Harmadillo: El Abrazo.

"Tantos siglos de civilización y no aprendimos a abrazarnos". Amado Nervo.

16 de Diciembre, 2005


La prueba final

Publicado el 16 de Diciembre, 2005, 16:27. en Alexa.
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John X se levantó del banco, arreglando su uniforme, y estudió la multitud de gente que se abría paso hacia la Gran Estación Central. Buscó la chica cuyo corazón él conocía pero cuya cara nunca había visto, la chica de la rosa. Su interés en ella había comenzado 13 meses antes en una Biblioteca de Florida. Tomando un libro del estante, se encontró intrigado, no por las palabras del libro sino por las notas escritas en el margen. La escritura suave reflejaba un alma pensativa y una mente brillante. En la parte del frente del libro descubrió el nombre de la dueña anterior, la señorita Hollys Maynell. Con tiempo y esfuerzo localizó su dirección. Ella vivía en Nueva York. Él le escribió una carta para presentarse y para invitarla a corresponderle. Al día siguiente, John fue enviado por barco para servir en la Segunda Guerra Mundial. Durante un año y un mes, los dos se conocieron a través del correo, y un romance fue creciendo. John le pidió una fotografía, pero ella se negó. Ella sentía que si a él de verdad le importaba, no importaría cómo ella luciera. Cuando por fin llegó el día en que él regresaría de Europa, ellos arreglaron su primer encuentro: a las 7:00 pm en la Gran Estación Central de Nueva York. "Tú me reconocerás" ella dijo, "por la rosa roja que llevaré en la solapa". Así que a las 7 John estaba en la estación buscándola. Dejaré que el señor X les diga lo que sucedió: "Una joven mujer vino hacia mi, su figura alta y esbelta. Su cabello rubio y rizado se encontraba detrás de sus delicadas orejas; sus ojos eran azules como flores. Sus labios y su mentón tenían una gentil firmeza y en su traje verde pálido era como la primavera en vida. Yo comencé a caminar hacia ella sin darme cuenta que no llevaba la rosa. Mientras me movía, una pequeña y provocativa sonrisa curvó sus labios: "¿Vas por mi vía, marinero?" Murmuró ella. Casi incontrolablemente di un paso hacia ella y entonces vi a Hollis Maynell. Estaba parada casi directamente detrás de la chica. Una mujer, ya pasada de sus 40, con cabello grisáceo bajo un sombrero gastado. Era más que regordeta, sus pies con gruesos tobillos descansaban en zapatos de suela baja. La chica en el traje verde se iba rápidamente. Sentí como si me partiera en dos: mi deseo tan agudo de seguirla, y a la vez tan profundo mi anhelo por la mujer cuyo espíritu me había acompañado y apoyado, Y ahí estaba ella. Su pálida y rolliza cara era gentil y sensible, Sus ojos grises tenían un brillo cálido y amigable. No vacilé. Mis dedos apretaron la pequeña y usada copia de cuero del libro que era para identificarme con ella. Esto no sería amor, pero sería algo preciado, algo quizá mejor que el amor, una amistad por la que había y debía estar siempre agradecido. Cuadré mis hombros, saludé y le ofrecí el libro a la mujer, aunque mientras hablaba me sentí ahogado por la amargura de mi decepción. Soy el Teniente John X, y usted debe ser la Srta. Maynell. Estoy muy contento que me pudiera conocer; ¿la puedo llevar a cenar? La cara de la mujer se ensanchó en una sonrisa tolerante. "No sé de qué se trata esto hijo" ella respondió, "pero la señorita en el traje verde que se acaba de ir me rogó que usara esta rosa en mi abrigo. Y ella dijo que si usted me invitaba a cenar yo le diría que lo está esperando en el restaurante de frente. Ella dijo que era una clase de prueba!" No es difícil de entender y admirar la sabiduría de la Srta. Maynell. La verdadera naturaleza de un corazón se ve en su respuesta a lo no atractivo. "Dime a quien amas" escribió Houssaye, "Y te diré quién eres".


