Harmadillo: El Abrazo.

"Tantos siglos de civilización y no aprendimos a abrazarnos". Amado Nervo.

Agosto del 2005


La Locura y el Amor

Publicado el 27 de Agosto, 2005, 13:55. en Alexa.
Comentar | Referencias (0)

Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la Tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres. Cuando el Aburrimiento había bostezado por tercera vez, la Locura, como siempre tan loca, les propuso: ¿Jugamos a las escondidas?

La Intriga levantó la ceja intrigada, y la curiosidad, sin poder contenerse, preguntó: ¿A las escondidas? ¿Cómo es eso?

Es un juego, explicó la Locura, en que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón. Mientras tanto ustedes se esconden y cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes que yo encuentre ocupará entonces mi lugar para continuar así el juego.

El Entusiasmo bailó secundado de la Euforia, la Alegría dio tantos saltos que terminó por convencer a la Duda, e incluso a la Apatía, a la que nunca le interesaba nada. Pero no todos quisieron participar, la Verdad prefirió no esconderse, ¿para qué?, si al final siempre la hallaban.

La Soberbia opinó que era un juego muy tonto (en el fondo lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido de ella) y la Cobardía prefirió no arriesgarse.

Uno, dos, tres … comenzó a contar la Locura. La primera en esconderse fue la Pereza, que como siempre se dejó caer tras la primera piedra del camino.

La Fe subió al cielo y la Envidia se escondió tras la sombra del Triunfo, que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto.

La Generosidad casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos: que si un lago cristalino, ideal para la Belleza; que si el vuelo de la mariposa, lo mejor para la Voluptuosidad; que si una rendija de un árbol, ideal para la Timidez; que si la ráfaga del viento, magnífico para la Libertad. Así que terminó por ocultarse en un rayito de sol.

El Egoísmo encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, cómodo…pero sólo para El.

La Mentira se escondió en el fondo de los Océanos, mientras la realidad se escondió detrás del arco iris y la Pasión y el Deseo dentro de los Volcanes.

El Olvido… se me olvidó donde se escondió, pero eso no es lo importante. Cuando la Locura contaba 999,999, el Amor no había encontrado sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado, hasta que divisó un rosal y enternecido decidió esconderse entre sus flores.

Un millón... contó la Locura y comenzó a buscar.

La primera en aparecer fue la Pereza, a tres pasos de una piedra.

Después se escuchó a la Fe discutiendo con Dios en el cielo sobre la Teología;y a la Pasión y el Deseo los sintió en el vibrar de los volcanes. En un descuido encontró a la Envidia y, claro, pudo deducir dónde estaba el Triunfo.

Al Egoísmo no tuvo ni qué buscarlo, solito salió disparado de su escondite, que había resultado ser un nido de avispas. De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió a la Belleza, y con la Duda resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada en una cerca sin decidir de qué lado esconderse.

Así fue encontrando a todos. Al Talento entre la hierba fresca, a la Angustia en una oscura cueva, a la Mentira detrás del arco iris… (mentira!, si ella estaba en el fondo del Océano) y hasta el Olvido, que ya había olvidado que estaban jugando a las escondidas.

Pero…el Amor no aparecía por ningún sitio.

La Locura buscó detrás de cada árbol, en cada arroyuelo del planeta, en la cima de las montañas... y cuando estaba por darse por vencida divisó un rosal y las rosas.

Tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas, cuando de pronto un doloroso grito se escuchó: las espinas habían herido los ojos del Amor. La Locura no sabía qué hacer para disculparse. Lloró, imploró, pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo.

Desde entonces; desde que por primera vez se jugó a las escondidas en la Tierra, eL AMOR es ciego y la LOCURA siempre lo acompaña.


Un asesor de empresas que enseña cómo llenar un recipiente

Publicado el 27 de Agosto, 2005, 13:50. en Efectividad.
Comentar | Referencias (0)

Un relato sobre cuáles deben ser nuestras prioridades en la vida

Un experto asesor de empresas en Gestión del Tiempo quiso sorprender a los asistentes a su conferencia. Sacó de debajo del escritorio un frasco grande de boca ancha. Lo colocó sobre la mesa, junto a una bandeja con piedras del tamaño de un puño y preguntó:

-"¿Cuántas piedras piensan que cabe en el frasco?"

Después que los asistentes hicieran sus conjeturas, empezó a meter piedras hasta que llenó el frasco. Luego preguntó:

-"¿Está lleno?".

Todo el mundo lo miró y asintió. Entonces sacó de debajo de la mesa un cubo con gramilla. Metió parte de la gramilla en el frasco y lo agitó. Las piedrecillas penetraron por los espacios que dejaban las piedras grandes.

El experto sonrió con ironía y repitió:

-"¿Está lleno?".

Esta vez los oyentes dudaron:

- "Tal vez no".

