recogiendo flores. Habían transcurrido un par o tres minutos cuando súbitamente escuché un tremendo alarido. Al principio asocié el grito a alguna bestia malherida, un lobo quizás, pero no, sonó demasiado humano. -¡Fernando! Sin perder tiempo dejé mi hoz y mi bolsa en el suelo y eché a correr hacia la casa de mi joven amigo. En pocos segundos alcancé mi objetivo (en aquellos tiempos mi cuerpo se encontraba lleno de energía). La escena que presencié era escalofriante. El campesino se encontraba de pie, inmóvil, paralizado por el horror. Ante él, la choza que los había acogido a él y su familia durante casi cinco años era consumida vorazmente por una amenazadoras llamas. Entonces, un llanto. ¡Oh no, su familia se encontraba atrapada en ese infierno! Presto me dispuse a lanzar un hechizo que aplacara el fuego, pero no tuve tiempo. Sorprendido, observé como Fernando corría desesperado hacia la perdición. Ni siquiera pude intentar detenerlo, en décimas de segundo desapareció entre la destrucción roja y amarilla. "Todo ha terminado", pensé mientras conjuraba a las fuerzas del viento y la lluvia en un intento que consideré vano de ayudar a aquella familia. Lo que presencié a continuación, sin poder terminar mi invocación, sobrepasa toda descripción que pueda hacerse con palabras. De entre las llamas surgió un príncipe, un rey, una criatura de poder que un día había sido un sencillo campesino. Era Fernando. Caminaba decidido e inmutable. Su rostro permanecía impasible pero lleno de rabia y pasión a la vez. En su hombro derecho transportaba a su mujer, que colgaba desmayada, sin conocimiento; en el izquierdo, a su hija mediana, en situación similar; y a cada lado de su amplio torso sus hijas pequeñas se agarraban fuertemente. Las ropas de mi amigo estaban completamente chamuscadas, dejando al descubierto sus poderosos músculos fruto de muchas horas de trabajo, que ahora lucían señoriales, inmunes al dolor. Tras él las fuerzas del mal renegaban en su contra, impotentes, desesperadas por la derrota a la que habían sido sometidas por un hombre sencillo, sin grandes pensamientos, sin grandes proyectos. El tiempo se paralizó durante un momento y todas las criaturas del Universo contemplaron respetuosamente aquel héroe, reverenciándolo y admirándolo. Cuando estuvo ya lejos de todo peligro, el campesino se agachó y posó cuidadosamente en el suelo a todos los miembros de su familia. Su mujer volvió en sí y lo abrazó con amor y agradecimiento, y así lo hicieron también sus hijas, que lloraban aún asustadas.
Nunca ninguno de mis hechizos ha podido superar la Magia de aquel antiguo amigo, pues la misma nació de la fuerza del amor verdadero. Los incrédulos calificarían su hazaña de suerte, o incluso intentarían explicar racionalmente el suceso, calculando las probabilidades matemáticas de que cinco personas resulten prácticamente ilesas tras permanecer en un infierno de llamas, brasas y maderas calcinadas. ¡Tonterías! Eso fue magia, nada más. ¿Cómo sino pudo Fernando encontrar, cargar y salvar a su familia en apenas diez segundos? Sí, eso fue una de las múltiples manifestaciones de la Magia, la Magia, la malherida y agonizante Magia, junto a la cual mi existencia se extingue poco a poco.
Como bien podrás haber ya imaginado, despierto lector, yo fui uno de esos grandes magos de los que hablaba hace un rato. Lo fui durante largas eras, pues mi existencia se remonta prácticamente al principio de los tiempos, cuando los primeros sucedáneos de vida comenzaban a poblar la Tierra. Por supuesto no soy humano, aunque adopte la forma de uno de vuestros congéneres por comodidad básicamente. Soy un ser de energía, creado espontáneamente a partir de procesos mágicos que escapan incluso a mi entendimiento. Al principio mis hermanos y hermanas eran muchos y poderosos, pero, pese a nuestro vínculo de sangre, pronto estuvimos divididos en dos bandos: Los radicales y los contemplativos. Los primeros promulgaban el dominio de nuestra raza sobre el hombre, criatura inferior y menos dotada, de apariencia repugnante y costumbres molestas, la cual debía ser exterminada sin más tardar. Los segundos, entre los cuales me encuentro, estábamos a favor de la coexistencia pacífica e intentábamos no interferir en la vida de aquella extraña criatura que pronto se autodenominó ser humano. Como nuestro nombre indica, nos limitábamos simplemente a mirar, a observar, sólo actuando cuando nuestros hermanos radicales se lanzaban a una de sus salvajes masacres. Siempre fuimos más, así que contenerles no fue nunca difícil. No obstante, como descubrimos con el tiempo, la raza humana no necesitaba ninguna protección, pues no hay en todo el Universo criatura más engreída, egocéntrica y cabezota que vosotros. Vuestro infinito sentido de la supervivencia fue destruyendo poco a poco a mis hermanos y hermanas del otro bando, que fueron cayendo bajo el fragor de vuestras primitivas armas. Finalmente ninguno de ellos pobló ya la Tierra, sólo los contemplativos permanecimos, coexistiendo pacíficamente, como era nuestro deseo.
