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28 de Noviembre, 2005
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Publicado el 28 de Noviembre, 2005, 13:07.
en General.
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Un millonario promueve una fiesta en una de sus mansiones y, en determinado momento, pide que la música pare y dice, mirando hacia la piscina donde cría cocodrilos australianos:
- Al que salte a la piscina, consiga atravesarla y salir vivo del otro lado ganará todos mis automóviles. ¿Algún voluntario?.
Espantados, los invitados permanecen en silencio y el millonario insiste:
- Al que salte a la piscina, consiga atravesarla y salir vivo del otro lado ganará todos mis automóviles y mis aviones. ¿Algún voluntario?.
El silencio impera y una vez más el ofrece:
- Al que salte a la piscina, consiga atravesarla y salir vivo del otro lado ganará todos mis automóviles, mis aviones y mis mansiones... En ese momento alguien salta a la piscina. ¡La escena es impresionante!. Una lucha intensa, el valiente se defiende como puede, les sujeta la boca a dos cocodrilos con los pies y las manos, tuerce la cola de los reptiles. Increíble. Mucha violencia y emoción. Parece una película de Cocodrilo Dundee.
Después de unos minutos de terror y pánico, sale el valiente hombre lleno de rasguños, hematomas y casi desnudo.
El millonario se le acerca para felicitarlo y le pregunta: - ¿Dónde quiere que le entregue los automóviles? - Gracias pero no quiero sus autos.
Sorprendido el millonario pregunta: - ¿Y los aviones, dónde quiere que se los mande? - Gracias, no quiero sus aviones...
Extrañado por la reacción del hombre, el millonario le pregunta: - ¿Y las mansiones? - Tengo una casa hermosa, no necesito las suyas. Se puede quedar con ellas. No quiero nada que sea suyo.
Impresionado el millonario le pregunta: -¿Pero si usted no quiere nada de lo que ofrecí, que es lo que quiere?
El hombre muy irritado responde: - ¡ENCONTRAR AL DESGRACIADO QUE ME EMPUJÓ AL AGUA!
MORALEJA Somos capaces de hacer cosas que a veces nosotros mismos no creemos que conseguiríamos, y a veces para lograrlo necesitamos de un pequeño empujoncito.
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Publicado el 28 de Noviembre, 2005, 13:04.
en Debate.
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Existe una gran diferencia entre utilizar nuestro tiempo (hacer algo con él) y hacer lo que queremos hacer. Si consideraras todas tus actividades... ¿qué cantidad de ellas, entraría en esta última categoría? Haciendo este simple ejercicio, podrías medir la satisfacción que sientes con la vida que llevas, mediante el porcentaje de tiempo que utilizas en hacer lo que realmente quieres hacer.
Cuando preguntamos a los empresarios que trabajan 90 horas a la semana, si están haciendo lo que quieren, nos dicen muy convencidos ¡Sí, por supuesto! Pero si les preguntamos si están satisfechos, eso es otra historia...
¿Y qué pasa con la mayoría de las personas? ¿Están satisfechas? No estoy hablando de tener siempre dispuesta una sonrisa para aparentar optimismo, o felicidad, sino de esos momentos maravillosos, donde sientes que "el tiempo es tuyo", que estás haciendo lo que quieres. Esos momentos, cuando tu mente y tu cuerpo lanzan un enorme suspiro... y después sonríes. ¿Tienes tiempo para esos momentos? ¿Lo tienes?
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Publicado el 28 de Noviembre, 2005, 12:48.
en Efectividad.
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Etiquetas: Tiempo, flecha, rueda, progreso, evolucion, involucion
"¡Cómo pasa el tiempo!", decimos habitualmente. Esta popular afirmación surge de nuestra visión del tiempo como algo que se mueve, pero... ¿qué forma tiene ese "algo" y cómo se mueve?
En nuestra cultura occidental, solemos ver el tiempo como una flecha: avanza irreversiblemente en línea recta, desde el pasado hacia el futuro. La mayoría de nosotros pensamos que la experiencia del hombre tiene un comienzo (su nacimiento), una duración (su vida) y un final (su muerte).
Pero esta no es la única manera de ver el tiempo. De hecho, la noción del tiempo como algo que va en una única dirección irreversible, es relativamente reciente en la historia y fue introducida por la tradición judeo-cristiana, marcada por las tesis de una creación inicial y un final de los tiempos.
En las culturas más antiguas, en cambio, predominaba una concepción circular del tiempo: éste era visto como una rueda que daba vueltas, una y otra vez. Incluso hoy en día, muchos pueblos del planeta creen que el tiempo es cíclico, que sigue esquemas repetitivos y reversibles. La visión del tiempo como una rueda, surgió de la observación de diferentes fenómenos naturales que tienen un carácter cíclico: las mareas, la salida y la puesta del sol, las fases de la luna y las estaciones.