Familias sin ismos

Publicado el 16 de Diciembre, 2005, 16:24. en El Custodio por la Paz.
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Son muchos los padres y madres que se lamentan de no haber disfrutado de sus hijos, por haber estado ocupados en otras cosas. Se arrepienten de no haber estado cuando dieron sus primeros pasos, dijeron las primeras palabras, o aprendieron a ir al baño solos.

Nadie quiere verse enfrentado a este tipo de remordimientos: quien construye una familia aspira a poder atenderla... y a disfrutar de ella! Tanto el padre como la madre desean compartir tiempo con sus hijos y con su pareja. Sin embargo, estos objetivos suelen entrar en conflicto con los compromisos, metas y presiones profesionales que tienen ambos. Hoy, tanto el hombre como la mujer desean realizarse profesionalmente, mejorar su nivel de vida y contribuir económicamente con su hogar.

En una situación de este tipo, uno de los mayores desafíos que enfrentan las personas es lograr el equilibrio entre su vida profesional y su vida personal y familiar.

Hay muchos factores que impiden vivir una vida equilibrada, pero uno de los más influyentes es el extremismo que suele dominar el pensamiento, los valores y las conductas de muchas personas. En el caso de la familia, el extremismo de género (machismo, o feminismo) es uno de los más perjudiciales.

Según la visión machista, las mujeres deben quedarse en su casa a criar los hijos y los hombres deben salir a trabajar. El feminismo, por su lado, afirma que la mujer debe dedicarse a su carrera y privilegiar su desarrollo (tal como lo haría un hombre) y que la maternidad impone un "impuesto" a su crecimiento profesional y personal. Bajo un pensamiento machista, un hombre que no trabaja y que se queda en su casa es "menos hombre" que aquel que sale a trabajar. De la misma manera, bajo un paradigma feminista la mujer que no trabaja y que se dedica exclusivamente a su casa y sus hijos es vista como "mediocre" o un "desperdicio".

Ante nuestros ojos circulan muchas imágenes culturales que afirman estos extremismos: se muestra la agotada mujer que intenta -infructuosamente- hacer malabares entre su trabajo y su familia, pero que carece de toda satisfacción personal; la "super-profesional" que obtiene todo lo que se propone en su carrera, pero que difícilmente ve a sus hijos despiertos durante la semana; el remordimiento y la culpa de la mujer que deja a sus hijos para ir a trabajar; o la frustración y vergüenza de aquella que abandona su profesión para criar a sus hijos.

Los extremismos ocasionan desequilibrios. Muchas parejas sacrifican la familia por el trabajo: piensan que un hijo no "cabe" en sus ajustados cronogramas laborales y que sería el fin de sus carreras. En estas parejas, la mujer no desea resignar los espacios profesionales conquistados. Muchas otras sacrifican su calidad de vida y la de sus hijos, en pos de formar una familia grande y unida. Así, deciden que la mujer se quedará todo el día en su casa y que vivirán con los ingresos del esposo, aunque no sean los óptimos. Detrás de estas decisiones, muchas veces se esconde una postura machista o feminista, que puede ser un valor arraigado en los miembros de la pareja, o una debilidad ante los estereotipos sociales. Sea como fuera, ni con una posición machista, ni con una feminista, se puede lograr el equilibrio necesario para obtener satisfacción en lo profesional y en lo personal.

Se necesita más flexibilidad de pensamiento y acción, porque cada familia tiene sus propias necesidades y posibilidades, como cada persona. Existen aquellas en las que ambos trabajan y se reparten el cuidado de los hijos y la atención de la casa. También existen las más "tradicionales" en las que el padre trabaja y la madre se ocupa de la familia y los quehaceres domésticos. Y también existen nuevos modelos de familia, como el de Hugo, Débora y su pequeño hijo...
Hugo y Débora siempre pensaron en cómo se alteraría su vida, el día que tuviesen un hijo. Ambos trabajaban a tiempo completo, ninguno quería abandonar su profesión y no tenían parientes que pudieran cuidar de un bebé.

