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"Tantos siglos de civilización y no aprendimos a abrazarnos". Amado Nervo.

Diseñar una comunidad

Publicado el 8 de Julio, 2005, 18:50. en El Custodio por la Paz.
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Aunque el impulso de un líder, o la necesidad de resolver un problema urgente, puedan inspirar a una comunidad, no pueden -por sí solos- darle vida.

Las comunidades son organizaciones voluntarias, no se pueden "dictar" o imponer. Su éxito depende de su propia habilidad para generar el entusiasmo, significado y valor suficiente como para atraer y comprometer a las personas. Ciertamente, no podemos diseñar una comunidad como diseñamos una organización tradicional.

Las comunidades necesitan alimentar las interacciones que las mantienen vivas. Por ejemplo, un parque invita más a su uso si ofrece caminos amplios y buena sombra, lugares para sentarse cómodamente, mesas para comer, una vista agradable y accesos seguros. De la misma manera, una comunidad propicia más la participación si posibilita que las personas se sientan cómodas dentro de ella.

El diseño de una comunidad requiere utilizar principios diferentes de aquellos utilizados para diseñar organizaciones que se centran en las estructuras, los sistemas y los roles para alcanzar metas relativamente fijas. Incluso en aquellas organizaciones que están diseñadas para ser flexibles y responder a su ambiente, la evolución, la dinámica y la vitalidad no son objetivos primarios. Para las comunidades, sin embargo, estos tres elementos son esenciales. La meta -al diseñar una comunidad- debe ser posibilitar su evolución (capitalizando la dirección, el carácter y la energía de sus miembros); mantener su dinámica y alimentar su vitalidad.

Pero...¿cómo se diseña algo que es, por definición, espontáneo, natural y auto-dirigido? Hemos identificado cinco roles fundamentales:

Catalizar la evolución natural: el diseño debe impulsar -naturalmente- la transformación de la comunidad. Las comunidades se desarrollan a partir de redes personales previas. Por tal motivo, el propósito del diseño no es imponer una estructura, sino optimizar las conexiones ya existentes. La naturalidad de las relaciones es clave para la evolución de la comunidad.

Las comunidades vivas rediseñan -permanentemente- elementos propios que puedan catalizar su desarrollo. Así como las estructuras físicas -como los caminos y la urbanización- pueden precipitar el desarrollo de una ciudad, las estructuras sociales y organizacionales, como la existencia de un coordinador o el establecimiento de reuniones regulares, pueden precipitar la evolución de una comunidad. Decidir qué elementos son los más apropiados depende del estado de desarrollo de la comunidad, de su entorno, de la cohesión de sus miembros y del conocimiento compartido.

Abrir el diálogo dentro y fuera de la comunidad:
un buen diseño debe permitir el descubrimiento de los valores de la comunidad y basarse en la experiencia compartida de sus miembros. Sólo alguien que participa de la comunidad puede conocer los problemas nucleares, los desafíos que enfrenta, las relaciones clave y el potencial de las ideas emergentes.

Pero también se requiere una visión externa que aporte otras posibilidades. Desde el interior muchas veces cuesta ver la manera de mejorar las redes existentes, potenciar las capacidades o incorporar cambios. Las comunidades efectivas dialogan también con quienes no forman parte de ella. Como resultado de este diálogo, las personas pueden actuar efectivamente como agentes de cambio desde adentro.

Propiciar diferentes niveles de participación:
creemos, erróneamente, que todos los miembros deben participar de a misma manera. Esta expectativa no es realista porque las personas tienen diferentes intereses en la comunidad. Consideremos la variedad de actividades que podemos encontrar en una ciudad en un día cualquiera: las personas caminan, compran, van al trabajo, toman un café, esperan un taxi, etc... Una comunidad tiene un "paisaje" muy similar. Las personas están en ella por diferentes razones.

La clave de una buena participación y un saludable "movimiento" es diseñar actividades que satisfagan a todos. En lugar de forzar la participación, las comunidades exitosas crean diferentes espacios, para motivar a las personas a participar desde su propio interés. Para lograr una participación más activa, estos diferentes espacios deben generar un "fuego" en el centro, que haga que las personas quieran "acercarse a su calor".

Desarrollar espacios públicos y privados: al igual que en un vecindario, en una comunidad las conexiones ocurren en los espacios privados y en los públicos. La mayoría de las comunidades cuenta con eventos públicos y privados, en los cuales las personas se reúnen para intercambiar información, resolver un problema o explorar nuevas ideas. Estos eventos son abiertos a todos los miembros. A través de esos eventos las personas experimentan -de manera tangible- que son parte de una comunidad y conocen a quiénes más participan de ella.

Sin embargo, las comunidades son mucho más que un calendario de eventos. El corazón de una comunidad son las relaciones entre sus miembros. Un error común de muchas comunidades es centrarse en los eventos públicos, descuidando los espacios privados y los "canales informales". Toda comunicación (llamada telefónica, mensaje de correo electrónico, conversación, etc...), por pequeña que parezca, fortalece las relaciones dentro de la comunidad.

Las dimensiones pública y privada de una comunidad están interrelacionadas. Cuando las relaciones privadas son fuertes, los eventos públicos resultan mucho más ricos. Y viceversa... De hecho, los buenos eventos públicos permiten que las personas se conozcan y relacionen privadamente también. Mientras más conexionesse produzcan, públicas y privadas, más éxito tendrá la comunidad.

Combinar familiaridad y expectativa:
muchas comunidades suelen ser definidas como una familia. Cuando la comunidad madura, generalmente establece un patrón regular de reuniones, tareas y proyectos. La familiaridad de estas actividades crea un nivel de confort que invita a participar: la comunidad se vuelve el lugar donde las personas tienen libertad y se sienten cómodas.

La familiaridad de las actividades es un factor de éxito, pero si no se combina con un sostenido nivel de expectativa y sorpresa, no se genera entusiasmo ni se renueva el compromiso. Las actividades rutinarias proveen la estabilidad para construir relaciones, mientras que las novedades proveen la sensación de aventura y desafío que sostiene la participación.
Nuestras vidas tienen un ritmo: nos levantamos, desayunamos, trabajamos, leemos y contestamos nuestra correspondencia, respondemos llamadas, participamos de reuniones, etc... Las comunidades también tienen un ritmo particular, el cual es creado por los ritmos únicos de cada persona al trabajar sinérgicamente con las demás.

Cuando este rimo es constante, la comunidad tiene vida y movimiento. Pero si el ritmo es demasiado rápido, la comunidad se asfixia: sus miembros dejan de participar porque se sienten abrumados. De la misma manera, si el rimo es demasiado lento, la comunidad se paraliza y apaga.

El ritmo de una comunidad es el mejor indicador de la efectividad de su diseño. Pero no existe un ritmo "correcto", sino que evoluciona junto con la comunidad. Encontrar el ritmo particular de cada etapa de evolución es clave para el desarrollo de una comunidad efectiva.