Muchas personas ven la existencia temporal del hombre como un eterno "volver a empezar". Para ellas, el mundo se re-crea periódicamente. En esta visión, el tiempo no es unidireccional, sino multidireccional. El hinduismo -por ejemplo- adhiere a esta concepción en su creencia en la reencarnación: cada vida es considerada un estadio en una serie de nacimientos y renacimientos continuos.
Más allá de la adhesión que estos paradigmas puedan generar, lo cierto es que -en nuestra percepción del tiempo- conviven la flecha y la rueda: a veces sentimos el tiempo como algo que avanza... pero también hay veces que sentimos que se repite.
La flecha...
Sentimos el tiempo fluir -inexorablemente- del pasado al futuro, pasando por el presente. Ordenamos nuestros eventos en "ayer", "hoy" y "mañana". Utilizamos instrumentos como el reloj y el calendario para medir el avance el tiempo. Percibimos que hay cosas que quedaron atrás y otras que están por delante. Vemos también que el tiempo avanza en un sentido determinado: hoy somos más viejos que ayer, no más jóvenes. La visión de flecha también se comprueba cuando percibimos el tiempo como algo irreversible. Los acontecimientos nos parecen únicos: los seres queridos que murieron ya no están con nosotros; sentimos que no podemos reparar los errores de ayer, ni aprovechar las oportunidades que dejamos pasar; etc...
Muchas veces, soñamos fútilmente con volver atrás, con comenzar de nuevo, pero sentimos que -aunque volviésemos al pasado- nosotros ya no seríamos los mismos.
La rueda...
A su vez, percibimos cierta circularidad: advertimos repeticiones, ciclos y regresos. Experimentamos ciclos en nuestros cuerpos (la repetición de los latidos del corazón, o de los ciclos reproductivos, por ejemplo); sentimos que vuelven gustos y necesidades que creíamos que nunca más tendríamos; ante algunas noticias, sentimos que "la historia se repite"; frecuentemente, experimentamos momentos que creemos ya haber vivido (los típicos dèjá vu); miramos nuestro reloj y vemos que -una y otra vez- se repite el mismo ciclo de minutos y horas; etc...
La flecha y la rueda
Aparentemente, nuestra experiencia del tiempo es ambigua: a veces lo vemos como una flecha, otras como una rueda. En la vida de cualquier ser humano, en todos los niveles imaginables, existen repeticiones invariables, así como acontecimientos aislados, sucesivos y únicos. Nuestro concepto del tiempo implica una mezcla de aquello que es recurrente y de aquello que no lo es: hay declinación, pero también hay rejuvenecimiento; hay cosas que no vuelven y otras que sí; existen fenómenos que evolucionan y otros que involucionan; etc...
Ver el tiempo como una flecha, nos permite confiar y sostener ideas esenciales, como la de progreso, mejora, superación y evolución. También nos permite creer que tenemos el poder de elegir una alternativa y obtener un resultado concreto (que no "todo da igual") y que "vamos hacia alguna parte". De alguna manera, la visión del tiempo como una flecha nos da una sensación de control sobre nuestras circunstancias.
Por su parte, ver el tiempo como una rueda nos permite tomar conciencia de los límites de nuestro control y de nuestras posibilidades sobre el mundo. Nos da la humildad necesaria para acercarnos a la naturaleza y respetar su desenvolvimiento. Nos enseña que la historia no es siempre progreso y evolución, sino que hay en ella muchas crisis que ocasionan regresiones, contradicciones y desórdenes que nos impiden avanzar como deseamos. Pero -sobre todo- nos da la necesaria esperanza de que -siempre- tenemos una segunda oportunidad...
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Publicado el 28 de Noviembre, 2005, 12:31.
en La Banda del Perjuicio.
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| Hace mucho tiempo existía un enorme árbol de manzanas. Un pequeño niño lo amaba mucho y todos los días jugaba alrededor de el. Trepaba al árbol hasta el tope, comia sus manzanas y tomaba una siesta bajo su sombra. El amaba al árbol, el árbol amaba al niño.
Paso el tiempo y el pequeño niño creció y el nunca más volvió a jugar alrededor del enorme del arbol. Un día el muchacho regreso al árbol y escucho que el árbol le dijo triste: ¿Vienes a jugar conmigo? pero el muchacho contesto "ya no soy el niño de antes que jugaba alrededor de enormes arboles. Lo que ahora quiero son juguetes y necesito dinero para comprarlos".
Lo siento dijo el árbol, pero no tengo dinero...Te sugiero que tomes todas mis manzanas y las vendas. De esta manera tu obtendrás el dinero para tus juguetes.