La tranquilidad duró varios siglos, pero apareció entonces la Razón, y fuisteis renegando lentamente de la Magia. Al principio no le dimos importancia al tema, pues creíamos que la relación Magia-Hombre era débil, prácticamente inexistente, pero pronto mis hermanos comenzaron a caer enfermos y a morir, cuales moscas. Asociamos entonces ideas y nos dimos cuenta de lo grave de la situación, pero, siguiendo nuestras más íntimas creencias, decidimos no interferir, decidimos que la Naturaleza siguiera su curso. Nos equivocamos. Ahora ya sólo quedo yo, débil y cansado, incapaz de realizar ningún hechizo, muriendo junto a la Magia. Cuando yo deje de existir la Magia desaparecerá conmigo, pues yo y mis hermanos, somos (éramos), en cierto sentido, su recipiente, mientras que vosotros, los humanos, sois (erais) su fuente de poder. Sin poder y sin recipiente, la Magia morirá, y el hombre, el cabezota y egocéntrico hombre, permanecerá sólo en el Universo, triunfante pero abandonado, condenado a una racional existencia de aburrimiento sin fin. Pese a todo, no pierdo la esperanza, pues si aún no he sido consumido por el olvido es simplemente porque quedan humanos que creen abiertamente en la Magia, aunque no le apliquen ese nombre. Son pocos, muy pocos, cada vez menos, pero luchan con todas sus fuerzas, aún sin saberlo, por mantener con vida a mi agonizante progenitora. Gracias a ellos sigo aquí, expectante aún, y en ellos confío, como un ciego en su lazarillo, para que me libren de esta negra oscuridad.
La Magia existe, tenlo por seguro, pero quizás esta realidad cambie en poco tiempo.
¿Crees en la Magia? Espero que sí.
|
|
|
Publicado el 30 de Enero, 2006, 13:50.
en Humor.
Comentar |
Referencias (0)
|
En una clase práctica de Derecho Civil (obligaciones y contratos), el profesor le dice a uno de sus mejores alumnos: Si vd. tuviera intención de regalarle a alguien una naranja, ¿cómo lo haría?. - “Toma esta naranja”, respondió el alumno. - ¡No y no!, dijo el profesor visiblemente contrariado, ¡piense y actúe como un abogado!. El alumno aventajado recapituló y exclamó: ¡Ah bien!, yo le diría:
“En este acto, voluntariamente y de forma expresa, te cedo, para tu propio uso y disfrute, sin restricción alguna, todos mis derechos sobre esta naranja en todas sus partes, y en todo cuanto le fuere inherente, incluyendo la piel, la pulpa, el jugo y las pepitas, quedando bien entendido que podrás morderla, cortarla, congelarla o ejercitar cualquier otra acción, con facultad de cederla a un tercero, en todo o en parte, con pepitas o sin pepitas, y para que conste, a los efectos oportunos...”.
|
|
|
Publicado el 30 de Enero, 2006, 13:41.
en General.
Comentar |
Referencias (0)
|
Existía un monasterio que estaba ubicado en lo alto de la montaña.
Sus monjes eran pobres, pero conservaban en una vitrina tres manuscritos antiguos, muy piadosos. Vivían de su esforzado trabajo rural y fundamentalmente de las limosnas que les dejaban los fieles curiosos que se acercaban a conocer los tres rollos, únicos en el mundo.
Eran viejos papiros, con fama universal de importantes y profundos pensamientos.
En cierta oportunidad un ladrón robó dos rollos y se fugó por la ladera. Los monjes avisaron con rapidez al abad. El superior, como un rayo, buscó la parte que había quedado y con todas sus fuerzas corrió tras el agresor y lo alcanzó: "¿Qué has hecho? Me has dejado con un solo rollo. No me sirve. Nadie va a venir a leer un mensaje que está incompleto. Tampoco tiene valor lo que me robaste. O me das lo que es del templo o te llevas también este texto. Así tienes la obra completa".
-"Padre, estoy desesperado, necesito urgente hacer dinero con estos escritos santos", dijo el ladrón. El abad le contestó -"Bueno, toma el tercer rollo. Si no se va a perder en el mundo algo muy valioso. Véndelo bien. Estamos en paz." y lo dejó ir con el tesoro.
Los monjes no llegaron a comprender la actitud del abad. Estimaron que se había comportado débil con el rapaz, y que era el monasterio el que había perdido. Pero guardaron silencio, y todos dieron por terminado el episodio.
Cuenta la historia que a la semana, el ladrón regresó. Pidió hablar con el Padre Superior: "Aquí están los tres rollos, no son míos. Los devuelvo. Le pido en cambio que me permita ingresar como monje. Cuando usted me alcanzó, todo me esperaba menos que tuviera la generosidad como para darme el tercer rollo, la confianza en mí como para creer el valor de mi necesidad y que todavía me dijera que estábamos en paz, perdonándome con mucha sinceridad. Eso me ha hecho cambiar. Mi vida se ha transformado".
Nunca ese hombre, había sentido la grandeza del perdón, la presencia de la generosidad excelente. El abad recuperó los tres manuscritos para beneficio del monasterio, ahora mucho más concurrido por la leyenda del robo y del resarcimiento. Y además consiguió un monje trabajador y de una honestidad a toda prueba.
El agresor espera agresión, no una respuesta creativa, inesperada, insólita. No sospecha, la conmoción, del poder incalculable de poner la otra mejilla.
|
|
|
Publicado el 30 de Enero, 2006, 13:32.
en General.
Comentar |
Referencias (0)
|
1.- El regalo de Escuchar: Pero realmente escuchar, sin interrumpir, bostezar, o criticar. Sólo escuchar.