Sin embargo, cuando se enteraron de que serían padres, comenzaron a hablar y a pensar en alternativas viables. Tras el nacimiento de su hijo, Débora tomó la licencia legal que le correspondía. Como debía regresar a la empresa para ocuparse de un importante proyecto, cuando el bebé cumplió tres meses ella lo dejó al ciudado de Hugo. Este solicitó un cambio temporal de tareas a sus empleadores, para poder quedarse en su casa y trabajar desde allí. Apenas Débora culminó su proyecto, solicitó una licencia sin goce de sueldo y Hugo regresó a su trabajo habitual.

Al año de edad del bebé, Débora retomó su trabajo y acomodó sus horarios de modo tal de reducir la semana laboral a cuatro días. Hugo también hizo lo propio, sumando algunas horas de lunes a jueves y dejando libre los viernes. Así, teniendo Débora libre los días lunes, sólo tendrían que dejar a su hijo al cuidado de una niñera durante tres días y ellos podrían ocuparse los restantes cuatro. Vivieron bajo este sistema durante casi un año, período durante el cual reunieron algunos ahorros para que Débora pudiese tomarse una nueva licencia durante seis meses, hasta que su hijo estuviera en edad de comenzar el jardín de infantes.

Si bien los reiterados cambios y ajustes en la familia de Hugo y Débora pueden parecernos complicados, el suyo es un ejemplo de planificación, flexibilidad y creatividad para lograr una vida equilibrada: ambos pudieron disfrutar de su hijo durante sus primeros años y -a la vez- atender sus carreras y mantener estable su nivel de ingresos.

Ante una situación como la de Hugo y Débora, dos adultos independientes que forman una familia pero no desean resignar sus carreras, muchas personas piensan "no puedo tenerlo todo". Entonces, adoptan una postura extremista de "renuncia" y "sacrificio": dejan el trabajo, o dejan la famila, lo cual les provoca un natural desequilibrio. Para evitar este desequilibrio entre la profesión y la familia, es necesario superar los extremismos. Sólo la apertura y la flexibilidad permiten construir nuevos modelos de familia, en los que ambos padres puedan disfrutar de sus hijos y atender sus aspiraciones personales.

Los niños merecen la compañía y el apoyo de su madre y de su padre. Si existen maneras de brindarles más tiempo y atención, no permitamos que un prejuicio o una "imagen" lo impida. A su vez, disfrutar de los hijos es una alegría para hombres y mujeres, que tampoco deberíamos sacrificar por una idea extrema. Finalmente, realizarse en lo personal es un derecho de ambos, que ningún pensamiento extremista debería cercenar.

Necesitamos reunir el suficiente coraje para dar la espalda a los prejuicios sociales, para superar el machismo -o el feminismo- individual y para elegir proactivamente aquello que redunde en una mejor calidad de vida personal, profesional y familiar. Para lograr el anhelado equilibrio, necesitamos construir familias... sin "ismos".

Lengua fuera

Publicado el 16 de Diciembre, 2005, 16:20. en Humor.
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- Mamá, mamá ¿a quién le está sacando la lengua mi papá?

- A los que lo ahorcaron, hijito. A los que lo ahorcaron.

Ralph Waldo Emerson

Publicado el 16 de Diciembre, 2005, 16:05. en Frases Célebres.
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"Los hombres grandes son aquellos que sienten que lo espiritual es más poderoso que cualquier fuerza material, y que son las ideas las que rigen el mundo."

Mi ángel guardián

Publicado el 16 de Diciembre, 2005, 15:59. en Suma Capacidades Diferentes.
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Había una vez una pequeña niña sentada en un parque. Todos pasaban por su lado y nunca nadie se detenía a preguntarle qué le pasaba. Vestida con un traje descolorido, zapatos rotos y sucios, la niña se quedaba sentada mirando a todo el mundo pasar. Ella nunca trató de hablar, y jamás dijo una palabra.

Al día siguiente decidí volver al parque a ver si la niña aún estaba ahí. Faltando pocos metros, la vi sentada en el mismo lugar en el que estaba ayer, con la misma mirada de tristeza en sus ojos.

Me dirijí hacía ella; al acercarme note que en su espalda había una joroba. Ella me miró, y su mirada me rompió el alma. Me senté a su lado y sonriendo le dije "hola".