-"¡Bien!", dijo.

Y puso en la mesa un cubo con arena que comenzó a volcar en el frasco. La arena se filtraba en los pequeños recovecos que dejaban las piedras y la grava.

- "¿Está lleno?", preguntó de nuevo.

- "¡No!", exclamaron los asistentes.

- "Bien", dijo.

Y cogió una jarra de agua de un litro que comenzó a verter en el frasco. El frasco aún no rebosaba.

- "Bueno, ¿qué hemos demostrado?", preguntó.

Un alumno respondió:

- "Que no importa lo llena que esté tu agenda, si lo intentas, siempre puedes hacer que quepan más cosas."

- "No", concluyó el experto: "Lo que esta lección nos enseña es que si no colocas las piedras grandes primero, nunca podrías colocarlas después".

¿Cuáles son las grandes piedras en tu vida? DIOS, las personas amadas, tus hijos, tus amigos, tus sueños. Recuerda, pon las grandes primero. El resto, encontrará su lugar.

"Palabras Zen"

Publicado el 27 de Agosto, 2005, 13:39. en General.
Comentar | Referencias (0)

Un rey que deseaba poseer un poderoso gallo de pelea pidió a uno de sus súbditos que le adiestrara uno.
El súbdito enseñó al gallo las técnicas del combate. Al cabo de diez días preguntó el rey:
-¿Podemos organizar una pelea con ese gallo?
El instructor contestó:
-¡No! ¡No! ¡No! Es fuerte, pero su fuerza está vacía. Está excitado y su fuerza es efímera.
Diez días después, el rey volvió a preguntar:
-¿Podemos ya organizar esa pelea?
-¡No! ¡No! Todavía no. Sigue mostrándose pasional y siempre dispuesto a pelear: Cuando oye el canto de otro gallo, incluso el de una aldea cercana, monta en cólera.
Transcurridos diez días más de adiestramiento, el rey preguntó una vez más:
-¿Es posible ahora?
Y contestó el instructor:
-Ahora ya no se apasiona. Si oye o ve a otro gallo, permanece tranquilo. Su actitud es la exacta, y su vitalidad sigue siendo poderosa. Ya no monta en cólera. La energía y la fuerza no se manifiestan en la superficie.
-Entonces, ¿está preparado para una pelea?- siguió el rey.
Y el instructor contestó:
-Podría ser.
Se trajeron numerosos gallos de pelea y se organizó un torneo. Pero los gallos de pelea no podían acercarse a aquel gallo. Huían de él espantados. Así pues, no hubo necesidad de combate alguno. El gallo de pelea se había convertido en un gallo de buena pasta. Había sobrepasado el entrenamiento en técnicas de lucha. Poseía interiormente una tremenda energía que no se exteriorizaba.
El poderío le era ya algo propio, y los otros no podían sino inclinarse ante su tranquila confianza y su verdadera fuerza oculta.

De Demián

Publicado el 27 de Agosto, 2005, 13:31. en Alexa.
Comentar | Referencias (0)

 Y me contó la historia de un muchacho enamorado de una estrella. Adoraba a su estrella junto al mar, tendia sus brazos hacia ella, soñaba con ella y le dirigia todos sus pensamientos. Pero sabía o creía saber, que una estrella no podría ser abrazada por un ser humano. Creía que su destino era amar a una estrella sin esperanza; y sobre esta idea construyó todo un poema vital de renuncia y de sufrimiento silencioso y fiel que habría de purificarle y perfeccionarle. Todos sus sueños se concentraban en la estrella. Una noche estaba de nuevo junto al mar, sobre un acantilado, contemplando la estrella y ardiendo de amor hacia ella. En el momento de mayor pasión dió unos pasos hacia adelante y se lanzó al vacío, a su encuentro. Pero en el instante de tirarse pensó que era imposible y cayó a la playa destrozado. No había sabido amar. Si en el momento de lanzarse hubiera tenido la fuerza de creer firmemente en la realizacion de su amor, hubiese volado hacia arriba a reunirse con su estrella.

Alto ejecutivo

Publicado el 27 de Agosto, 2005, 12:59. en Efectividad.
Comentar | Referencias (0)

Cuentan que un gerente muy importante de una conocida multinacional informática tuvo una crisis cardíaca por culpa del trabajo. Fue dado de baja y enviado al campo con el objetivo de recuperar las fuerzas y relajarse un poco.

Después de pasar dos días sin hacer nada, el hombre estaba ya harto de la vida bucólica y pastoril, y se aburría soberanamente. Así que decidió hablar con el granjero que le hospedaba y solicitarle alguna tarea sencillita para pasar el rato y ocupar el tiempo, a la vez que así hacía algo de ejercicio.