2.- El regalo del Cariño: Ser generoso con besos, abrazos, palmadas en la espalda y apretones de manos, estas pequeñas acciones demuestra el cariño por tu familia y amigos.
3.- El regalo de la sonrisa: Llena tu vida de imágenes con sonrisas, dibujos, caricaturas y tu regalo dirá: "me gusta reír contigo"
4.- El regalo de las notas escritas: Esto puede ser un simple "gracias por ayudarme", un detalle como estos puede ser recordado de por vida Y TAL VEZ CAMBIARLA.
5.- El regalo de un cumplido: Un simple y sincero "te ves genial de rojo", "has hecho un gran trabajo" o "fue una estupenda comida" puede hacer especial un día.
6.- El regalo del favor: Todos los días procura hacer un favor.
7.- El regalo de la soledad: Hay días que no hay nada mejor que estar solo. Sé sensible a aquellos días y da este regalo o solicítalo a los demás.
8.- El regalo de la disposición a la gratitud: La forma más fácil de hacer sentir bien a la gente es decirle cosas que no son difíciles de decir como "Hola" y "Muchas Gracias".
|
|
|
Publicado el 30 de Enero, 2006, 13:29.
en Debate.
Comentar |
Referencias (0)
|
Dos tipos de razones pueden motivarnos a aprender algo nuevo. En el primero, se encuentran las relacionadas con "avanzar". O sea, con incrementar una capacidad (o alcanzar un nivel superior de conocimiento) en una determinada área. Este tipo de motivaciones no se relaciona necesariamente con el placer de aprender en sí mismo, sino con dar un paso adelante.
Esto contrasta con el segundo tipo de motivación, que lleva a una persona a querer aprender algo... por "el placer" de hacerlo. Muchos deciden aprender cosas nuevas, porque se entusiasman con vivir una experiencia nueva, positiva y enriquecedora. El placer que les provoca el proceso de aprendizaje, es tan motivador como los resultados del mismo. Estas razones están íntimamente relacionadas con la búsqueda de plenitud y, sumadas al aprendizaje, producen un enorme crecimiento personal.
|
|
|
Publicado el 30 de Enero, 2006, 13:13.
en La Banda del Perjuicio.
Comentar |
Referencias (0)
|
Consideramos "buen padre" a aquel preocupado por el bienestar de sus hijos, que les provee todo aquello que necesitan, que les ayuda a vencer sus dificultades y a resolver sus problemas, que les cuida y contiene, etc... Pero, así como este comportamiento puede ser sinónimo de una buena paternidad, puede esconder una peligrosa -y muy corriente- adicción!
Esta reflexión surge de contemplar la situación que viven muchos padres de hijos adultos, que continúan atendiéndoles, brindándoles comodidades y recursos, resolviéndoles problemas y cubriendo sus necesidades, a pesar de no existir un problema económico, de salud, o de otra índole.
Tras un primer análisis de esta situación, los padres pueden aparecer como "víctimas" de hijos dependientes, que se niegan a abandonar la comodidad y la seguridad del hogar paterno y continúan "viviendo de sus padres". Pero al pensarlo mejor, cabe preguntarse: ¿quién depende de quién?
Sostener una situación de "padre proveedor - hijo necesitado" cuando los hijos ya son personas adultas, muchas veces es manifestación de una hijo-dependencia: detrás del sostenimiento de la dependencia de los hijos hacia sus padres... se esconde la dependencia de los padres hacia sus hijos.
Hay padres que permiten -e incluso alientan- que sus hijos adultos sigan necesitando de ellos, porque sienten miedo de quedarse solos, de enfrentarse al "nido vacío". Al continuar atendiéndoles y tratándoles de la misma forma que cuando eran niños o adolescentes (y en algunos casos sobredimensionando esta atención), los padres se sienten más necesitados... más "padres". Los hijos -por su parte- se sienten más "hijos" (en cierta forma, más "niños"), al ver que sus padres están dispuestos a atenderles, cuidarles y satisfacerles diferentes necesidades. Esta prolongación de la relación "adulto-niño" les libra de enfrentar sus propios miedos, como el fracaso laboral o afectivo. Como resultado, se crea una complicidad entre ambos: los padres prefieren que sus hijos no "crezcan" y estos prefieren no "crecer".
Una de las mayores dificultades de la paternidad es adaptarse al crecimiento de los hijos. Cuando tienen ocho, seguimos tratándolos como si tuvieran tres, cuando tienen quince como si tuvieran ocho... y cuando alcanzan los treinta como si aún tuvieran quince! Nos cuesta aceptar que han crecido. Inconscientemente, deseamos que ese hombre -o esa mujer- sigan siendo el bebé que nos requería todo el tiempo. Este deseo nos lleva a perpetuar el rol de padres proveedores y protectores.
A ello se suma una incapacidad concreta: no sabemos ser padres de un adulto. No podemos visualizar otra función que no sea "criar" a un hijo. Como consecuencia, ejercemos nuestro rol frente a hijos adultos de la misma manera que lo hacíamos cuando eran niños.
La hijo-dependencia perjudica a padres e hijos, porque les impide su natural desarrollo. Así como -eventualmente- todo hijo necesita "romper el cordón" y comenzar su propia vida, todo padre necesita que su relación de pareja evolucione, recuperar espacios de intimidad perdidos tras la llegada de los hijos y retomar proyectos personales que quedaron postergados por la crianza de los niños. Para hacer posible esta evolución, es preciso transformar el rol de padres.