La pequeña me miró sorprendida y con una voz muy baja respondió a mi saludo. Hablamos hasta que los últimos rayos de sol desaparecieron. Cuando nos quedamos sólos nosotros dos y teniendo a la luna como lumbrera le pregunté porqué estaba tan triste.

Ella me miró y con lágrimas en los ojos me dijo:
- Porque soy diferente.

Yo respondí con una sonrisa:
- Lo eres.

Y ella dijo aún más triste:
- Lo sé.

Entonces yo le contesté:
- Pequeña, ser diferente no es malo. Tu me recuerdas a un angel, dulce e inocente.

Ella me miró, sonrió y por primera vez sus ojos brillaron con la luz de la alegría.
Despacio ella se levantó y dijo:
- ¿Es cierto lo que acabas de decir?

- Sí, le respondí.. Eres como un pequeño ángel guardián enviado para proteger a todos los que caminan por aquí.

Ella movió su cabeza afirmativamente y sonrió.
Ante mis ojos algo maravilloso ocurrió. Su joroba se abrió y dos hermosas alas salieron de ahí. Ella me miró sonriente y dijo:

- Yo soy tu ángel guardián.

No sabía qué decir. Ella me dijo:
- Por primera vez pensaste en alquien más. Mi misión está cumplida.
Yo me levanté y pregunté porqué nadie le había ayudado.

Ella me miró y sonriendo dijo:
- Tú eres la única persona que podía verme.

Y ante mis ojos desapareció.


Nadie es el líder

Publicado el 16 de Diciembre, 2005, 15:44. en Efectividad.
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Por lo general, cuando existe una crisis -o un problema- en una organización, confiamos en que el líder la resuelva. Mientras, los demás... esperamos! Esperamos que el gerente de la compañía decida; que el presidente de la república se pronuncie; que el director técnico proponga una estrategia ganadora; etc... Al quedarnos sin hacer nada -pretendiendo que alguien más aporte la solución- nos comportamos como si el problema no fuera nuestro.

Esta actitud pasiva de las personas -que vemos en organizaciones, naciones y en todo grupo humano- surge debido a que la mayoría ve a quien ocupa una posición de autoridad y tiene el poder formal, como la única persona capaz de "liderar". Tal visión representa un paradigma personalista del liderazgo.

Esta manera de ver el liderazgo es sostenible en sistemas organizacionales basados en jerarquías rígidas, obediencia y un control verticalista. Es decir, en aquellos en los cuales quien está "arriba" ordena y quienes están "abajo" ejecutan. Pero los sistemas están cambiando...

Cada vez más organizaciones adoptan modelos de gestión abiertos y participativos, que brindan más espacios de decisión y acción a las personas. A cambio de esta libertad, las organizaciones esperan que sus miembros -de todos los niveles- asuman mayor compromiso y responsabilidad sobre su propio bienestar y contribuyan con el bienestar general de todos. En estos sistemas, no se puede continuar buscando un líder heroico -o mesiánico- que solucione los problemas y conduzca a la organización hacia el éxito. En estos sistemas, ya no se puede esperar! Es preciso actuar, para lo cual -primero- hay que modificar la manera de entender el liderazgo.

El liderazgo no surge de un elemento independiente (una persona), sino de la interacción entre diferentes elementos (diferentes personas). Liderar no es algo que los "líderes" hacen a los "seguidores", sino que es una relación que construyen entre ambos. Desde esta perspectiva, podemos ver que muchas organizaciones no tienen un problema de conducción como creen, sino uno de participación: las personas no asumen -porque no quieren, o porque no pueden- un rol más activo y comprometido. En estos casos, no se necesita un nuevo -o un mejor- "líder", sino una "comunidad de líderes".

Desde luego, pensar el liderazgo como una comunidad implica reconocer que la responsabilidad es compartida. Esto crea ansiedad e incomodidad en muchas personas. Creer que quien ocupa la cima, está en control de la situación y es el responsable último por lo que suceda, genera una sensación tranquilizadora y gratificante. La mayoría siente alivio al no tener que resolver cuestiones complicadas, o tomar decisiones difíciles. Pero, si bien esto quita a las personas una gran carga, a la vez aumenta su dependencia. Justamente, esta dependencia se manifiesta en la búsqueda de un líder visionario y salvador. Dicha búsqueda es un mecanismo de defensa, ante un vacío de liderazgo que -en realidad- es sistémico y que no puede llenarse si se mantiene un paradigma personalista.