Al día siguiente se levantaron temprano, antes de que saliera el sol. El granjero, conocedor de la idiosincrasia de la gente de ciudad, y temiendo algún estropicio irreparable, resolvió asignarle tareas simples en las que no pudiera causar daño alguno (incluyéndole a él mismo).

- La tarea es muy sencilla -dijo el granjero dándole una pala-, sólo tiene que recoger el estiércol que hay en el chiquero de los cerdos y repartirlo por el sembrado para abonarlo. Cuando termine venga a verme.

El granjero era propietario de más de doscientos cerdos, y el estiércol se acumulaba hasta la altura de la rodilla. Así que el hombre estimó que la faena le llevaría al gerente dos o tres días.

Cuál no fue su sorpresa, cuando al cabo de tres horas apareció el gerente, lleno de estiércol hasta las orejas, sonriente y con cara satisfecha.

- Ya he terminado.

Viendo que en efecto la tarea estaba terminada, y además con eficiencia, el granjero decidió asignarle otra.

- Bien. Hay que sacrificar unos pollos que mañana vienen a recoger los de la carnicería. Basta con cortarles la cabeza -dijo dándole un enorme cuchillo-. Es un poco más complicado, pero seguro que puede hacerlo.

Había más de mil quinientos pollos para sacrificar, y supuso que el gerente no terminaría hasta bien entrada la noche. Incluso pensó en ayudarle más adelante cuando terminara de recoger la siembra.

Apenas habían pasado un par de horas cuando el gerente se presento ante él, con toda la ropa y la cara manchada de sangre, el cuchillo mellado, y sonriente como un niño el día de los Reyes Magos.

- Ya he terminado.

El granjero no salía de su asombro. ¡Increíble! Él mismo, acostumbrado a la dura vida rural, no lo hubiera hecho mejor: los mil quinientos pollos estaban amontonados en un lado, y las mil quinientas cabezas en otro lado.

El hombre se rascó la cabeza pensativo. Llevó al gerente junto a un gran montón de papas y le dijo:

- Muy bien. Ahora hay que separar las papas. Las grandes a la derecha y las pequeñas a la izquierda.

Pensó el hombre que en menos de una hora vería otra vez al gerente pidiéndole más trabajo. Pero no fue así. Pasó la hora de comer, la hora de cenar, se hizo de noche, y el gerente no aparecía.

Creyendo que algo le habría sucedido, el asustado granjero fue donde había dejado al gerente, y se lo encontró sentado delante del mismo montón de papas, sin que hubiera separado ninguna.

- ¿Le pasa algo? -preguntó extrañado.

El gerente se volvió con una papa en la mano y le contestó:

- Mire: repartir estiércol y cortar cabezas es algo que no me resulta difícil. Pero, ¡esto de tomar decisiones...!


En el confesionario

Publicado el 27 de Agosto, 2005, 12:55. en Humor.
Comentar | Referencias (0)

Un joven acróbata se está confesando:

- Bueno hijo, y ¿en qué trabajas?

- Soy acróbata, en un circo.

- ¿Qué es eso? A ver, hazme una demostración...

El joven, se marca unos ejercicios por encima de los bancos y un par de saltos mortales con doble tirabuzón. Entonces, dos señoras que esperaban su turno de confesión, se miran azoradas y una le dice a la otra:

- Vaya, si lo llegamos a saber nos venimos vestidas deportivamente para las penitencias de hoy...

Obsesivamente sanos

Publicado el 27 de Agosto, 2005, 12:43. en Efectividad.
Comentar | Referencias (0)

Solemos asociar el cuidado de nuestra salud con comer sano y con hacer ejercicio. Estos son dos hábitos muy recomendados por los especialistas y sus resultados positivos son fácilmente comprobables. Pero si no tenemos cuidado, estos hábitos tan saludables podrían transformarse en algo negativo. Aunque sea muy difícil de imaginarlo, podemos volvernos obsesivamente sanos.

Comer sano para vivir... o vivir para comer sano?


A los conocidos trastornos alimentarios como la bulimia y la anorexia, se ha incorporado un tercero llamado ortorexia que se define como la "obsesión por comer sano". Cuando la alimentación saludable se convierte en un mandato compulsivo, constituye una alteración patológica del comportamiento alimentario. Quienes padecen esta condición, excluyen de su dieta los alimentos con componentes artificiales, las carnes y todas las comidas que contienen grasas. Sólo consumen alimentos de cierto tipo, considerados beneficiosos: orgánicos, vegetales, sin colorantes, crudos, etc...

Esta obsesión puede llevar a alguien a preferir pasar hambre (auto-infligiéndose ayunos), antes que ingerir alimentos que estén fuera de su rigurosa dieta. Las personas con ortorexia no comen en restaurantes, en casa de otras personas, o en cualquier otra circunstancia en la que no puedan controlar la procedencia -o a la forma de preparación- de las comidas. Cuando, por alguna razón, ingieren algún alimento que está fuera de su dieta, les embarga un sentimiento de culpa que traducen en forzadas abstinencias. Estos ayunos son una forma de castigar la "debilidad" de haber quebrantado su disciplina.