La paternidad requiere una transformación continua. Cuando nuestros hijos crecen y maduran hasta convertirse en adultos, como padres debemos evolucionar para acompañar ese crecimiento. Esta evolución comienza por reconocer que tenemos frente a nosotros a una persona adulta que necesita ser tratada como tal. Como cualquier adulto, tiene derechos y responsabilidades: el derecho de gozar de privacidad, de tomar sus propias decisiones, de vivir la vida que elija vivir y la responsabilidad de asumir compromisos con él mismo y con su entorno.
Desde luego, esta evolución es gradual. No podemos -de la noche a la mañana- pasar de tratar a nuestros hijos como niños, a tratarlos como adultos. Paulatinamente, con cada nueva etapa de la vida que ellos inician, nosotros debemos adaptar la forma en que les tratamos, las exigencias que les imponemos, los espacios de libertad que les concedemos y las necesidades que les cubrimos.
Una conocida frase dice: "Una vez padre... padre para siempre." Definitivamente, somos padres para siempre y jamás abandonaremos este rol... pero sí debemos adaptarlo. Que no recurramos a cubrir cada necesidad o a resolver cada problema que tienen nuestros hijos adultos, no nos hace menos padres. No es señal de una paternidad menos responsable, comprometida o activa, sino de una paternidad diferente: una paternidad adulta!
Para ejercer una paternidad adulta, necesitamos superar la hijo-dependencia y transformar una relación dependiente en una interdependiente, en la que padres e hijos interactuemos de igual a igual, nos respetemos mutuamente, nos ayudemos unos a otros, confiemos en nuestras capacidades y nos demos el suficiente espacio para crecer como personas.
|
|
|
Publicado el 26 de Enero, 2006, 11:34.
en General.
Comentar |
Referencias (0)
|
Un niño pequeño quería conocer a Dios. Sabía que era un largo viaje hasta donde Dios vive, así que empacó su maleta con pastelitos y unos seis refrescos, y empezó su jornada.
Cuando había caminado como tres cuadras, se encontró con una mujer anciana. Ella estaba sentada en el parque, solamente contemplando algunas palomas. El niño se sentó junto a ella y abrió su maleta.
Estaba a punto de beber de su refresco, cuando notó que la anciana parecía hambrienta, así que le ofreció un pastelito.
Ella agradecida aceptó el pastelito y sonrió al niño.
Su sonrisa era muy bella, tanto que el niño quería verla de nuevo, así que le ofreció uno de sus refrescos. De nuevo ella le sonrió. El niño estaba encantado!
Se quedó toda la tarde comiendo y sonriendo, pero ninguno de los dos dijo nunca una sola palabra.
Mientras oscurecía, el niño se percató de lo cansado que estaba, se levanto para irse, pero antes de seguir sobre sus pasos, dio vuelta atrás, corrió hacia la anciana y le dio un abrazo.
Ella después de abrazarlo, le dio la más grande sonrisa de su vida.
Cuando el niño llego a su casa, abrió la puerta... su madre estaba sorprendida por la cara de felicidad.
Entonces le preguntó:
- Hijo, ¿qué hiciste hoy que te hizo tan feliz?.
El niño contestó
- Hoy almorcé con Dios!"
Y antes de que su madre contestara algo, añadió:
-Y ¿sabes qué? Tiene la sonrisa más hermosa que he visto!
Mientras tanto, la anciana, también radiante de felicidad, regresó a su casa. Su hijo se quedó sorprendido por la expresión de paz en su cara, y preguntó:
-Mamá, ¿qué hiciste hoy que te ha puesto tan feliz?.
La anciana contestó:
-Comí pastelitos con Dios en el parque.
Y antes de que su hijo respondiera, añadió:
-Y, sabes? Es más joven de lo que pensaba!".
Muy seguido, no le damos importancia a el poder del abrazo, la palmada en la espalda, una sonrisa, una palabra de aliento, un oído que te escucha, un cumplido honesto, o el acto más pequeño de preocupación...
Todos esos detalles que tienen el potencial de cambiar la vida, o de darle un gran giro.
Las personas llegan a nuestras vidas por una razón, ya sea por una temporada o para toda una vida. Recíbelos a todos por igual! Y comparte esto con las personas que han tocado tu vida de una forma especial u otra, en una parte de tu existencia o en tu vida entera.
Sean familiares, amigos de la infancia, amigos de siempre, compañeros de trabajo, o personas con las cuales tienes contacto, aunque tal vez no frecuentes... O no conozcas! Déjales saber que tan importantes son para ti... así como tú lo eres para mi.
.Y almuerza con Dios, de vez en cuando.
"AUN EN LOS PEORES MOMENTOS CUANTO TODO PAREZCA PERDIDO, CUANDO LAS SONRISAS SE HAYAN APAGADO; EL ABRAZO DE UN ANGEL TENDRÁS A TU LADO, CON ESA MAGIA Y AMOR QUE TANTO DESEAS"
|
|
|
Publicado el 26 de Enero, 2006, 11:24.
en Alexa.
Comentar |
Referencias (0)
|
(Una historia que nos pide desterrar la rutina de nuestra vida diaria)
Hubo una vez en la historia del mundo un día terrible en el que el Odio, que es el rey de los malos sentimientos, los defectos y las malas virtudes, convocó a una reunión urgente con todos los sentimientos negros del mundo y los deseos más perversos del corazón humano. Estos llegaron a la reunión con curiosidad de saber cuál era el propósito. Cuando estuvieron todos habló el Odio y dijo:
- "Los he reunido aquí a todos porque deseo con todas mis fuerzas matar a alguien".