Sostener el paradigma personalista del liderazgo es tanto responsabilidad de los "seguidores" como de los "líderes": así como los primeros se ubican en una posición de comodidad, los segundos tienden a remarcar sus espacios de poder y a ejercer su autoridad de forma tal, que limitan a las personas al rol de pasivos y obedientes seguidores. Modificar este paradigma requerirá de un cambio de mentalidad tanto en los "líderes", como en los "seguidores".

El liderazgo es una capacidad organizacional y una creación colectiva, más que un atributo individual. Esta nueva manera de ver el liderazgo no exime de responsabilidades a los líderes formales, sino que les enfrenta a una responsabilidad diferente: su trabajo ya no es dirigir seguidores, sino construir líderes. Es decir, desarrollar en las personas la propia capacidad de liderazgo, para que puedan asumir un rol cada vez más activo, a partir de un incremento de sus competencias y una extensión de sus espacios de influencia.

En un poema, Jorge Luis Borges decía: "Nadie es la Patria... pero todos lo somos". Así como una nación es el resultado de aquello que hacen todas las personas que en ella habitan, una organización es producto de la acción -y la decisión- de todos sus miembros. Nadie es el líder... todos lo somos!

Leamos estos versos de Borges, pensando en nuestras organizaciones:

"La patria, amigos, es un acto perpetuo
Como el perpetuo mundo.
Nadie es la patria, pero todos debemos
Ser dignos del antiguo juramento
Que prestaron aquellos caballeros ...
Somos el porvenir de aquellos muertos ...
Nuestro deber es la gloriosa carga
Que a nuestra sombra legan esas sombras
Que debemos salvar.
Nadie es la patria, pero todos lo somos
."


- Oda escrita en 1966 -


Impuestos

Publicado el 16 de Diciembre, 2005, 15:34. en Humor.
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David, que acaba de morir, está parado frente a las puertas del cielo.
San Pedro le dice que no puede entrar asi nomás al paraíso, ya que David, en vida, evadió impuestos.

La única manera en la cual David puede entrar al paraíso sería si el acepta dormir con una mujer espantosa y estúpida durante los próximos cinco años, y disfrutarlo.

David decide que es un precio barato por una eternidad en el paraíso.
Entonces se junta con una mujer espantosa y estúpida, fingiendo que es felíz.

Mientras va con el esperpento, David ve a su amigo Marcos caminando adelante, con una mujer incluso más horrible. David le pregunta de que se trata.

Marcos responde: "Evadí mis impuestos y estafé al Estado por un montón de plata".

Cuando se dan cuenta que los dos están en la misma, deciden pasarlo juntos, como una manera de disminuir la carga.

David, Marcos y sus dos horribles compañeras siguen caminando, pensando en sus destinos, cuando repentinamente ven a alguien que parece ser un viejo amigo, Leonardo, que viene hacia ellos.

El tipo viene con una mujer despampanante, una supermodelo: es una "chica de tapa". La mujer más fabulosa que jamás hayan visto.

Impactados, David y Marcos se acercan al tipo y descubren que, efectivamente, es el viejo Leonardo.
Le preguntan cómo hizo para enganchar semejante diosa, mientras ellos andan con semejantes bichazos.

Leonardo responde: No tengo idea, pero, definitivamente, no me quejo. Es sin duda el mejor momento de mi vida, y he tenido cinco años del mejor sexo que un hombre puede tener.

Hay una sola cosa que no entiendo: cada vez que terminamos de hacer el amor, ella me da la espalda y murmura: ¡¡Malditos Impuestos!!