El muchacho se sintió muy feliz. Tomo todas las manzanas y obtuvo el dinero y el árbol volvió a ser feliz. Pero el muchacho nunca volvió después de obtener el dinero y el árbol volvió a estar triste....
Tiempo despues, el muchacho regreso y el árbol se puso feliz y le pegunto: ¿Vienes a jugar conmigo? No tengo tiempo para jugar. Debo de trabajar para mi familia. Necesito una casa para compartir con mi esposa e hijos. ¿Puedes ayudarme?
Lo siento pero no tengo una casa, pero.. tú puedes cortar mis ramas y construir tu casa. El joven corto todas las ramas del árbol y esto hizo feliz nuevamente al árbol.
El joven nunca más volvió desde esa vez y el árbol volvió a estar triste y solitario.
Cierto día de un cálido verano, el hombre regreso y el árbol estaba encantado, ¿Vienes a jugar Conmigo? le pregunto el árbol. El hombre le contesto: Estoy triste y volviéndome viejo. Quiero un bote para navegar y descansar. ¿Puedes darme uno?.
El árbol contesto: "usa mi tronco para que puedas construir uno y así puedas navegar y ser feliz". El hombre corto el tronco y construyo su bote. Luego se fue a navegar por un largo tiempo.
Finalmente regreso después de muchos años y el árbol le dijo: "Lo siento mucho, pero ya no tengo nada que darte ni siquiera manzanas". El hombre le replico: "No tengo dientes para morder, ni fuerza para escalar... Por que ahora estoy viejo". Entonces el árbol con lágrimas en los ojos le dijo: "Realmente no puedo darte nada... la única cosa que me queda son mis raíces muertas". Y el hombre contesto "Yo no necesito mucho ahora, sólo un lugar para descansar. Estoy tan cansado después de tantos años".
"Bueno, las viejas raíces de un árbol, son el mejor lugar para recostarse y descansar. Ven siéntate conmigo y descansa". El hombre se sentó junto al árbol y éste feliz y contento sonrió con lagrimas...
Esta puede ser la historia de cada uno de nosotros. El árbol son nuestros padres. Cuando somos niños, los amamos y jugamos con papá y mamá... cuando crecemos los dejamos... sólo regresamos a ellos cuando los necesitamos o estamos en problemas... No importa lo que sea, ellos siempre están allí para darnos todo lo que puedan y hacernos felices.
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Publicado el 28 de Noviembre, 2005, 12:05.
en General.
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| El hombre estaba tras el mostrador, mirando la calle distraídamente.
Una niñita se aproximó al negocio y apretó la naricita contra el vidrio de la vitrina. Los ojos de color del cielo brillaban cuando vio un determinado objeto. Entró en el negocio y pidió para ver el collar de turquesa azul.
-"Es para mi hermana. ¿Puede hacer un paquete bien bonito?". -dijo ella.
El dueño del negocio miró desconfiado a la niñita y le preguntó:
-¿Cuánto dinero tienes?
Sin dudar, sacó del bolsillo de su ropa un pañuelo todo atadito y fue deshaciendo los nudos. Los colocó sobre el mostrador y dijo feliz:
- "¿Esto alcanza?".
Eran apenas algunas monedas las que exhibía orgullosa.
-"¿Sabe?, quiero dar este regalo a mi hermana mayor. Desde que murió nuestra madre, ella cuida de nosotros y no tiene tiempo para ella. Es su cumpleaños y estoy segura que quedará feliz con el collar que es del color de sus ojos"
El hombre fue para la trastienda, colocó el collar en un estuche, envolvió con un vistoso papel rojo e hizo un trabajado lazo con una cinta verde.
-"Tome, dijo a la niña. Llévelo con cuidado".
Ella salió feliz, corriendo y saltando calle abajo. Aún no acababa el día, cuando una linda joven entró en el negocio. Colocó sobre el mostrador el ya conocido envoltorio deshecho e indagó:
-"¿Este collar fue comprado aquí? "¿Cuánto costó?
- "Ah!", - habló el dueño del negocio. "El precio de cualquier producto de mi tienda es siempre un asunto confidencial entre el vendedor y el cliente".
La joven exclamó:
-"Pero mi hermana tenía solamente algunas monedas. El collar es verdadero, ¿no? Ella no tendría dinero para pagarlo".
El hombre tomó el estuche, rehizo el envoltorio con extremo cariño, colocó la cinta y lo devolvió a la joven y le dijo:
- "Ella pagó el precio más alto que cualquier persona puede pagar: ELLA DIO TODO LO QUE TENÍA".
El silencio llenó la pequeña tienda y dos lágrimas rodaron por la faz emocionada de la joven en cuanto sus manos tomaban el pequeño envoltorio.
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