Los asistentes no se extrañaron mucho pues era el Odio que estaba hablando y él siempre quiere matar a alguien, sin embargo todos se preguntaban entre sí quién sería tan difícil de matar para que el Odio los necesitara a todos.
- "Quiero que maten al Amor", dijo. Muchos sonrieron malévolamente pues más de uno quería destruirlo. El primer voluntario fue el Mal Carácter, quien dijo:
- "Yo iré, y les aseguro que en un año el Amor habrá muerto; provocaré tal discordia y rabia que no lo soportará".
Al cabo de un año se reunieron otra vez y al escuchar el reporte del Mal Carácter quedaron decepcionados.
- "Lo siento, lo intenté todo pero cada vez que yo sembraba una discordia, el Amor la superaba y salía adelante". Fue entonces cuando, muy diligente, se ofreció la Ambición que haciendo alarde de su poder dijo:
- "En vista de que el Mal Carácter fracasó, iré yo. Desviaré la atención del Amor hacia el deseo por la riqueza y por el poder. Eso nunca lo ignorará".
Y empezó la Ambición el ataque hacia su víctima quien efectivamente cayó herida pero, después de luchar por salir adelante, renunció a todo deseo desbordado de poder y triunfó de nuevo.
Furioso el Odio por el fracaso de la Ambición envió a los Celos, quienes burlones y perversos inventaban toda clase de artimañas y situaciones para despistar el amor y lastimarlo con dudas y sospechas infundadas. Pero el Amor confundido lloró y pensó que no quería morir, y con valentía y fortaleza se impuso sobre ellos, y los venció. Año tras año, el Odio siguió en su lucha enviando a sus más hirientes compañeros, envió a la Frialdad, al Egoísmo, a la Cantaleta, la Indiferencia, la Pobreza, la Enfermedad y a muchos otros que fracasaron siempre, porque cuando el Amor se sentía desfallecer tomaba de nuevo fuerza y todo lo superaba. El Odio, convencido de que el Amor era invencible, les dijo a los demás: "Nada hay que hacer." El Amor ha soportado todo, llevamos muchos años insistiendo y no lo logramos.
De pronto, de un rincón del salón se levantó alguien poco reconocido, que vestía todo de negro y con un sombrero gigante que caía sobre su rostro y no lo dejaba ver, su aspecto era fúnebre como el de la muerte. "Yo mataré el Amor, dijo con seguridad". Todos se preguntaron quién era ese que pretendía hacer solo, lo que ninguno había podido. El Odio dijo: "Ve y hazlo".
Tan sólo había pasado algún tiempo cuando el Odio volvió a llamar a todos los malos sentimientos para comunicarles después que, de mucho esperar, por fin el Amor HABÍA MUERTO. Todos estaban felices, pero sorprendidos.
Entonces el sentimiento del sombrero negro habló: "Ahí les entrego el Amor totalmente muerto y destrozado", y sin decir más se marchó. "Espera", dijo el Odio, "en tan poco tiempo lo eliminaste por completo, lo desesperaste y no hizo el menor esfuerzo para vivir. ¿Quién eres?"
El sentimiento levantó por primera vez su horrible rostro y dijo: "soy La Rutina."
|
|
|
Publicado el 26 de Enero, 2006, 11:05.
en Humor.
Comentar |
Referencias (0)
Juan invitó a su madre a cenar una noche en su apartamento de soltero. Durante la cena la madre pudo reparar en lo hermosa que era Lourdes, la compañera de apartamento de su hijo, ella sospechaba que su hijo mantenía relaciones con ella. En el transcurso de la velada, mientras veía el modo en que los dos se comportaban, se preguntó si estarían acostándose juntos. Leyendo Juan el pensamiento de su madre le dijo: "Mamá sé lo que estas pensando, pero te aseguro que Lourdes y yo sólo somos compañeros de apartamento". Aproximadamente una semana después Lourdes le comentó a Juan que desde el día que su madre vino a cenar estaba faltando el cucharón grande de plata para servir la sopa. Quedaron en que Juan le escribiría una carta. "Querida mamá: no estoy diciendo que cogieras el cucharón de plata de servir la sopa, pero tampoco estoy diciendo que no lo cogieras. El hecho es que ha desaparecido desde el día en que viniste a cenar a casa". Unos días más tarde Juan recibió carta de su madre que decía: "Querido hijo: no estoy diciendo que te acuestas con Lourdes o que no te acuestas; pero el hecho es que si Lourdes se acostara en su propia cama, ya habría encontrado el cucharón de plata para servir la sopa. Con todo cariño TU MADRE."
|
|
|
Publicado el 26 de Enero, 2006, 11:00.
en General.
Comentar |
Referencias (0)
|
El distraído tropezó con ella.
El violento la utilizó de proyectil.
El emprendedor, construyó con ella.
El campesino, cansado, la utilizó de asiento.
Para los niños, fue un juguete.
Drummond, la poetizó.
David, mató a Goliat.
Y Miguel Ángel le sacó la más bella escultura.
En todos estos casos, la diferencia no estuvo en la piedra sino en el hombre.
No existe piedra en tu camino que no puedas aprovechar para tu propio crecimiento.
|
|
|
Publicado el 26 de Enero, 2006, 10:48.
en Efectividad.
Comentar |
Referencias (0)
|
Cuando una persona vive para trabajar, en lugar de trabajar para vivir, decimos que es "adicta al trabajo". Un adicto al trabajo experimenta la compulsión de trabajar más y más, se siente culpable cuando se relaja -o atraviesa un momento de ocio- y no puede dejar de pensar en el trabajo.