Nos desarrollamos... para ser felices

Publicado el 16 de Diciembre, 2005, 15:30. en Debate.
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Vemos que el sol se mueve a través del cielo todos los días. A pesar que nuestros sentidos registran ese movimiento, nuestra mente sabe que no se está moviendo y que la tierra está rotando sobre su propio eje (y nosotros junto con ella), a miles de kilómetros por hora. Sabemos, en realidad, que somos nosotros quienes nos movemos y que el movimiento del sol es una ilusión.

Es muy fácil caer en la trampa de una ilusión. Todos sabemos -por ejemplo- que el dinero no compra el amor, o la felicidad. Sin embargo, muchas personas viven la ilusión de mejorar su calidad de vida, contar con más tiempo para ellas, o alcanzar la felicidad, a través del dinero. Incluso usted, más de una vez habrá pensado: "El dinero no hace la felicidad... pero cómo ayuda!". Aunque sintamos que el dinero trae felicidad... esa sensación es una ilusión.

Comprender una ilusión no es tan sencillo. Un niño pequeño no puede hacerlo. Se necesita conocimiento y haber alcanzado un cierto grado de desarrollo personal.

Más opciones... ¿más libertad?

Publicado el 16 de Diciembre, 2005, 15:18. en El Custodio por la Paz.
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Si algo caracteriza esta época, es la disponibilidad de opciones que tenemos: la tecnología, el mercado, la educación y la ciencia nos permiten acceder a muchas más opciones que las que tenían nuestros padres, o nuestros abuelos.

Vemos esta abundancia de opciones como una ventaja, ya que nos hace posible satisfacer más deseos y más necesidades y -a la vez- visualizar nuevas posibilidades de satisfacción. Por ejemplo, si vamos al cine y podemos elegir entre diez películas, es más probable que encontremos una acorde a nuestros gustos -o al ánimo de ese día-, que si sólo exhibiesen dos.

La posibilidad de elección es algo maravilloso, lo sabe cualquier persona que se mudó de una gran ciudad a una pequeña, o viceversa. Una vida sin opciones sería intolerable. Pero, ¿qué sucede cuándo "mucho" se convierte en "demasiado"?

Tener muchas opciones, puede dificultarnos tomar una decisión. La abundancia de opciones nos impone tres "costos" a la hora de tomar una decisión: costo de tiempo, costo de oportunidad y costo psicológico. Veamos cada uno más de cerca:
Costo de tiempo: el tiempo es un bien limitado. Por lo tanto, mientras más tiempo pasamos decidiendo, menos tiempo nos resta para otras actividades. Ciertamente, hoy pasamos mucho más tiempo decidiendo: si antes hacíamos las compras en el mercado en quince minutos, posiblemente hoy estemos allí más de una hora, eligiendo entre diferentes precios, marcas y envases. Esta mayor inversión de tiempo en elegir hace que tener mayores opciones, nos genere más presiones de tiempo. Entonces, sentimos más ansiedad y estrés al momento de elegir y culpa por no cumplir con otros compromisos. Como resultado, no disfrutamos del proceso de elección. Además, la presión de "apurarnos" puede llevarnos a elegir mal.

La abundancia de opciones también impone un costo sobre nuestro tiempo, porque aumenta la cantidad de información que necesitamos para decidir. ¿Cómo llegamos a conocer las especificaciones de siete modelos de autos, muy parecidos entre sí? Más de una vez quisiéramos contratar a un experto que elija por nosotros! Aunque acudir a ellos tampoco es la solución, porque nos encontramos con una nueva sobrecarga de opciones: por doquier abundan especialistas en productos, que analizan comparativamente las opciones de compra y dan consejos a los consumidores.

Costo de oportunidad: a medida que se vuelve más complejo el proceso de decisión, recurrimos a reglas más simples como "mecanismo de defensa": elegimos lo más barato, o lo más conocido. Y -si se nos dificulta mucho el proceso de decisión- hacemos lo posible para evitarlo, postergándolo o ignorándolo. Además, como la amplitud de posibilidades potencia el riesgo al error (al cual somos adversos por naturaleza), para no equivocarnos solemos quedarnos donde estamos, sin hacer ningún cambio. Como consecuencia, muchas veces perdemos la oportunidad de mejorar una situación, u obtener un beneficio.