La auto-exigencia con las comidas hace que una persona pase gran parte del día pensando en aquello que va a comer y se preocupe más por la calidad de los alimentos que por el placer de comerlos. Ello se convierte en un círculo vicioso, en el que cada vez se invierte más tiempo en planificar las comidas y se excluyen más alimentos del régimen. Finalmente, se vive pensando en la comida. Es así que la expresión "vivir para comer" cobra con la ortorexia un nuevo significado: ya no significa únicamente comer mucho, sino obsesionarse con la alimentación.

La ortorexia conduce a una carencia de nutrientes resultante de una dieta desequilibrada y prolongados ayunos, que con el tiempo desemboca en enfermedades como la anemia, el déficit vitamínico y la fatiga. Una de las características de quienes padecen esta obsesión, es que se sienten más virtuosos que otras personas, porque piensan que someterse a una estricta disciplina es una señal de dominio personal. A nivel emocional, provoca aislamiento (producto de la rigidez de los hábitos y de la creencia de superioridad ya mencionada). Otra consecuencia emocional es la irritabilidad y la insatisfacción, como consecuencia de la pérdida del placer en la alimentación.

Dos de las principales características de las personas con ortorexia, es la tendencia a hacer dietas permanentemente y la falta de claridad en la información sobre aquello que es bueno comer y aquello que es malo. Ambos factores contribuyen a confundir una conducta saludable... en obsesiva.

Competencia sin ganador

La adicción al ejercicio, denominada vigorexia, se evidencia cuando una persona realiza deportes en forma continua, poniendo a prueba su cuerpo sin importar las consecuencias. Las personas con vigorexia realizan ejercicio "si o si": No consideran las condiciones climáticas, el agotamiento físico, si están de vacaciones, o si tienen otro compromiso. Entrenan intensamente sin un objetivo claro, sólo porque... no pueden dejar de hacerlo!

En las personas vigoréxicas, la imposibilidad de salir a correr un día -o faltar al gimnasio- crea cuadros de irritabilidad, insomnio y depresión. La supresión de la actividad física genera un síndrome de abstinencia similar al de la adicción a las drogas.

La vigorexia es un desorden emocional que (al igual que la anorexia y la bulimia) obsesiona a una persona con una imagen, que nunca puede alcanzar. Por más entrenamiento que realice (o musculatura que desarrolle) siempre se verá débil, desmejorada y carente de atractivo físico. A las consecuencias emocionales, se le suman alteraciones nutricionales y metabólicas, deformaciones óseas y problemas articulares por el excesivo esfuerzo.

En la medida justa

Lo más grave respecto a la ortorexia y la vigorexia, es que las personas no las reconocen como un problema, porque las asocian a una vida "saludable". Incluso, muchas piensan que es mejor ser adicto a hábitos saludables que a hábitos no-saludables. Esto es erróneo: toda forma de adicción (sea al cigarillo, o a las frutas) es perjudicial, porque conduce a un desequilibrio psico-físico.

Otra señal de preocupación, es que estos hábitos extremos transforman una motivación positiva (cuidar la salud y tener una mejor calidad de vida) en algo negativo: la pérdida de control sobre las acciones.

Ambas enfermedades nos llevan a reflexionar sobre la confusión entre medios y fines: la alimentación y el deporte deben ser un medio para lograr una mejor calidad de vida, no un fin en sí mismos. Para evitar ser obsesivamente sanos, debemos comprender que nuestra salud es algo integral y que -para cuidarla- necesitamos cuidar todos sus aspectos de manera muy equilibrada.

Preguntas... para mejorar

Publicado el 27 de Agosto, 2005, 12:31. en Debate.
Comentar | Referencias (0)

Para mejorar cualquier aspecto negativo de nuestra vida, que hayamos mantenido durante mucho tiempo, debemos comenzar por examinarnos nosotros mismos... pues no hay cambio posible sin responsabilidad. Es frecuente que confundamos la responsabilidad con la culpa. Así, cuando alguien nos pregunta "¿eres tú el responsable de esto?", tendemos a pensar que hay algún problema. Sin embargo, la responsabilidad no es lo mismo que la culpa: es la capacidad de responder ante determinada situación.

Cuando nos encontremos atrapados en cualquier situación conflictiva (que se repite a lo largo de nuestra vida) hemos de comenzar por hacernos la siguiente pregunta: "¿Qué estoy haciendo yo -en verdad- para que esta situación se siga manteniendo?"
"La amistad es siempre una dulce responsabilidad;
nunca una oportunidad."

- Kahlil Gibran -