Evidentemente, la "adicción al trabajo" perjudica la calidad de vida de una persona y la de su entorno. Sin embargo -como ocurre con tantas otras adicciones- no siempre podemos reconocerla a tiempo... antes de que sea tarde.
¿Cómo podemos reconocer esta adicción... o la predisposición a sufrirla? ¿Cómo podemos saber si alguien de nuestro círculo -o incluso nosotros mismos- está en camino de convertirse en un adicto al trabajo? Algunos estilos de trabajo pueden indicarnos estar frente -o próximos- a esta adicción. Los siguientes, son estilos de trabajo muy peligrosos:
Bulímico-anoréxico: una característica de quienes sufren desórdenes alimentarios como la bulimia y la anorexia, es que alternan entre períodos de "ayuno" (en los que saltean comidas y pasan horas y hasta días sin ingerir alimentos) y períodos de "voracidad" (en los que se "atragantan" de comida). Hay personas que hacen lo mismo en su trabajo: atraviesan ciclos en los que postergan todas las tareas, no inician ningún proyecto, no cumplen con lo pedido y otros en los que se quedan noches sin dormir para hacer una entrega, atienden diversos proyectos simultáneamente y trabajan hasta la extenuación para terminar todo lo pendiente. Estas personas pasan de un extremo a otro: trabajan incansablemente durante un tiempo y luego se toman prolongados descansos en los que no hacen absolutamente nada.
Socorrista: algunas personas trabajan en permanente estado de crisis y urgencia, "apagando incendios" como suele decirse. Viven corriendo detrás de plazos de entrega rigurosos e inminentes, sienten que siempre se les hace tarde y que todo es cuestión de "vida o muerte". Este estilo de trabajo se caracteriza por la impulsividad, la agitación y el dramatismo. Para un socorrista, es preciso actuar inmediatamente, no hay tiempo para pensar, para delegar, para informar a los demás, para establecer prioridades, ni para planificar.
Hiperactivo: los niños con hiperactividad o desórdenes de atención, se comportan "erráticamente" en la escuela y en sus hogares. Al igual que estos niños, algunos adultos tienen un comportamiento errático en sus trabajos: saltan de una tarea a otra, no terminan nada, se dispersan con facilidad, se aburren cuando un proyecto se extiende por mucho tiempo, siempre están apurados por pasar a otra cosa y les cuesta concentrarse en un aspecto de su trabajo.
Entusiasta: a quien tiene por hobby -por ejemplo- armar maquetas, las horas le pasan volando y se olvida de todo lo demás. Su entusiasmo por la afición hace que le resulte difícil dejarla para hacer otra cosa: siempre encontrará algún detalle que agregar -o corregir- y pasará horas contemplando su creación y embelleciéndola. De manera similar, el entusiasta por su trabajo pierde la noción del tiempo mientras trabaja, porque disfruta mucho hacerlo. Esta persona prolonga indefinidamente una tarea y genera trabajo adicional cuando siente que está por terminarla. El placer que le proporciona trabajar, hace que le resulte casi imposible delegar trabajo, o negarse a hacer algo.
Perfeccionista: la búsqueda de perfección lleva a una persona a vivir en un estado de permanente disconformidad y tensión. Nada es lo suficientemente bueno: ni aquello que ella hace, ni aquello que hacen los demás. Como consecuencia, el perfeccionista pasa horas corrigiendo trabajo y haciendo demandas de calidad excesivas para él y para los demás. En la búsqueda de perfección, cualquier mínimo detalle justifica más dedicación.
Buen samaritano: hay personas que se desvelan por ayudar a los demás. Siempre están pensando en cómo ser útiles y bondadosas. Este comportamiento suele darse en diferentes ámbitos, de los cuales no escapa el laboral. El buen samaritano nunca delega su trabajo para no cargar a otra persona; más bien, prefiere que los demás transfieran tareas a él. No sólo no puede decir "no" a un pedido de colaboración, sino que constantemente ofrece su ayuda. Prefiere responder prontamente un email o un llamado, o recibir a alguien que solicita su atención, que terminar su propio trabajo. Como consecuencia, siempre se ve obligado a dedicar más horas para realizar sus tareas.
Por diferentes razones, estos estilos de trabajo llevan a una persona a trabajar más de la cuenta: sea por no administrar equilibradamente sus tareas, por vivir resolviendo crisis, por no concentrarse lo necesario, por olvidarse del paso del tiempo mientras trabaja, por nunca conformarse con un resultado, o por hacer el trabajo de los demás y no el suyo.
Estos seis perfiles existen en todas las organizaciones y normalmente no se los considera señal de una adicción al trabajo, sino diferentes formas de trabajar. Sin embargo, son muy sintomatológicos y deberíamos estar muy atentos a su manifestación, tanto en nuestro equipo de trabajo... como en nosotros mismos.
La adicción al trabajo constituye un grave problema para quien la sufre, para su organización y para su familia. Como todo problema, cuanto antes se detecte... más fácil será combatirlo!
|
|
|
Publicado el 26 de Enero, 2006, 10:43.
en General.
Comentar |
Referencias (0)
|
Un muchacho entró con paso firme a la joyería y pidió que le mostraran el mejor anillo de compromiso que tuvieran.
El joyero le presentó uno.
La hermosa piedra solitaria brillaba como un diminuto sol resplandeciente. El muchacho contempló el anillo y con una sonrisa lo aprobó, luego preguntó el precio y se dispuso a pagar por su compra.