Costo psicológico:
todos detestamos los problemas, pero más aún si nos sentimos personalmente responsables por ellos. Cuando pensamos que pudimos haberlos evitado, de haber tomado otra decisión, nos sentimos muy mal. La abundancia de opciones, aumenta esta sensación y nos hace sentir más inseguros y confundidos. Imaginemos que compramos una prenda y ésta destiñe (arruinando otras prendas en la máquina lavadora), seguramente nos lamentaremos por haber elegido mal. Un gran número de opciones, puede conducirnos a experimentar emociones negativas como el arrepentimiento, la culpa, el remordimiento, etc...

Otro costo psicológico es la pérdida del interés en la decisión. Frente a muchas opciones, hay veces en que -ni siquiera- encontramos sentido a tomar una decisión: ¿para qué elegir -pensamos- si seguramente mañana habrá más y mejores opciones?

Finalmente, la abundancia de opciones aumenta nuestras expectativas respecto de algo y -con eso- las posibilidades de insatisfacción. A todos nos ha sucedido: buscamos algo que nos guste en la TV, entre más de cien canales de cable... y no encontramos nada!
Estos costos hacen que -muchas veces- terminemos siendo "prisioneros" de la abundancia de opciones. Cuando esto sucede, la cantidad y variedad de opciones se convierte en un problema y no en una solución, ya que implican más esfuerzo de nuestra parte para tomar una decisión. Por lo tanto, una mayor disponibilidad de opciones no conduce -necesariamente- a una mayor libertad.

Como consumidores, continuamente nos aconsejan comprar productos personalizados, buscar lo nuevo, aspirar a lo mejor, exigir calidad, etc... Todas estas recomendaciones son válidas, pero en su justa medida. Por eso, deberíamos considerar las consecuencias de tomarnos el trabajo de buscar, comparar y evaluar todas las opciones disponibles. En ocasiones, es saludable bajar un poco nuestras expectativas, parámetros de satisfacción e impulso de comparación.

Cuando clarifiquemos la importancia de las decisiones que tenemos por delante; los valores a los que daremos prioridad para tomarlas; y las metas que nos ayudarán a cumplir cada una de esas decisiones, no seremos más "prisioneros" de las opciones, sino dueños de una verdadera libertad.

Los ojos del amor

Publicado el 16 de Diciembre, 2005, 15:10. en Alexa.
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Cuando el amor o la traición forman parte de una historia es muy raro encontrar alguien que no quiera escucharla. Un dato interesante. Quizás el misionero que me precedió sabía bien esta ley y por ello pude encontrar varias historias escritas con letra descuidada sobre algunos trozos de papel.

La formación del primogénito del emperador era vastísima a pesar de su corta edad. No tenía nada de extraño, pues el instructor querido por su padre era el nombre más sabio e inteligente del imperio; un anciano al que todos respetaban (¡incluida la familia imperial!).
Todo el mundo conocía la curiosidad del pequeño emperador. Cuando ignoraba algo no había límite capaz de detenerle y era capaz de cualquier cosa para lograr sus objetivos. Un día el instructor leyó en voz alta una poesía de amor, decía así en uno de sus versos: "el amor se lee en la mirada"...
Cuando comenzó a atardecer el pequeño príncipe puso sobre sus hombros una capa raída, se descalzó y, burlando la guardia, comenzó a vagar por las calles de la ciudad vestido de mendigo. Buscaba dos enamorados para leer el amor en sus miradas. Poco tiempo después estaba de vuelta al palacio.
- ¡Los he visto! -dijo entusiasmado a su instructor.- ¡He visto dos verdaderos enamorados!

- Ah, ¿sí? -dijo el paciente instructor- Y ¿cómo los has reconocido?

- ¡Por la mirada... como tú me dijiste! ¡Se miraban intensamente a los ojos!

El instructor soltó una carcajada mientras volvía a ponerle la capa sobre los hombros y le acompañaba hasta la puerta ante la admiración de los soldados.

- Vuelve a la ciudad -dijo- y busca bien. Sabrás que están enamorados... si miran juntos en la misma dirección.

"No importa si el camino es largo o difícil, sólo importa a donde lleva."