Harmadillo: El Abrazo.

"Tantos siglos de civilización y no aprendimos a abrazarnos". Amado Nervo.

"Palabras Zen"

Publicado el 27 de Agosto, 2005, 13:39. en General.
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Un rey que deseaba poseer un poderoso gallo de pelea pidió a uno de sus súbditos que le adiestrara uno.
El súbdito enseñó al gallo las técnicas del combate. Al cabo de diez días preguntó el rey:
-¿Podemos organizar una pelea con ese gallo?
El instructor contestó:
-¡No! ¡No! ¡No! Es fuerte, pero su fuerza está vacía. Está excitado y su fuerza es efímera.
Diez días después, el rey volvió a preguntar:
-¿Podemos ya organizar esa pelea?
-¡No! ¡No! Todavía no. Sigue mostrándose pasional y siempre dispuesto a pelear: Cuando oye el canto de otro gallo, incluso el de una aldea cercana, monta en cólera.
Transcurridos diez días más de adiestramiento, el rey preguntó una vez más:
-¿Es posible ahora?
Y contestó el instructor:
-Ahora ya no se apasiona. Si oye o ve a otro gallo, permanece tranquilo. Su actitud es la exacta, y su vitalidad sigue siendo poderosa. Ya no monta en cólera. La energía y la fuerza no se manifiestan en la superficie.
-Entonces, ¿está preparado para una pelea?- siguió el rey.
Y el instructor contestó:
-Podría ser.
Se trajeron numerosos gallos de pelea y se organizó un torneo. Pero los gallos de pelea no podían acercarse a aquel gallo. Huían de él espantados. Así pues, no hubo necesidad de combate alguno. El gallo de pelea se había convertido en un gallo de buena pasta. Había sobrepasado el entrenamiento en técnicas de lucha. Poseía interiormente una tremenda energía que no se exteriorizaba.
El poderío le era ya algo propio, y los otros no podían sino inclinarse ante su tranquila confianza y su verdadera fuerza oculta.