- ¿Va usted a casarse pronto? - Le preguntó el joyero.
- ¡No! - respondió el muchacho - Ni siquiera tengo novia.
La muda sorpresa del joyero divirtió al comprador.
- Es para mi mamá - dijo el muchacho.
Cuando yo iba a nacer ella estuvo sola; alguien le aconsejó que me matara antes de que naciera, así se evitaría problemas. Pero ella se negó y me dio el don de la vida. Y tuvo muchos problemas, ¡muchos!
De hecho, fue padre y madre para mi, buena amiga, maestra y hermana. Me hizo ser lo que ahora soy. Ahora que puedo, le compro este anillo de compromiso. Ella nunca tuvo uno. Yo se lo doy como promesa de que si ella hizo todo por mi, ahora yo haré todo por ella.
¡Quizás después entregue otro anillo de compromiso, pero será el segundo!
El joyero no dijo nada. Sólamente ordenó a su cajera que hiciera al muchacho el descuento aquel que estaba reservado sólo para los clientes importantes.
|
|
|
Publicado el 26 de Enero, 2006, 10:40.
en Debate.
Comentar |
Referencias (0)
|
No es de sorprender que muchos padres y madres usen su posición de autoridad, como recurso fundamental para criar a sus hijos. Bajo ciertas circunstancias, la mayoría recurre a su "jerarquía de padre y adulto" para obtener disciplina. Incluso muchos llegan a ser violentos con sus hijos, creyendo que su posición les da derecho a ello. Para algunos, estas actitudes son hechos aislados. Para otros, un estilo que refleja lo que ellos mismos experimentaron en su niñez.
Como no conocen ninguna alternativa, todos ellos actúan a partir de la ignorancia, el cansancio, o el temor... y crían a sus hijos basándose en reglas, decretos, amenazas, castigos y control. Por lo general, justifican todo esto bajo la conocida frase: "...es por tu bien".
La paternidad y la maternidad son cuestiones delicadas que requieren de mucho amor, sentido común, conciencia y autocontrol. Por esto, lo más importante y fundamental que podemos hacer (para mejorar nuestro rol de padres), sea re-conectarnos con nuestras sensibilidades más profundas... y desde allí, encontrar nuevos recursos y nuevas relaciones con nuestros hijos.
|
|
|
Publicado el 23 de Enero, 2006, 14:07.
en General.
Comentar |
Referencias (0)
|
Una vez un sacerdote estaba dando un recorrido por la Iglesia al medio día.
Al pasar por el Altar decidió quedarse cerca para ver quien había venido a rezar. En ese momento se abrió la puerta, el sacerdote frunció el entrecejo al ver un hombre acercándose por el pasillo. El hombre estaba sin afeitarse desde hace varios días, vestía una camisa rasgada y tenía el abrigo gastado cuyos bordes se habían comenzado a deshilachar.
El hombre se arrodillo, inclino la cabeza, luego se levanto y se fue. Durante los siguientes días el mismo hombre, siempre al mediodía, estaba en el templo cargando una maleta... se arrodillaba brevemente y luego volvía a salir.
El sacerdote, un poco temeroso, empezó a sospechar que se tratase de un ladrón, por lo que un día se puso en la puerta de la Iglesia y cuando el hombre se disponía a salir le pregunto:
- ¿Que haces aquí?.
El hombre dijo que trabajaba cerca y tenia media hora libre para el almuerzo y aprovechaba ese momento para rezar. Solo me quedo unos instantes, sabe, porque la fábrica queda un poco lejos; así que solo me arrodillo y digo:
- "Señor, solo vine nuevamente para contarte cuan feliz me haces cuando me liberas de mis pecados... no sé muy bien rezar, pero pienso en Ti todos los días... así que Jesús, este es Jim reportándose".
El sacerdote, sintiéndose un tonto, le dijo a Jim que estaba bien y que era bienvenido a la Iglesia cuando quisiera. El sacerdote se arrodillo ante el altar, sintió derretirse su corazón con el gran calor del amor y encontró a Jesús.
Mientras las lágrimas corrían por sus mejillas, en su corazón repetía la plegaria de Jim:
- "Señor, sólo vine para decirte cuan feliz fui desde que te encontré a través de mis semejantes y me liberaste de mis pecados... no se muy bien como rezar, pero pienso en Ti todos los días... así que Jesús, soy yo reportándome".
Cierto día el sacerdote notó que el viejo Jim no había venido. Los días siguieron pasando sin que Jim volviese para rezar. Continuaba ausente, por lo que el sacerdote comenzó a preocuparse, hasta que un día fue a la fábrica a preguntar por él; allí le dijeron que el estaba enfermo, que pese a que los médicos estaban muy preocupados por su estado, todavía creían que tenia un chance de sobrevivir.
La semana que Jim estuvo en el hospital trajo muchos cambios: él sonreía todo el tiempo y su alegría era contagiosa. La enfermera no podía entender por que Jim estaba tan feliz, ya que nunca había recibido ni flores, ni tarjetas, ni visitas. El sacerdote se acercó al lecho de Jim con la enfermera y esta le dijo, mientras Jim escuchaba:
- "Ningún amigo ha venido a visitarlo, el no tiene a donde recurrir".
Sorprendido, el viejo Jim dijo con una sonrisa: "La enfermera esta equivocada... pero ella no puede saber que todos los días, desde que llegue aquí, a mediodía, un querido amigo mío viene, se sienta aquí en la cama, me agarra de las manos, se inclina sobre mi y me dice:"
- "Sólo vine para decirte, Jim, cuan feliz fui desde que encontré tu amistad y te libere de tus pecados. Siempre me gusto oir tus plegarias, pienso en ti cada día... así que Jim, este es Jesús reportándose".
"Cuanto de importante es prestar atención a esos detalles que a veces no queremos ver y ni responder". ¿Porque?.
|
|
|
Publicado el 23 de Enero, 2006, 13:34.
en General.
Comentar |
Referencias (0)
|
|
|
Plutarco |
| Nos cuenta Plutarco en una de sus historias, que en aquellos tiempos de la antigüedad había un romano que decidió separarse de su mujer abandonándola.
Sus amigos le recriminaron por ello, pues no veían claros los motivos de aquel divorcio:
- No es hermosa?-preguntaban.
-Sí. Lo es. Y mucho.
-¿No es, acaso, casta y honrada?
-Sí. También lo es.
Extrañados, insistían en conocer el motivo que había llevado a su amigo a tomar una decisión tan extrema.
El romano, entonces, se quitó un zapato y mostrándolo a sus amigos, preguntó:
-¿Es bonito?
-Sí. Lo es -dijeron ellos.
-¿Está bien construído?
-Sí. Eso parece -todos aprobaron.
Y entonces él, volviéndoselo a calzar, les aseguró: -Pero ninguno de ustedes puede decir dónde me aprieta.
|
|
|
Publicado el 23 de Enero, 2006, 13:16.
en Alexa.
Comentar |
Referencias (0)
|
soñamos juntos juntos despertamos el tiempo hace o deshace mientras tanto no le importan tu sueño ni mi sueño somos torpes o demasiado cautos pensamos que no cae esa gaviota creemos que es eterno este conjuro que la batalla es nuestra o de ninguno juntos vivimos sucumbimos juntos pero esa destrucción es una broma un detalle una ráfaga un vestigio un abrirse y cerrarse el paraíso ya nuestra intimidad es tan inmensa que la muerte la esconde en su vacío quiero que me relates el duelo que te callas por mi parte te ofrezco mi última confianza estás sola estoy solo pero a veces puede la soledad ser una llama.
Mario Benedetti.
|
|
|
Publicado el 23 de Enero, 2006, 13:00.
en Humor.
Comentar |
Referencias (0)
Muere el marido y en el cementerio un amigo reza por él diciendo:
- Estamos aquí para despedir al gran amigo, al hombre honesto y cabal, lleno de cualidades y aptitudes, el marido modelo, el padre ejemplar...
Al oírlo, la viuda coge de la mano a su hija y le dice:
- Vámonos hija, nos hemos debido equivocar de entierro.
|
|
Otros mensajes en Enero del 2006
- Policía bueno, policía malo (23 de Enero, 2006)
- ¿El corto o el largo? (23 de Enero, 2006)
- El lenguaje de la inacción (23 de Enero, 2006)
- La cuerda (21 de Enero, 2006)
- El novio pintor (21 de Enero, 2006)
- Salustio (21 de Enero, 2006)
- Seguir cantando.... (21 de Enero, 2006)
- Diez mandamientos de un hijo a su padre... (21 de Enero, 2006)
- Cambie de relación... (21 de Enero, 2006)
- Cuanto Vale una Mujer..... (21 de Enero, 2006)
- El gran ausente (21 de Enero, 2006)
- El sueño del Sultán (16 de Enero, 2006)
- La gallina infiel.... (16 de Enero, 2006)
- Karl Menninger (16 de Enero, 2006)
- Combatimos la impotencia (16 de Enero, 2006)
- Cuidado podría ser contagioso (16 de Enero, 2006)
- Teología de la obesidad (16 de Enero, 2006)
- Los nueve tesoros (16 de Enero, 2006)
- Aristóteles (16 de Enero, 2006)
- Nunca llegues tarde (16 de Enero, 2006)
- Liderazgo comprometido (16 de Enero, 2006)
- ¿Existe Dios? (11 de Enero, 2006)
- Consejos de la Madre Teresa de Calcuta (11 de Enero, 2006)
- Tiempos verbales (11 de Enero, 2006)
- Pidiéndole a Dios (11 de Enero, 2006)
- Thomas Jefferson (11 de Enero, 2006)
- Confianza y relaciones (11 de Enero, 2006)
- Las Perlas (11 de Enero, 2006)
- Fidelidad (11 de Enero, 2006)
- Cicatrices del alma (9 de Enero, 2006)
- Consejos del Dalai Lama (9 de Enero, 2006)
- Tiempo de decisiones... de vida (9 de Enero, 2006)
- La mejor semilla (9 de Enero, 2006)
- Cada DIA, HORA, MINUTO es especial (9 de Enero, 2006)
- El principito (fragmento) (9 de Enero, 2006)
- Hombre honrado (9 de Enero, 2006)
- Paul Geraldy (9 de Enero, 2006)
- Cambiar la forma de cambiar (9 de Enero, 2006)
- El vuelo de los gansos (3 de Enero, 2006)
- El hada madrina solidaria (3 de Enero, 2006)
- Pepe y su historia (3 de Enero, 2006)
- Lucio Anneo Séneca (3 de Enero, 2006)
- La Fidelidad, ...un valor a descubrir (3 de Enero, 2006)
- No lo pierda de vista (3 de Enero, 2006)
|
Sindicación
Abrazados
Enlaces
|